Según sus propios mensajes, Syngenta y Bayer no quieren reemplazar sus agroquímicos por bioinsumos, sino venderlos en el mismo paquete. Con adquisiciones, alianzas con empresas de biología sintética y nuevas plantas de fermentación, las dos gigantes construyen una plataforma híbrida donde el microbio complementa a la molécula. El gran obstáculo ya no es descubrir la cepa, sino lograr que llegue viva al campo y funcione igual en todos lados.

Durante décadas, el negocio de las grandes agroquímicas fue simple: descubrir una molécula, patentarla y venderla a escala mundial. Hoy Syngenta y Bayer están armando otro modelo, uno donde los bioinsumos (bioestimulantes, biocontroladores y productos que mejoran el uso de nutrientes) se venden junto a los químicos, las semillas y las herramientas digitales.

Por qué las gigantes miran a los biológicos

Tres presiones empujan el cambio:

  • Se les acaban las moléculas. En mayo de 2018, los países de la UE respaldaron la prohibición del uso al aire libre de tres neonicotinoides por su impacto en las abejas: imidacloprid y clotianidina, de Bayer, y tiametoxam, de Syngenta. Según AgriBusiness Global, esta familia de insecticidas llegó a representar más de 25% del mercado mundial de insecticidas, y el escrutinio creciente amenaza con extender restricciones a otras regiones.
  • Las plagas se adaptan. Cuando Syngenta compró Valagro, explicó que los biológicos ayudan a manejar la resistencia, mejorar la salud del suelo, reducir residuos y responder a la demanda de los consumidores.
  • El mercado pide menos residuos. Sellos como el francés “Zéro Résidu de Pesticides”, ya presente en las principales cadenas de Francia, empujan a los productores a reducir lo que queda en la fruta al momento de la cosecha.

Las estimaciones del propio sector, según AgbioInvestor y Syngenta, indican que el mercado de biológicos superará los US$20.000 millones hacia 2030, con un crecimiento cercano a 10% anual.

Syngenta: comprar, integrar y fabricar

El punto de partida fue la compra de Valagro en 2020, pionera italiana en bioestimulantes con ingresos aproximados de US$175 millones en 2019. En ese momento, el jefe global de biológicos de Syngenta reconoció que la compañía estaba “en su infancia” en el segmento y que el negocio propio era pequeño.

Desde entonces, la estrategia se aceleró:

  • Intrinsyx Bio (diciembre de 2024): startup californiana de eficiencia en el uso de nutrientes, autora del tratamiento de semillas biológico NUELLO iN.
  • Colección de Novartis (2025): un repositorio de cepas y compuestos naturales para uso agrícola, con su equipo científico y una planta piloto de fermentación en Basilea, arrendada por Syngenta.
  • Alianzas: con Provivi, para feromonas contra plagas en Asia, y con Ginkgo Bioworks.
  • Fábrica en Orangeburg, Carolina del Sur (2025): 22.000 metros cuadrados y capacidad para producir 16.000 toneladas anuales de bioestimulantes, pensada para abastecer a Norteamérica y Latinoamérica.

Syngenta reúne los tratamientos de semillas (Seedcare) y los biológicos en una misma unidad de negocio. Según la compañía, varios productos de su cartera en desarrollo podrían superar los US$100 millones de ventas anuales, y su director global de la unidad afirma que Syngenta “se está posicionando como líder” en biológicos, una aspiración de la empresa que no encontré medida en una comparación independiente de ventas.

Bayer: la vía de las alianzas

Bayer tomó un camino distinto. En 2017 creó con Ginkgo Bioworks, mediante su brazo de inversión Leaps by Bayer, la empresa Joyn Bio, dedicada a microbios que fijan nitrógeno. En 2022 dio un giro: vendió a Ginkgo su centro de investigación de biológicos en West Sacramento, por unos US$83 millones según el acuerdo, y pasó a trabajar con Ginkgo como socio estratégico. Conservó el derecho de comercializar la tecnología de fijación de nitrógeno “para complementar” el uso de fertilizantes sintéticos. La alianza se extendió en octubre de 2025.

