Bacterias extraídas de salares a más de 4.000 metros, virus que atacan patógenos en granjas avícolas, cultivos editados para resistir la sequía y plantas acuáticas que limpian agua y producen ingredientes. La región combina biodiversidad, ciencia pública y uno de los mercados de bioinsumos de más rápido crecimiento del mundo para posicionarse en la vanguardia de la biotecnología agrícola.

La biotecnología aplicada al agro es uno de los frentes tecnológicos más dinámicos de América Latina. La región reúne una biodiversidad difícil de igualar, sistemas científicos públicos con décadas de trayectoria y una presión creciente de los mercados internacionales por producir con menos químicos. El resultado es un ecosistema donde conviven gigantes estatales, empresas consolidadas y startups que nacieron en laboratorios universitarios. Este es el mapa de quiénes lideran cada área.

1. Mejoramiento genético para resistir la sequía

El primer frente es el de los cultivos diseñados para soportar el estrés climático. Aquí el caso más emblemático es el de Bioceres Crop Solutions, la empresa argentina que desarrolló la tecnología HB4, basada en un gen de girasol patentado por el CONICET y la Universidad Nacional del Litoral. En 2020, Argentina se convirtió en el primer país del mundo en aprobar el trigo HB4, tolerante a la sequía. La compañía atraviesa hoy una profunda crisis financiera, pero su tecnología avanza a través de licencias con socios como Grupo Don Mario y la Colorado Wheat Research Foundation.

En Brasil, el protagonista es Embrapa, la empresa estatal de investigación agropecuaria. Usando la técnica de edición genética CRISPR, desarrolló una soya tolerante a la sequía que la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad clasificó como convencional y no transgénica. Según Alexandre Nepomuceno, jefe general de Embrapa Soja, esa clasificación reduce la burocracia, los plazos y los costos para que estas variedades lleguen al mercado. Embrapa ya había logrado una clasificación similar con otra soya editada para reducir factores antinutricionales, y en ambos casos trabaja con la técnica CRISPR-Cas9 bajo licencia de Corteva.

2. Bioinsumos y microbioma del suelo

El segundo frente, y probablemente el de mayor impacto comercial, es el de los bioinsumos: bacterias, hongos y otros microorganismos que reemplazan o complementan a los fertilizantes y pesticidas químicos.

Una de las startups más originales es la argentina Puna Bio. Su equipo fundador estudia desde hace más de 20 años la vida en la Puna de Atacama, un desierto de altura a unos 4.500 metros sobre el nivel del mar, lleno de salares, volcanes activos y humedales salinos. De ahí extrae bacterias extremófilas, capaces de sobrevivir en condiciones que matarían a casi cualquier otro organismo, para crear un inoculante para el tratamiento de semillas de soya llamado Kunza. En 2022 levantó US$3,7 millones en una ronda liderada por At One Ventures y Builders VC, y ese año la empresa informó que sus cepas podían reducir en torno a 20% la necesidad de fertilizante nitrogenado.

En el mismo país opera Rizobacter, parte del grupo Bioceres, a la que la propia compañía describe como líder mundial en productos biológicos y pionera en inoculantes líquidos.

En Brasil, uno de los actores líderes es Biotrop, que opera a través de su filial Total Biotecnologia. Su peso quedó claro en diciembre de 2023, cuando la belga Biobest completó la compra de cerca del 85% de la empresa, en una operación basada en un valor empresa de 2.800 millones de reales, unos 532 millones de euros, con la que buscó convertirse en un actor mayor de los biológicos agrícolas en Sudamérica.

3. Control biológico y alternativas a los antibióticos

El tercer frente busca combatir plagas y patógenos con herramientas biológicas de alta precisión. Aquí destaca la chilena PhageLab, que desarrolla tratamientos con bacteriófagos, virus que infectan y eliminan bacterias específicas, para reducir el uso de antibióticos en la producción animal.

