El rodeo, la chicha de uva, el mote con huesillo y el propio huaso no nacieron como símbolos patrios: nacieron del trabajo en el campo. Estas son las tradiciones agrícolas que, generación tras generación, terminaron convertidas en el corazón de las Fiestas Patrias chilenas.

Cada 18 de septiembre, Chile se llena de banderas, cuecas y parrillas. Pero detrás de la fiesta hay una historia más antigua y menos conocida: buena parte de lo que hoy identificamos como “chilenidad” nació directamente del trabajo agrícola y ganadero del Valle Central. El huaso, el rodeo, la chicha y hasta el mote con huesillo tienen su origen en las faenas del campo, no en un decreto patrio. Este es el hilo que conecta la agricultura con las Fiestas Patrias.

El huaso, el campesino ganadero que se volvió símbolo nacional

El protagonista de septiembre es, sin duda, el huaso, el tradicional campesino ganadero del Valle Central de Chile. Su vestimenta —la manta o chamanto, el sombrero de paño o la chupalla de paja de trigo, y las espuelas— no es un disfraz folclórico, sino el atuendo de trabajo de quienes arreaban y cuidaban el ganado.

Su consolidación como símbolo nacional fue un proceso largo. Desde la década de 1950, el huaso comenzó a aparecer con más frecuencia en ciudades gracias a las competencias de rodeo organizadas en distintas regiones, y hoy es una figura habitual en la Parada Militar, en fiestas religiosas como el Cuasimodo y, por supuesto, en Fiestas Patrias. Su reconocimiento institucional llegó en 2010, cuando el Congreso creó el Día del Huaso y la Chilenidad, celebrado desde entonces el 17 de septiembre, tras décadas en que la conmemoración —originada en una ley de 1968— había ocupado otras fechas del calendario.

El rodeo, cuando marcar el ganado se convirtió en deporte nacional

El rodeo es quizás el ejemplo más claro de una faena agrícola transformada en tradición. Sus orígenes se remontan a la Colonia, cuando en la Plaza de Armas de Santiago se realizaban jornadas con el propósito de que los dueños marcaran a sus animales y evitaran conflictos entre vecinos.

Con el tiempo, la actividad de rodear y apartar el ganado se profesionalizó hasta convertirse en el llamado “deporte huaso”. En 1961 fue declarado deporte nacional de Chile. Aunque se practica durante todo el año, es en Fiestas Patrias cuando se vive con mayor masividad, con jinetes vestidos de huaso completo y la tradicional elección de la reina, que baila cueca con los ganadores.

La trilla a yegua suelta, el trigo que se convirtió en fiesta

Menos conocida fuera del mundo rural, pero igual de reveladora, es la trilla a yegua suelta. Se trata de un sistema de trabajo colonial en el que yeguas y caballos pisotean las gavillas de trigo para separar el grano de la paja, una técnica que llegó a América desde España y que en Chile se practicó desde la Colonia hasta mediados del siglo XX.

La trilla era la culminación de ocho meses de trabajo agrícola y requería la cooperación de mucha gente y muchos animales. En las zonas donde escaseaban las yeguas, cada agricultor las conseguía mediante una minga o mingaco, y el beneficiado debía retribuir financiando la fiesta posterior. De ahí nació incluso un plato propio, la sopa de trilla, hecha a base de pan, cebolla y ajo con carne, pensada para alimentar a los trabajadores durante la faena. Aunque las máquinas trilladoras reemplazaron esta práctica en la mayoría de los campos, todavía se recrea como tradición conmemorativa en varias comunas de la provincia del Biobío.

La chicha de uva, el vino que se quedó en el campo

Ningún dieciocho está completo sin chicha de uva, la bebida fermentada que se asocia casi exclusivamente a septiembre. Su historia combina tradiciones indígenas de fermentación de productos como el maíz con la llegada de la vid europea, que encontró en el clima mediterráneo de la zona central las condiciones ideales para propagarse entre los siglos XVII y XVIII.

Durante buena parte del siglo XIX, la chicha no fue un producto menor: entre 1861 y 1890, su producción anual estuvo muy cerca de la producción de vinos y mostos, según un estudio académico basado en los anuarios del Instituto Nacional de Estadística de la época. Mientras las grandes ciudades se volcaban hacia otros hábitos de consumo, la tradición se mantuvo viva gracias a pequeños viticultores de zonas de fuerte identidad huasa, como San Javier, Villa Alegre y Curacaví.

El mote con huesillo, el refresco que nació para calmar la sed de los cosechadores

El mote con huesillo, ese postre helado de trigo cocido y durazno deshidratado, también tiene un origen ligado directamente al trabajo de campo. Durante las cosechas de trigo con máquina estacionada o trilla a yegua suelta, era habitual preparar mote todos los días para satisfacer la sed de los cientos de campesinos que participaban en las faenas como cortadores, carreteros y ensacadores.

Con el tiempo, el mote con huesillo dejó los potreros para instalarse en las calles y plazas de todo Chile, convirtiéndose en un clásico de la primavera y de las Fiestas Patrias, vendido hasta hoy por “moteros” ambulantes en carros tradicionales.

Una fiesta que nació en el campo

Lo que hoy se vive como una celebración nacional homogénea es, en el fondo, la suma de prácticas agrícolas y ganaderas que se fueron transformando en símbolos: el huaso que trabajaba el ganado, el rodeo que nació para marcarlo, la trilla que cerraba la cosecha del trigo, y la chicha y el mote que calmaban la sed de quienes hacían ese trabajo. Entender las Fiestas Patrias desde esa raíz agrícola es entender que, antes de ser una fiesta nacional, fueron una fiesta del campo.

Fuentes: CaballoyRodeo.cl, The Clinic, Memoria Chilena (Biblioteca Nacional de Chile), Portal del Campo, Cabalgatas Chile, Scielo Chile, Identidad y Futuro, El Diario.es.

por Juan Lagos