Una mide el agua y el suelo, otra conduce tractores y elimina malezas con láser, otra fumiga desde el aire en enjambre y la última cosecha fruta con robots voladores. Por separado resuelven un problema puntual; funcionando en simultáneo, dibujan cómo podría operar un campo casi sin intervención humana.

La automatización agrícola dejó de ser una promesa de feria tecnológica. Hoy existen empresas que ya venden soluciones concretas para cada etapa del ciclo productivo, desde que se decide cuándo regar hasta que la fruta llega al bin. Ninguna automatiza sola la operación completa de un campo, pero combinadas cubren buena parte del trabajo que hoy depende de cuadrillas, operadores de maquinaria y aplicadores. Repasamos las cuatro piezas de ese rompecabezas.

1. CropX, el sistema nervioso del campo

Todo campo automatizado necesita primero saber qué está pasando bajo tierra. Ese es el terreno de CropX, empresa con sede en Tel Aviv cuyas soluciones se usan en más de 60 países para optimizar el riego, mejorar el desempeño de los cultivos y tomar decisiones basadas en datos.

Su apuesta combina hardware propio con software. En abril de 2026 lanzó Apex, un sensor que mide humedad, temperatura y salinidad del suelo cada 4 pulgadas (unos 10 cm), en configuraciones de hasta 36 pulgadas (unos 91 cm) de profundidad. Los datos se integran directamente a su plataforma, que detecta de forma automática el estado de humedad, entrega información para el riego e identifica pérdidas por lixiviación. En marzo sumó además CropX Vision, una herramienta con inteligencia artificial que mide el estrés hídrico de un viñedo con una sola fotografía.

La empresa sigue creciendo por compras. En agosto de 2026 adquirió SCIO, especialista en espectroscopía de infrarrojo cercano, en su mayor operación hasta la fecha, lo que extiende su plataforma a la medición de calidad antes y después de la cosecha. CropX se acerca a los US$20 millones en ingresos recurrentes anuales, sin contar la venta puntual de hardware, y apunta a ser rentable en 2027.

2. Carbon Robotics, tractores sin operador y malezas eliminadas con láser

Con la información del suelo resuelta, el siguiente paso es la maquinaria. Carbon Robotics, fundada en 2018 en Seattle por Paul Mikesell, se hizo conocida por el LaserWeeder, un implemento que va tirado por el tractor, detecta las plantas del potrero y elimina las malezas con láser. En 2025 presentó el Carbon ATK, una plataforma autónoma que se instala sobre tractores existentes para controlarlos, pensada como respuesta a la falta de mano de obra.

El cerebro detrás de ambas máquinas es su Large Plant Model, un modelo de inteligencia artificial lanzado en febrero de 2026 y entrenado con más de 150 millones de fotos y datos recogidos en más de 100 campos de 15 países. Su principal ventaja es que reconoce especies de plantas al instante y permite atacar malezas nuevas sin tener que reentrenar a los robots. Según la empresa, el LaserWeeder puede reducir en 80% los costos de control de malezas.

El negocio acompaña. Carbon Robotics superó los US$100 millones en ingresos anuales en su año fiscal cerrado el 31 de enero de 2026.

3. Hylio, enjambres de drones para fumigar y sembrar

Para las aplicaciones de agroquímicos, fertilizantes o semillas, la automatización viene desde el aire. Hylio, empresa con base en Houston, Texas, diseña, fabrica y vende drones principalmente para agricultura. Su cofundador y CEO, Arthur Erickson, busca llenar el espacio dejado por los competidores chinos vetados en Estados Unidos, un mercado que él estima entre 10.000 y 15.000 drones de aspersión al año.

Su hito regulatorio fue clave. En 2024 se convirtió en la primera empresa estadounidense en obtener una exención federal que permite volar hasta tres drones a la vez con un solo piloto y sin observador visual, además de operar de noche. Su modelo más reciente, el HYL-150 ARES, tiene un ancho de aplicación de 40 pies (unos 12 metros), capacidad para 110 libras de líquido (unos 50 kg) y rendimientos sobre 50 acres por hora (unas 20 hectáreas por hora). En modo enjambre, varios equipos pueden trabajar en paralelo para tratar, sembrar o fertilizar grandes superficies.

El costo también juega a su favor. Según Erickson, operar sus drones cuesta entre un cuarto y un tercio de lo que se gasta con equipos tradicionales, y los equipos parten en unos US$10.000, dependiendo de los accesorios.

4. Tevel, robots voladores que cosechan fruta

La última etapa, y probablemente la más difícil de automatizar, es la cosecha. La israelí Tevel Aerobotics, fundada en 2016 por Yaniv Maor, desarrolló robots voladores autónomos para cosechar fruta en huertos. Cada unidad está formada por un vehículo con ruedas que avanza por las hileras y drones conectados por cable a esa base, que les entrega energía.

Los drones usan cámaras y visión computacional para distinguir cada fruta, evaluar su tamaño y madurez, y cosechar solo la que está en su punto. Además, registran datos de cada fruta recogida, como cantidad, peso, color, madurez, diámetro y geolocalización, lo que convierte la cosecha en una fuente de información para el manejo del huerto. En pruebas con HMC Farms, en California, ya cosecharon duraznos, nectarines y ciruelas de distintos colores.

En marzo de 2026, Tevel levantó US$18 millones en una Serie C liderada por Sound Media Ventures, con participación de Kubota, Maverick Ventures Israel, AgFunder y OurCrowd.

Lo que todavía falta para la automatización agrícola total

Estas cuatro empresas muestran que ya existe tecnología comercial para cada eslabón de la operación, pero el campo completamente autónomo aún tiene desafíos. Cada solución funciona sobre su propia plataforma y no forman parte de un mismo ecosistema, por lo que coordinarlas sigue siendo tarea del productor o de su equipo técnico. La supervisión humana tampoco desaparece: el ATK de Carbon Robotics es monitoreado a distancia por operadores que intervienen en tiempo real, y en el caso de los drones de Hylio, el propio Erickson recomienda mantener un piloto capaz de intervenir por seguridad. A eso se suma la madurez de cada tecnología, ya que en sus primeras versiones los robots cosechadores de Tevel no igualaban la velocidad de recolección de una persona, aunque su ventaja es que pueden trabajar sin pausas.

Aun así, el rumbo es claro. Con escasez de mano de obra, costos de insumos al alza y presión por producir con menos químicos, la pregunta ya no es si el campo se va a automatizar, sino qué tan rápido lograrán conversar entre sí las máquinas que ya están trabajando en los potreros.

Fuentes: CropX, PR Newswire, AgFunderNews, Agroempresario, Carbon Robotics, Business Wire, TechCrunch, GeekWire, Agriculture Dive, New AG International, DTN Progressive Farmer, CropLife, AgWeb, Fruitnet, Tracxn, New Atlas, AgTecher, Thomasnet, Fox News.

por Juan Lagos