Nació en plena crisis de 2001 con el aporte de 23 productores, construyó un instituto de investigación junto al Estado, convirtió un gen de girasol en el primer trigo transgénico tolerante a la sequía aprobado en el mundo y llegó a cotizar en Nasdaq. Hoy, la empresa de Rosario pelea por su continuidad. Esta es su historia completa.

Pocas historias del agro latinoamericano condensan tanto como la de Bioceres. Tiene todos los ingredientes de una épica empresarial: productores visionarios, ciencia pública, alianzas internacionales, una tecnología pionera en el mundo y la llegada a Wall Street. Pero también tiene el capítulo que nadie quiere escribir, el de las deudas, los tribunales y la lucha por sobrevivir.

Productores con microscopio en plena crisis

La historia comienza en diciembre de 2001, mientras Argentina atravesaba una de las peores crisis de su historia. En ese contexto, 23 productores agropecuarios pusieron 600 pesos cada uno y fundaron Bioceres. El directorio original lo presidía Gustavo Grobocopatel, con Rogelio Fogante como vicepresidente e integrantes como Víctor Trucco y Hugo Ghio.

No eran productores cualquiera. El grupo impulsado por Víctor Trucco venía de Aapresid, la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa. Habían visto de cerca la revolución de la soya transgénica: en 1996 se sembró por primera vez la soya RR en el país, con una cosecha de 11 millones de toneladas en 6,6 millones de hectáreas, y cinco años después la producción ya llegaba a 30 millones de toneladas sobre 12 millones de hectáreas. Estaban convencidos de que el futuro de la agricultura dependía de la biotecnología.

La apuesta por la ciencia pública

Desde el inicio, Bioceres entendió que no podía hacer ciencia sola y buscó al sistema científico público. De ese vínculo nació su activo más valioso: en 2004, el CONICET y la Universidad Nacional del Litoral patentaron una construcción genética que incluía el gen Hahb-4 del girasol y la licenciaron a Bioceres. El equipo científico detrás del hallazgo fue liderado por la investigadora Raquel Chan.

La empresa también levantó su propio centro de investigación, el INDEAR, su instituto de agrobiotecnología en Rosario. El proyecto necesitaba mucho capital, y ahí apareció Hugo Sigman, del Grupo Insud, que aportó buena parte del dinero faltante y sumó inversores extranjeros para que Bioceres pudiera quedarse con la totalidad del instituto.

El INDEAR fue inaugurado en 2010 y su creación fue el punto de partida del complejo donde hoy funciona el Centro Científico Tecnológico del CONICET en Rosario. Para entonces, Federico Trucco, hijo de Víctor, ya lideraba el instituto, y en 2011 asumió como CEO de la compañía.

Crecer asociándose y comprando

Bioceres construyó su expansión a punta de alianzas. Formó sociedades con actores como Florimond Desprez, De Sangosse y Arcadia Biosciences, además de colaboraciones con Dow AgroSciences y Syngenta, entre otras. Con la francesa Florimond Desprez creó Trigall Genetics, la sociedad que desarrolló el trigo HB4.

El gran salto llegó en octubre de 2016, con la compra del control de Rizobacter, a la que la propia empresa describe como líder mundial en productos biológicos y pionera en inoculantes líquidos. Según Bioceres, en los cinco años siguientes a la integración los ingresos de Rizobacter casi se triplicaron y su EBITDA se multiplicó cerca de cuatro veces.

El salto a Wall Street

En marzo de 2019, Bioceres se fusionó con Union Acquisition Corp., una sociedad de adquisición de propósito especial que cambió su nombre a Bioceres Crop Solutions. Así, sus acciones comenzaron a cotizar en la NYSE American. En 2021 dio el paso a Nasdaq, en un momento de euforia en que incluso se hablaba de ella como el próximo unicornio argentino.

En 2022 anunció la fusión con la estadounidense Marrone Bio Innovations, especialista en productos biológicos, en una transacción valorizada en unos US$236 millones al momento del anuncio, en marzo de ese año. La operación se cerró en julio, y la empresa pasó a llamarse ProFarm como filial de Bioceres.

HB4, la tecnología que conquistó a los reguladores

Mientras crecía en el negocio, Bioceres libraba una larga batalla regulatoria con el HB4. La soya HB4 fue aprobada en Argentina en 2015, aunque su comercialización quedó sujeta a la autorización de China, que llegó en abril de 2022.

