Debal Deb dejó su carrera científica en 1996 para dedicarse a algo que nadie financiaba: rescatar las variedades de arroz que la Revolución Verde estaba borrando de la India. Treinta años después, su banco de semillas conserva 1.480 variedades tradicionales y ya ha beneficiado a miles de agricultores, bajo una sola regla que nunca ha cambiado: las semillas no se venden, solo se comparten.
En un pueblo del distrito de Rayagada, en el estado indio de Odisha, el ecólogo Debal Deb cultiva cada año 1.480 variedades distintas de arroz en una granja de menos de una hectárea. Ninguna de esas semillas está a la venta. Quien quiera una, puede recibirla gratis, con una sola condición: debe devolver, al año siguiente, semillas de al menos una variedad de arroz tradicional, para que sigan circulando entre otros agricultores.
De investigador a guardián de semillas
Deb dejó su trabajo en 1996, sin financiamiento institucional, para dedicarse por completo a la conservación de semillas nativas. Su punto de partida fue un diagnóstico alarmante: antes de la Revolución Verde de la década de 1960, India tenía más de 100.000 variedades nativas de arroz. Hoy, esa cifra ronda apenas las 7.000.
En 1997 fundó Vrihi (la palabra sánscrita para “arroz”), el primer banco de semillas de arroz no gubernamental del país, que comenzó con apenas 200 variedades recolectadas durante años de viajes por el este de India. En 2001 estableció además Basudha, su granja de conservación, del tamaño aproximado de una cancha de fútbol, hoy ubicada en las faldas de la cordillera de Niyamgiri, en Odisha. Vrihi es hoy el mayor banco de semillas de arroz tradicional, administrado por organizaciones no gubernamentales, de todo el sur de Asia.
Una regla que no se negocia: nunca vender la semilla
El sistema de intercambio de Vrihi tiene una lógica deliberadamente opuesta a la del mercado de semillas convencional. Cualquier agricultor puede recibir gratis cualquiera de las 1.480 variedades conservadas, pero debe comprometerse a cultivarlas y devolver una cantidad de semilla al año siguiente, como prueba de que efectivamente las sembró, para luego pasarlas a otros agricultores.
La regla es clara en lo que sí se permite y lo que no: el arroz cosechado puede venderse libremente como producto comercial, pero la semilla nunca puede comercializarse, solo compartirse con otros agricultores, nunca con instituciones gubernamentales ni con empresas semilleras. Según explicó el propio Deb, el principio detrás de esta regla es que él no es dueño de esas semillas, sino solo su custodio, y que comparte las variedades sin cobrar porque busca restaurar el sistema tradicional de intercambio de semillas, en oposición al sistema de mercado que las vende a precios elevados.
Un impacto que ya llega a miles de agricultores
Según distintas fuentes, el proyecto ha beneficiado, de forma directa o indirecta, a una cifra que varía entre 7.600 y cerca de 17.000 agricultores en toda India, dependiendo del período y el criterio de medición utilizado. Vrihi ayudó además a fundar bancos de semillas comunitarios locales en distintos estados de India, replicando su modelo más allá de Odisha.
El banco de semillas recibió un reconocimiento oficial: en 2009 fue distinguido con el Premio Nacional al Protector del Genoma Vegetal. Y su alcance ya es internacional: hacia abril de 2024, las semillas conservadas en Vrihi provenían de agricultores indígenas de India, Bangladesh, Sri Lanka, Pakistán, Tailandia, Corea, Filipinas, Japón, Italia y Estados Unidos.
Por qué la diversidad genética importa tanto
Para Deb, la pérdida de variedades tradicionales no es solo una cuestión de preservación cultural. Según explicó, con la desaparición de miles de variedades perfectamente adaptadas a las condiciones ambientales locales, los agricultores quedan menos preparados para adaptarse a la crisis del cambio climático que enfrenta la agricultura. Entre las variedades que ha rescatado hay varias tolerantes a la salinidad, que han demostrado su valor en situaciones extremas: en una ocasión, un grupo de agricultores que sembró variedades tolerantes a la sal fue el único capaz de cosechar algo de arroz tras una temporada de monzones retrasados que arruinó las siembras convencionales en buena parte del este de India.
Una idea simple que resiste al modelo dominante
El caso de Debal Deb muestra que, frente a un sistema agrícola cada vez más dominado por semillas patentadas y de alto costo, todavía existen modelos que apuestan por lo contrario: diversidad genética libre, gratuita y gestionada directamente por quienes la cultivan. Treinta años después de dejar su carrera, su apuesta no solo sobrevivió, sino que se convirtió en la mayor red de este tipo en el sur de Asia, sostenida enteramente por el compromiso de miles de agricultores que, año tras año, devuelven lo que una vez recibieron gratis.
Fuentes: 30 Stades, Food Tank, Centre for Interdisciplinary Studies (Vrihi), Vikalp Sangam, Down To Earth, Atlas Obscura, data.communityseedbanks.in, groundreportindia.org, isignal.in, The Better India.
por José Rios
