En agricultura, cada decisión cuenta, pero hay una que muchos productores pasan por alto: el pH del suelo. Si usted no sabe cuál es, está cultivando a ciegas. Este indicador, que representa el potencial de hidrógeno, es algo más que un número; es el factor que determina qué nutrientes estarán disponibles —o bloqueados— para sus cultivos. En pocas palabras, es la llave que abre o cierra la puerta de absorción en la raíz.
Qué es el pH del suelo y por qué es fundamental medirlo
El pH mide la acidez o alcalinidad del suelo en una escala de 0 (muy ácido) a 14 (muy alcalino), siendo 7 el punto neutro. Este valor define cómo se comportan los nutrientes dentro del perfil del suelo y, en consecuencia, influye directamente en el crecimiento y desarrollo de las plantas.
En Chile, esta variabilidad es muy marcada:
- Suelos del sur: suelen presentar pH más bajos (ácidos), lo que limita la disponibilidad de Fósforo y otros nutrientes esenciales.
- Suelos del centro y norte: tienden a ser más alcalinos, lo que inmoviliza micronutrientes como Hierro o Zinc.
Uno de los mitos más comunes en el campo es: “Fertilizo mucho, pero mi planta no crece”. Esto ocurre porque, si el pH es incorrecto, hasta el 80% del fertilizante aplicado puede quedar inutilizado.
El rango ideal para los principales cultivos
La mayoría de los cultivos en Chile —cereales, hortalizas y frutales— prefieren un rango entre 5.5 y 7.0, donde la disponibilidad de nutrientes es más eficiente. Sin embargo, cada especie tiene su propia tolerancia:
- Cultivos que prefieren acidez (pH 4.5–5.5): arándanos, papas.
- Cultivos tolerantes (pH 6.0–7.0): maíz, trigo, hortalizas de hoja y la mayoría de los frutales.
Conocer esta información permite planificar una fertilización más precisa y evitar pérdidas económicas asociadas a bloqueos nutricionales.
La corrección estratégica: una inversión que rinde
Ajustar el pH es una práctica agronómica que tiene impacto a largo plazo. De hecho, es la base de una fertilización correcta y del uso eficiente de los recursos.
Las dos correcciones más comunes son:
- Para aumentar el pH (neutralizar acidez): se aplica cal agrícola o dolomita, un manejo especialmente necesario en los suelos ácidos del sur.
- Para disminuir el pH (aumentar acidez): se utiliza azufre elemental, muy útil en suelos alcalinos que presentan síntomas de clorosis.
Una corrección mal dosificada puede causar problemas mayores, por eso la clave está en aplicar solo lo que el suelo realmente necesita.
La recomendación para los agricultores
Antes de utilizar cualquier corrector, es fundamental realizar un análisis de suelo profesional. Este informe no solo entrega el pH, sino también la dosis precisa de cal, dolomita o azufre que se debe aplicar.
La medición del pH es la base de toda decisión agronómica inteligente. Conocerlo y ajustarlo correctamente puede ser la diferencia entre una temporada exitosa y un ciclo productivo lleno de problemas nutricionales y pérdidas económicas.
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