Durante más de una década, la investigadora británica Krista McLennan demostró con monitores de frecuencia cardíaca algo que muchos productores intuían: las vacas forman vínculos sociales preferentes, casi como “mejores amigas”, y separarlas de esa compañera provoca un cambio medible y literal en su corazón. Lo que la ciencia todavía no termina de resolver es si ese vínculo también se traduce en más leche.
Que una vaca prefiera la compañía de una compañera del rebaño por sobre otra no es solo una observación anecdótica de productores que pasan su vida rodeados de animales. Es, desde hace más de una década, un hallazgo científico documentado con monitores de frecuencia cardíaca y muestras de cortisol, la hormona del estrés.
El experimento que probó la amistad bovina
El trabajo pionero en este campo lo realizó Krista McLennan, investigadora de la Universidad de Northampton, en Reino Unido, quien presentó sus primeros resultados en 2011 y los formalizó en su tesis doctoral de 2013. El diseño del experimento era simple: McLennan identificaba primero, mediante observación, qué vacas tenían una pareja social preferida dentro del rebaño, una especie de “compañera habitual”. Luego las separaba en pares de 30 minutos, una vez con esa compañera preferida y otra vez con una vaca desconocida, midiendo su frecuencia cardíaca cada 15 segundos durante todo el proceso.
Qué pasa exactamente en el corazón de una vaca
Aquí está el dato clave, el que da título a esta nota: cuando una vaca estaba junto a su compañera preferida, su frecuencia cardíaca medida en pulsaciones por minuto era significativamente más baja que cuando estaba junto a una vaca desconocida. El corazón, literalmente, late más despacio cuando el animal está acompañado de su vínculo social preferido, y más rápido cuando se encuentra con una compañera al azar o en soledad.
Ese cambio en el ritmo cardíaco no es un fenómeno aislado: es la forma en que el sistema nervioso autónomo de la vaca responde al estrés. Cuando un animal percibe una situación como amenazante o incómoda, como estar junto a un individuo desconocido, se activa una respuesta fisiológica de alerta que acelera el corazón, de forma muy similar a lo que ocurre en los humanos frente a una situación estresante. La presencia de un vínculo social de confianza actúa, en cambio, como lo que los investigadores del bienestar animal describen como un “amortiguador social”: reduce esa respuesta de estrés y permite que el corazón vuelva más rápido a un ritmo tranquilo. Según explicó la propia McLennan, “cuando las vaquillas tienen a su compañera preferida con ellas, sus niveles de estrés, medidos a través de su frecuencia cardíaca, se reducen en comparación con cuando están con un individuo al azar”.
Investigaciones posteriores sumaron otro marcador a esta historia: el cortisol. Aunque el efecto sobre la frecuencia cardíaca y el comportamiento se ha replicado de forma consistente durante casi quince años de investigación posterior, algunos estudios han encontrado que la reducción de cortisol no siempre acompaña de forma tan clara a la reducción del ritmo cardíaco, lo que sugiere que el “amortiguador social” actúa con más fuerza sobre la respuesta inmediata del corazón que sobre la respuesta hormonal de estrés a mediano plazo.
No es el único hallazgo: también afecta a los terneros
El vínculo social en el ganado no se limita a las vacas adultas. Un estudio de 2014 de la Universidad de Columbia Británica, en Canadá, encontró que los terneros criados en solitario rinden peor en pruebas de habilidad cognitiva que aquellos que crecen junto a un compañero. Cuando los investigadores cambiaron las reglas del experimento, por ejemplo, moviendo la fuente de leche a un recipiente de otro color, los terneros que habían crecido acompañados aprendieron mucho más rápido a encontrar la nueva fuente, lo que sugiere una mayor flexibilidad mental y capacidad de adaptación al cambio.
El punto en disputa: ¿afecta realmente la producción de leche?
Aquí conviene ser precisos, porque la ciencia no es unánime. La propia tesis de McLennan de 2013 encontró una disminución significativa en la producción de leche tras la separación de largo plazo entre vacas con vínculos sociales establecidos, un hallazgo que durante años se repitió en medios y reportes de bienestar animal como una conclusión consolidada.
Sin embargo, un estudio más reciente, de 2024, llegó a una conclusión distinta: no encontró asociación entre la producción de leche (ni el recuento de células somáticas, un indicador de mastitis) y el tiempo que una vaca pasaba en contacto con otras vacas o con sus cuatro compañeras de rebaño más cercanas. En otras palabras, mientras la evidencia sobre el corazón y el estrés es sólida y está ampliamente replicada, la relación directa entre esos vínculos sociales y el rendimiento productivo sigue siendo un tema abierto en la literatura científica, con estudios que apuntan en direcciones distintas.
Lo que sí parece más consistente es el efecto de separar a una vaca de su grupo habitual completo, más allá de una sola “mejor amiga”: un estudio con sensores de precisión en 798 vacas lecheras encontró que retirar miembros del rebaño se asocia con una caída medible en la producción diaria de leche, mientras que incorporar vacas nuevas no tuvo el mismo efecto negativo.
Qué significa esto para el bienestar animal
Más allá de la disputa científica sobre el impacto productivo, el consenso sobre el corazón y el estrés es claro: las vacas son animales sociales, forman vínculos preferentes y sufren un cambio fisiológico medible, literalmente cardíaco, cuando se las separa de esas compañías. McLennan planteó directamente la implicancia práctica de su hallazgo para la industria: “si podemos alentar a los productores a identificar qué vacas prefieren mantener cerca a sus amigas, podría traer beneficios reales, como mejorar el rendimiento de leche y reducir el estrés de los animales, algo muy importante para su bienestar”.
Para la ganadería, el mensaje de fondo es relativamente simple de aplicar: prestar atención a qué animales tienden a agruparse de forma natural y, en la medida de lo posible, evitar separar esos pares al reorganizar los grupos o los corrales, no solo por una eventual ganancia productiva todavía en discusión, sino porque un corazón más tranquilo es, en sí mismo, un objetivo válido de buen manejo ganadero.
Fuentes: BBC, Universidad de Northampton, AgDaily, ResearchGate (McLennan, 2013), PMC/NCBI, Barn Sanctuary, Now I Know, Animalpha.
por José Rios
