Mientras Francia y España combaten esta semana algunos de los incendios más severos de su historia reciente, el fenómeno no es una anomalía aislada: es la repetición, casi calcada, de lo que el hemisferio sur —con Chile a la cabeza— vivió apenas seis meses atrás, en su propia temporada de incendios. El patrón se ha vuelto tan predecible como el propio calendario, y el cambio climático amenaza con hacerlo cada vez más extremo.

Un mismo fenómeno, dos calendarios de temporada de incendios opuestos

La explicación de fondo es simple: cada hemisferio tiene su temporada de incendios ligada a su propio verano. En el hemisferio norte, la temporada se concentra entre mayo y octubre, con su punto más crítico en julio y agosto —el momento exacto en que hoy arden Francia y España—. En el hemisferio sur, el período de mayor riesgo se da entre noviembre y marzo, coincidiendo con el verano austral que golpea a países como Chile, Argentina y Australia. El resultado es que, en la práctica, en algún punto del planeta siempre hay una temporada de incendios activa: cuando termina en un hemisferio, comienza en el otro.

Como resumió Mark Parrington, científico del Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus (CAMS), “todos los veranos” se producen incendios forestales en el hemisferio norte, con localización, intensidad y duración variable según las condiciones climáticas de cada año, aunque el aumento de las temperaturas y la sequía incrementan la probabilidad de episodios devastadores.

Lo que vivió Chile hace apenas seis meses

El caso chileno de enero de 2026 es un espejo casi perfecto de lo que hoy enfrentan Francia y España. Según el más reciente Reporte de Situación de Naciones Unidas en Chile, los incendios que comenzaron el 17 de enero dejaron 21 personas fallecidas, más de 330 heridas, cerca de 22.000 damnificados y más de 4.100 viviendas destruidas, con más de 34.000 hectáreas consumidas, el 92% de ellas concentradas en la Región del Biobío. No fue un hecho aislado dentro de la propia historia del país: en 2023, una ola de incendios en la zona centro-sur quemó cerca de 450.000 hectáreas y dejó 26 muertos, mientras en 2017 —el peor desastre forestal registrado en Chile hasta entonces— el fuego arrasó 587.000 hectáreas en medio de una ola de calor que marcó los 44,9°C más altos jamás registrados en el país, en la localidad de Quillón.

Europa ya venía en una racha propia

Lo que ocurre hoy en Francia y España tampoco es nuevo para el continente. Según Euronews, España ya atravesaba en agosto de 2025 —doce meses antes de esta nueva emergencia— “una de las temporadas de incendios forestales más devastadoras de las últimas tres décadas”, con más de 380.000 hectáreas calcinadas en lo que iba de ese año, la peor racha del país desde 1994, cuando ardieron 437.602 hectáreas. En Canadá, la temporada de 2023 estableció un récord histórico según Copernicus, con incendios que emitieron al menos 410 millones de toneladas de CO2, más que las emisiones anuales de todo un país como España, estimadas en 244,3 millones de toneladas en 2022.

Un fenómeno que ya no respeta calendario ni continente

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que, ya en 2023, las temporadas de incendios forestales fueron “extremadamente activas” tanto en el hemisferio norte como en el sur de forma simultánea, un dato que por sí solo desmiente la idea de que se trate de fenómenos separados o excepcionales. La propia Sudamérica es hoy identificada como la región que más rápido está incrementando su número de incendios forestales a nivel mundial, con casi medio millón de focos registrados solo durante 2024, según un análisis del portal Sostenibilidad.com. Un informe de Naciones Unidas de 2022 proyectó, además, que el número de incendios forestales extremos podría aumentar hasta un 30% hacia 2050 si se mantienen las actuales tendencias de calentamiento global.

Por qué el patrón se repite, y por qué empeora

La explicación científica detrás de esta alternancia anual combina dos factores: uno estructural —el propio ciclo de las estaciones, que garantiza una temporada seca y calurosa en algún hemisferio en cualquier momento del año— y uno agravante, el cambio climático, que según coinciden la OMM y Copernicus está extendiendo la duración de las temporadas de incendios, intensificando las olas de calor y prolongando las sequías que favorecen su propagación. El resultado es que lo que antes era un fenómeno estacional y relativamente contenido hoy se ha convertido, según distintos análisis del sector, en un riesgo prácticamente activo durante todo el año en algún punto del planeta.

No son solo Francia y España

La emergencia actual, además, se inserta en una ola más amplia que golpeó al Mediterráneo europeo durante todo julio. Según reportes de Euronews y AP de comienzos de mes, Portugal enfrentó un incendio masivo que llevaba ardiendo más de tres días y que requirió el envío de refuerzos desde España e Italia, mientras Grecia registró focos activos en las cercanías de Salónica y de la propia Atenas, con alertas de humo tóxico para la población; la actividad en ambos países disminuyó en los días posteriores, según el monitoreo satelital de IQAir. Ya en la última semana, coincidiendo con la escalada en Francia y España, CNN reportó además incendios forestales activos en Escocia e Italia, con decenas de focos registrados en Sicilia. El propio IQAir advirtió que las autoridades europeas esperan que el peligro extremo de incendios se mantenga hasta agosto en toda la región mediterránea, en un contexto de ola de calor récord registrada en junio.

Lo que significa para el mundo agrícola

Para el sector agroforestal, este calendario cruzado tiene una lectura práctica: no existe una “temporada de calma” global. Mientras un hemisferio reconstruye su infraestructura rural, sus bosques productivos y sus economías locales tras el verano que acaba de pasar, el otro ya está entrando en su propia ventana de máximo riesgo, en un ciclo que, con el cambio climático de por medio, cada año parece llegar más temprano, durar más tiempo y dejar un costo mayor.

por Andrés Rios