La pregunta circula hace años en redes sociales, canales de YouTube y programas de opinión: que un grupo de “millonarios sionistas” estaría comprando en secreto grandes extensiones de tierra en el sur de Chile y Argentina para instalar un “segundo Israel”. Revisamos qué hay detrás de esta versión, de dónde viene, y qué dicen los hechos verificables sobre la propiedad extranjera de tierras en la Patagonia.
El origen del rumor: una teoría de los años 60
La versión de un plan para instalar un Estado judío en la Patagonia no es nueva: se remonta a la teoría conocida como “Plan Andinia”, surgida en la década de 1960, que planteaba la posible creación de un miniestado hebreo en el sur de Argentina mediante la compra masiva de tierras por parte de magnates israelíes, con el objetivo final de una eventual independencia territorial. Esa teoría reaparece cíclicamente en internet cada vez que se conoce una nueva compra de tierras por parte de algún empresario extranjero en la zona, o cada vez que se profundiza algún acuerdo diplomático entre un gobierno de la región e Israel.
Qué dicen los verificadores de hechos
El sitio argentino Chequeado, uno de los principales verificadores de información del país, desmintió específicamente una de las versiones más difundidas de este rumor: la que aseguraba que el Gobierno argentino había vendido tierras en la Patagonia para que la comunidad judía “construya un segundo Israel”, supuestamente como forma de pago de la deuda con el FMI y el Banco Mundial. Según constató Chequeado, la noticia era falsa: circulaba desde 2013, reciclada en distintos momentos, y en ninguno de los casos existió una venta de tierras de esa naturaleza vinculada a organismos internacionales.
Lo que sí es real: extranjeros comprando tierras en la Patagonia
Independientemente del rumor específico sobre Israel, la compra de grandes extensiones de tierra en la Patagonia por parte de multimillonarios extranjeros —de distintas nacionalidades— es un fenómeno real y documentado desde hace décadas, que genera legítima preocupación en ambos países por el control de recursos estratégicos como el agua dulce. El caso más citado en los análisis sobre este tema es el del empresario británico Joe Lewis, dueño de la sexta fortuna más grande de Inglaterra, quien controla desde 1996 un predio de entre 11.000 y 13.000 hectáreas en la provincia de Río Negro, Argentina —que incluye el disputado Lago Escondido— a solo cinco kilómetros de la frontera con Chile. Lewis no es israelí ni actúa, según la información disponible, en representación de ningún Estado: es un empresario dedicado a la especulación cambiaria, dueño de más de 175 compañías, entre ellas cadenas de restaurantes y el club de fútbol inglés Tottenham Hotspur.
El vínculo real entre Argentina e Israel
Lo que sí es un hecho verificable es el estrecho vínculo diplomático que el gobierno argentino construyó con Israel en los últimos años, con varias visitas de Estado entre ambos países, reforzando la alineación de Argentina con Israel en distintos frentes internacionales.
La diferencia entre un vínculo diplomático y una “colonización”
Aquí está el punto donde conviene separar los hechos verificados de la interpretación conspirativa: un vínculo diplomático más estrecho entre dos gobiernos, o la compra de tierras por parte de empresarios puntuales de distintas nacionalidades, no equivale a una compra masiva y coordinada de tierras patagónicas por parte del Estado de Israel o de “millonarios sionistas” organizados, como plantea la versión que circula en redes. No existe, hasta ahora, evidencia periodística verificada de un plan de esa naturaleza y esa escala; sí existe, en cambio, un rumor de seis décadas de antigüedad que resurge cíclicamente cada vez que se conoce algún hecho puntual —una visita de Estado, la compra de tierras por parte de un empresario extranjero— que alimenta esa narrativa sin confirmarla.
Por qué importa distinguir bien esto
Más allá del debate específico sobre Israel, la concentración de tierras patagónicas en manos de un número reducido de propietarios extranjeros —sean estos de origen británico, estadounidense, israelí o de cualquier otro país— sí es un tema legítimo de política pública en Chile y Argentina, vinculado al control de recursos hídricos y a la soberanía territorial de zonas fronterizas y de baja densidad poblacional. Ese es el terreno donde vale la pena poner el foco periodístico, en lugar de una narrativa que, según la evidencia disponible, tiene más de teoría conspirativa recurrente que de hecho verificado.
por José Rios