El trigo fue todavía más histórico. En octubre de 2020, Argentina se convirtió en el primer país del mundo en aprobar el trigo HB4. Según la empresa, en diez años de ensayos las variedades HB4 aumentaron en promedio 20% los rendimientos en temporadas afectadas por sequía. Pero la aprobación generó resistencia: bolsas de cereales, molinos y exportadores advirtieron que podía poner en riesgo los mercados del trigo argentino. Tras la aprobación de la harina en Brasil, el gobierno autorizó la comercialización plena de la semilla en mayo de 2022.

Luego llegaron más hitos. En junio de 2022 la FDA de Estados Unidos concluyó su evaluación sin objeciones de seguridad, y en agosto de 2024 el USDA aprobó el HB4, el primer rasgo transgénico desregulado para trigo en ese país.

El giro y el comienzo de la crisis

Pese a los avances regulatorios, el negocio de semillas no despegó como se esperaba. En su año fiscal 2025, Bioceres dejó de vender semillas HB4 con marca propia y pasó a un modelo de licencias, para bajar costos y ampliar la adopción a través de terceros. Bajo ese esquema, firmó en febrero de 2025 un acuerdo con Grupo Don Mario para soya, y en septiembre de ese año entregó a la Colorado Wheat Research Foundation los derechos exclusivos del rasgo en Estados Unidos.

Pero la crisis ya estaba en marcha. Bioceres S.A., la empresa madre fundada por los productores, cayó en default a mediados de 2025, y el 16 de diciembre su directorio decidió presentarse en concurso preventivo de acreedores. En el proceso, un acreedor ejecutó garantías y remató 3,06 millones de acciones de Bioceres Crop Solutions, y el grupo perdió el control de Bioceres LLC. La cotizada en Nasdaq no forma parte de ese concurso ni responde por sus deudas.

El golpe de ProFarm

El segundo frente estalló en Estados Unidos. Tras un litigio iniciado en Nueva York por un grupo de tenedores de bonos, el 20 de enero de 2026 se remataron los activos de ProFarm. La única oferta válida vino de una sociedad formada por los propios acreedores, que se quedó con ellos con una oferta de US$15 millones en bonos.

El impacto fue brutal. Los activos tenían un valor en libros cercano a US$194 millones, por lo que Bioceres reconoció una pérdida contable de unos US$179 millones y declaró dudas sustanciales sobre su capacidad de seguir operando. La empresa sostiene en tribunales que el remate no fue comercialmente razonable y presentó contrademandas.

El presente, una empresa más chica que pelea por seguir viva

Los resultados del año fiscal 2026, publicados esta semana, confirman el momento. Los ingresos cayeron 18% hasta US$238,3 millones, con cerca de la mitad de la baja explicada por la reconfiguración del negocio de semillas y la menor actividad del HB4. Aun así, en el último trimestre los ingresos se estabilizaron, la nutrición de cultivos creció 36% y la empresa volvió a un EBITDA ajustado positivo gracias a fuertes recortes de gastos.

En la bolsa, el panorama es crítico. La acción cayó a 40 centavos de dólar el 15 de septiembre y no cierra sobre un dólar desde enero. Nasdaq aprobó trasladarla al Nasdaq Capital Market y le dio 180 días adicionales para recuperar el precio mínimo, bajo riesgo de exclusión.

La historia de Bioceres deja una paradoja difícil de ignorar. La empresa que nació de productores con visión, que demostró que la ciencia pública latinoamericana podía llegar a los campos del mundo y que impulsó el primer trigo transgénico tolerante a la sequía aprobado en el mundo, hoy enfrenta su capítulo más oscuro. Su tecnología sigue viva en manos de socios y reguladores de varios países; lo que está en juego ahora es si la compañía que la hizo posible logrará seguir escribiendo su propia historia.

Fuentes: Bioceres Crop Solutions, SEC (formularios 6-K, 20-F y POS AM), World Grain, El Cronista, Seúl, La Capital, La Nación, Ámbito, CONICET, Capital Press, USDA Foreign Agricultural Service, Non-GMO Project, The Motley Fool, Business Wire, Nasdaq.