Su diferencial es tecnológico. Su cofundador, Hans Pieringer, explicó que la empresa creó un algoritmo que analiza el genoma de las bacterias para identificar serotipos, resistencia a antibióticos y patogenicidad, y así diseñar cócteles de fagos a medida. Entre sus productos está Fórmida, que controla cepas de E. coli en aves, y sus soluciones ya se usan en grandes productores avícolas de Chile y Brasil. En enero de 2024 levantó US$11 millones con fondos como Nazca y Collaborative Fund, y en 2026 sumó una ronda de US$3 millones liderada por Kaszek.

4. Economía circular e ingredientes alternativos

El cuarto frente convierte residuos y subproductos en nuevos ingredientes. El caso más interesante es el de la mexicana microTERRA, cuya historia muestra lo que implica emprender en biotecnología. La empresa nació con la idea de usar microalgas para limpiar el agua residual de la acuicultura y producir alimento para peces, pero luego migró hacia la lemna, una planta acuática flotante que absorbe los nutrientes del agua mientras crece.

Hoy su foco está en los ingredientes alimentarios. Su producto Flora, extraído de la lemna, aumenta la percepción de dulzor y permite reducir el azúcar en alimentos y bebidas. Según anunció su CEO, Marissa Cuevas, el extracto obtuvo la aprobación FEMA GRAS como saborizante, lo que lo convierte en el primer ingrediente de lemna aprobado con propiedades modificadoras del sabor.

En el terreno de los insectos, la startup chilena Infood Protein produce harina y aceite de larvas de mosca soldado negra, un insecto capaz de transformar residuos orgánicos de forma rápida y escalable. En 2024 comenzó a colaborar con un laboratorio de la Universidad Austral de Chile y el centro INCAR para estudiar su uso en dietas para peces.

Brasil, el gigante de la adopción

Si Argentina, Chile y México aportan buena parte de las startups de este mapa, Brasil es el mercado donde los bioinsumos se volvieron masivos. Según CropLife Brasil, el mercado superó los 6.200 millones de reales en 2025, con un alza de 15% respecto del año anterior, mientras la superficie tratada con productos biológicos alcanzó 194 millones de hectáreas, un 28% más que en 2024. Esa cifra de área considera las aplicaciones repetidas sobre un mismo terreno. Solo los inoculantes, bacterias fijadoras de nitrógeno, estuvieron presentes en 77 millones de hectáreas.

El capital que impulsa la biotecnología agrícola

Nada de esto sería posible sin inversionistas dispuestos a apostar por ciencia de largo plazo. En Argentina, el caso más relevante es GRIDX, una company builder especializada en biotecnología que administra alrededor de US$41 millones y tiene un portafolio de más de 90 startups. Su modelo es atípico: en vez de esperar a que lleguen emprendedores, reúne a científicos y perfiles de negocios para crear empresas desde cero. El contexto la favorece, ya que la biotecnología fue en 2025, por segundo año seguido, el sector con más operaciones de capital de riesgo en Argentina, con el 43,1% de las transacciones.

A escala regional también juegan fondos como la brasileña SP Ventures, que participó en la ronda de Puna Bio, y aceleradoras internacionales como IndieBio, que respaldó tanto a Puna Bio como a microTERRA.

Latinoamérica tiene los ingredientes para convertirse en un polo global de biotecnología agrícola: biodiversidad única, científicos formados en sistemas públicos y un mercado brasileño que ya adoptó los biológicos a gran escala. El desafío pendiente sigue siendo el mismo que muestra la historia de Bioceres: transformar esa ciencia en empresas capaces de financiarse y crecer en el largo plazo.

Fuentes: CONICET, Embrapa, Revista Cultivar, Puna Bio, AgFunderNews, PR Newswire, Global AgInvesting, IndieBio, Biobest, AgriBusiness Global, Business Wire, WATTPoultry, LatAm Republic, Fi Global Insights, vegconomist, Hatchery International, IPAcuicultura, CropLife Brasil, El Ecosistema Startup, Diario Financiero, World Grain.

por Juan Lagos