Mientras el agro latinoamericano sigue siendo, en la práctica, uno de los sectores económicos más importantes de la región, un grupo creciente de jóvenes emprendedores decidió que las startups agtech podían resolver algunos de sus problemas más antiguos: el desperdicio de agua, la falta de datos y el difícil acceso a la innovación para el productor promedio. El caso de la argentina Kilimo es hoy uno de los más citados de ese movimiento.

De “los chicos que fabrican lluvia” a una agtech en siete países

En 2014, un grupo de jóvenes cordobeses —dos de ellos programadores de formación— fundó Kilimo, una startup pensada como asesor digital de riego para la agricultura. El propio CEO y cofundador, Jairo Trad, ingeniero en computación por la Universidad Nacional de Córdoba, recuerda que antes de escribir una sola línea de código, el equipo pasó seis meses recorriendo Argentina para escuchar directamente a los productores que riegan sus campos. Ese trabajo de campo dio origen a una plataforma que utiliza datos satelitales, información meteorológica y modelos agronómicos para decirle a un agricultor, con solo indicar la ubicación de su predio y el tipo de cultivo, cuánta agua necesita realmente su campo y cuándo aplicarla, sin necesidad de instalar sensores físicos.

El propio diario La Nación los bautizó en sus primeros años como “los chicos que fabrican lluvia”. Más de una década después, Kilimo opera en siete países de la región —Argentina, Chile, Perú, México, Guatemala, Uruguay y Brasil— con cerca de 300 clientes y más de 4.000 agricultores utilizando su plataforma. Según cifras propias de la compañía, en los últimos tres años ayudó a productores de la región a ahorrar 70.000 millones de litros de agua, un volumen equivalente a cuatro meses de consumo de toda la ciudad de Córdoba. La startup fue además reconocida como “campeona” en el Foro Económico Mundial de Davos por su modelo de negocio, y en 2019 lanzó una academia digital gratuita para alfabetizar tecnológicamente a agricultores de toda Latinoamérica.

Por qué el agro les pareció el lugar correcto para innovar

Trad ha explicado en distintas entrevistas qué llevó a un grupo de jóvenes con formación tecnológica a apostar por un sector tan tradicional como la agricultura: primero, porque “la agricultura es el tejido económico de Latinoamérica”, y segundo, porque en un sector tan grande y masivo, cualquier variable que se logre optimizar termina teniendo un impacto enorme. El propio fundador reconoce, sin embargo, la brecha generacional que enfrenta este tipo de emprendimientos: mientras quienes desarrollan la tecnología suelen ser jóvenes que viven en ciudades, el agricultor promedio de la región tiene cerca de 60 años y vive, muchas veces, en localidades de no más de cinco mil habitantes, lo que obliga a estas startups a construir puentes entre dos mundos que rara vez se cruzan de forma natural.

De Chile a Ecuador, más rostros jóvenes detrás del agro tecnológico

El fenómeno se repite, con variantes propias, en distintos países de la región. En Chile, Instacrops —fundada en 2015 por el ingeniero Mario Bustamante— ofrece un asistente virtual que permite a los agricultores monitorear en tiempo real sus campos y recibir alertas tempranas sobre riego, plagas o enfermedades directamente en su celular. La compañía ya opera en Chile, Perú, México, Colombia, Uruguay y Guatemala, con clientes como Nestlé, Dole y Copefrut, y sigue ampliando su portafolio de herramientas basadas en inteligencia artificial. En ese mismo ecosistema chileno también destaca Altum Lab, que desde 2017 desarrolla un modelo de inteligencia artificial llamado “Bruna” para predecir fenómenos productivos en el campo a partir de datos históricos.

En México, la startup Luxelare, fundada por Julio López, se posicionó como una de las agtech líderes del país, apoyando a agricultores en su transición hacia prácticas más sostenibles mediante big data y agricultura de precisión. En Ecuador, Yura BioSearch desarrolla productos biológicos para el control de plagas y enfermedades agrícolas —bioestimulantes, biofungicidas y bioinsecticidas— liderada hoy por Cristina Albán como gerente general, uno de los casos del sector con mayor presencia femenina en la región.

Un ecosistema que ya no depende de casos aislados

Kilimo no es un caso solitario, sino la punta más visible de un ecosistema que crece con fuerza en toda la región. Según el Informe de Cadenas de Valor N°85 del Ministerio de Economía de Argentina, publicado en septiembre de 2025, ese país cuenta hoy con cerca de 400 startups agtech operando activamente, con Buenos Aires concentrando más de 50 de ellas en su propio polo tecnológico.

El propio ecosistema regional ya cuenta con programas específicos para acompañar a estas empresas: Endeavor —la comunidad de emprendedores de alto impacto más grande del mundo, presente en más de 40 países— se asoció con el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), organismo especializado con 34 países miembros en el hemisferio, para lanzar en 2026 la segunda edición del Agtech Accelerator, un programa gratuito y en español, con 20 cupos disponibles para startups agtech de toda la región. En paralelo, ferias como Expoagro, que en su edición 2026 reunió a más de 29 startups y empresas agtech en San Nicolás, Argentina, se consolidan como espacios donde estos emprendimientos jóvenes validan su tecnología directamente frente al productor en el campo, el verdadero examen final para cualquier innovación agrícola.

Lo que viene

Con fondos regionales e internacionales cada vez más dispuestos a apostar por soluciones tecnológicas aplicadas al agro, y con programas de aceleración específicos ya instalados en la región, el desafío para esta nueva generación de emprendedores latinoamericanos ya no es demostrar que la tecnología puede aportarle algo al campo, sino lograr que esas soluciones lleguen efectivamente a un agricultor que, en promedio, todavía vive y trabaja muy lejos del mundo digital del que provienen sus creadores.

por José Rios