Un proceso de transformación está viviendo la industria chilena de la uva de mesa, impulsado por las constantes exigencias de los mercados internacionales, la creciente competencia de otros países productores y los mayores requerimientos de los consumidores.

El sector se ha visto obligado a acelerar la modernización de sus huertos y procesos productivos. Uno de los cambios más relevantes ha sido el recambio varietal, una estrategia que busca reemplazar variedades tradicionales por otras con mejores características comerciales.

El recambio varietal consiste en reemplazar variedades tradicionales por otras desarrolladas mediante programas de mejoramiento genético, capaces de responder mejor a las exigencias actuales, tanto de consumidores como del comercio internacional.

No se trata de organismos genéticamente modificados (OGM), sino de nuevas variedades obtenidas a través de cruzamientos convencionales y años de selección genética.

Las nuevas variedades destacan por su sabor, firmeza, condición de llegada a destino y mayor resistencia durante el transporte, atributos que hoy son determinantes para acceder a los principales mercados de exportación.

Durante muchos años, Chile basó sus exportaciones en variedades como Thompson Seedless, Flame Seedless, Crimson Seedless y Red Globe. Sin embargo, con el tiempo estas comenzaron a perder competitividad frente a otras que ofrecen mejores características comerciales y productivas.

A esta renovación se suma una creciente incorporación de tecnologías. Sistemas de riego inteligente, monitoreo climático, sensores, imágenes satelitales y herramientas de análisis de datos forman parte de las soluciones que cada vez más productores utilizan para mejorar la eficiencia en el uso de los recursos y enfrentar desafíos como la escasez hídrica y la variabilidad climática.

La logística también se ha transformado en un factor estratégico. Mantener la calidad de la fruta durante su traslado hacia mercados distantes requiere una gestión cada vez más precisa de la cadena de frío, los tiempos de transporte y la planificación de las exportaciones.

En un escenario de alta competencia, pequeñas diferencias en la condición de llegada pueden marcar la preferencia de los compradores.

Al mismo tiempo, el sector enfrenta un entorno internacional más competitivo. Países como Perú y Sudáfrica han incrementado su presencia en los mercados globales, impulsando una oferta con nuevas variedades y altos estándares de calidad.

Esta realidad ha llevado a la industria chilena a reforzar su apuesta por la innovación, la productividad y la diferenciación como herramientas para mantener su posición entre los principales exportadores de uva de mesa del mundo.

Pese a estos desafíos, el rubro se continúa adaptando. El desarrollo tecnológico, la investigación genética, la inversión en infraestructura y la experiencia acumulada por los productores son factores que permiten proyectar una industria orientada a responder a las nuevas demandas del comercio internacional, donde la calidad, la sostenibilidad y la eficiencia serán cada vez más determinantes.

Fuentes: Comité de Uva de Mesa de Frutas de Chile, ODEPA, Uvanova, Portal Frutícola, Cool Carriers, INIA, PUCV