En febrero de 2023 sumó a Kimitec, empresa española independiente cuyo centro MAAVi, en Almería, usa su plataforma de inteligencia artificial LINNA para descubrir moléculas naturales. Bayer aporta sus ensayos de campo, su conocimiento de mercado y su portafolio, y presenta el modelo como innovación abierta mediante alianzas.

La tercera pieza es M2i Group, empresa francesa de feromonas. En enero de 2023, Bayer se convirtió en su distribuidor exclusivo en Europa y algunos países africanos. En julio de 2025, el acuerdo se amplió a Asia-Pacífico, Latinoamérica y Estados Unidos. Bayer integra esas feromonas a un sistema que combina monitoreo digital de plagas y otros productos sintéticos y biológicos adaptados a cada productor.

La plataforma híbrida: la química no desaparece

El mensaje de ambas es que el biológico se suma, no sustituye. Syngenta describe sus nuevos productos como un “complemento sostenible” de la protección de cultivos convencional. Bayer habla de biológicos dentro de un sistema integrado de manejo respaldado por sus rasgos genéticos, sus productos de protección y sus herramientas digitales. La tercera gran corporación del sector, Corteva, siguió la misma lógica al comprar Stoller (US$1.220 millones) y Symborg (US$370 millones) en 2023.

Para el productor, el “paquete híbrido” significa que el biocontrolador o el bioestimulante llegará ofrecido junto a la semilla y al fitosanitario de siempre, con el respaldo de una gran marca.

El desafío: que el microbio llegue vivo y funcione igual

Aquí está el cuello de botella. A diferencia de una molécula sintética, estable en el anaquel durante años, un producto con microorganismos vivos es sensible a la temperatura, la humedad, el pH, el oxígeno y la radiación ultravioleta, y su viabilidad decae con el tiempo. Revisiones científicas de 2026 describen una calidad y una eficacia a menudo inconsistentes.

Michael Miille, jefe de biología agrícola de Ginkgo, resumió la meta para los microbios fijadores de nitrógeno en cereales: recubrimientos de semilla con una vida útil de dos o incluso tres años, y no de dos meses, como prometen algunas ofertas actuales. Producir a escala exige además fermentación industrial, formulaciones que protejan al microorganismo y una cadena de distribución que lo mantenga estable, razones por las que las plantas como la de Orangeburg pesan tanto en esta carrera.

Hay una barrera más: según un análisis de agosto de 2026 que cita encuestas de CropLife, desde 2023 la falta de confianza es el principal obstáculo para que los agricultores adopten biológicos. Lo que necesitan ver es que funcionan de manera consistente en su campo.

Latinoamérica, el mercado donde se juega buena parte del partido

La región es una de las apuestas visibles de las gigantes: la planta de Orangeburg de Syngenta apunta a atender la demanda de Norteamérica y Latinoamérica, y el acuerdo ampliado de Bayer con M2i incluye a Latinoamérica. En Brasil, según CropLife Brasil, el mercado de biológicos superó los R$6.200 millones en 2025, con un alza de 15%, y la superficie tratada llegó a 194 millones de hectáreas (el dato cuenta las aplicaciones repetidas sobre un mismo terreno).

Lo que se viene

La transición del modelo químico al híbrido recién empieza. Las gigantes ya se aseguraron, comprando o asociándose, el acceso a cepas, algoritmos y capacidad de fermentación. Falta demostrar que un producto vivo puede competir con la previsibilidad de una molécula sintética. Quien lo logre a escala tendrá el control de la próxima generación de insumos agrícolas.

Fuentes: Syngenta, Bayer, Ginkgo Bioworks (PR Newswire), Kimitec/MAAVi, M2i Group, AgriBusiness Global, Fertilizer Daily, Sustainability Online, Feed & Grain, Fruitnet, AgFunderNews, Global Agriculture, PMC/NCBI, AgroLatam, SEC (Corteva), CropLife Brasil.

por Juan Lagos