En México, donde según la FAO el mercado de alimentos se concentra en grandes comercializadores que suelen excluir a los pequeños productores, una joven poblana decidió construir el puente tecnológico que ese sector nunca tuvo. Ángeles Marcial Mejía fundó Earth-IoT, una de las primeras plataformas del país pensada específicamente para democratizar el acceso a la tecnología agrícola entre pequeños y medianos productores de bajos recursos.
Sensores que “escuchan” a las plantas
El corazón del proyecto son estaciones de monitoreo con sensores IoT (Internet de las Cosas) instaladas directamente en el cultivo, que registran en tiempo real variables como la humedad del suelo, la temperatura y los niveles de nutrientes. Esa información se procesa con inteligencia artificial y llega directamente al agricultor a través de notificaciones por WhatsApp, indicándole con precisión cuándo su cultivo necesita agua o fertilizante, sin que tenga que adivinar ni depender únicamente de la experiencia acumulada.
Según ha explicado Ángeles Marcial, el proyecto nació de una convicción personal: tanto ella como su cofundador, Eduardo García —con estudios en Innovación Emprendedora e Ingeniería Mecatrónica, respectivamente, en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla—, crecieron en familias vinculadas al campo, lo que los llevó a enfocar su formación técnica en resolver un problema que conocían de cerca.
Resultados medibles para el bolsillo del agricultor
De acuerdo con datos difundidos por DW, el uso de esta tecnología permite un ahorro de hasta 100 metros cúbicos de agua al año por productor y puede incrementar el rendimiento de los cultivos hasta en un 50%, además de contribuir a la reducción de emisiones de dióxido de carbono. Estas cifras son consistentes con el testimonio de los propios fundadores en otras entrevistas: García ha señalado que, dependiendo del cultivo, las estaciones IoT permiten ahorrar hasta 60% en agua y 40% en fertilizantes, mientras que al combinar la tecnología con técnicas de agricultura regenerativa se llegan a evitar hasta tres toneladas de CO2 equivalente por hectárea.
El contexto que hace más urgente esta tecnología es contundente: según la Comisión Nacional del Agua (Conagua), cerca del 70% del agua a nivel nacional se destina al riego agrícola, mientras que el 65% de los fertilizantes que se usan en México son importados, a precios que han alcanzado máximos históricos según la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural.
Un modelo que ya se expande por el país
Earth-IoT comenzó con pilotos en cultivos de tomate y hortalizas en un invernadero de Santa María Zacatepec, Puebla, y hoy trabaja también con productores de brócoli y betabel en distintos municipios poblanos. La compañía ya proyecta su expansión hacia el estado de Veracruz, donde mantiene conversaciones con caficultores del municipio de Huatusco y con productores de azúcar y piña. Más allá del monitoreo, la plataforma también conecta a los agricultores con asesores certificados y empresas agroindustriales, e incluso les facilita el acceso a financiamiento, integrándolos a cadenas de valor de las que históricamente han quedado fuera.
Tecnología con impacto social real
El proyecto de Ángeles Marcial se inscribe en una tendencia más amplia dentro del sector agrotecnológico: usar la inteligencia artificial no como una herramienta reservada para las grandes explotaciones industriales, sino como un mecanismo concreto de inclusión para quienes durante generaciones han quedado al margen de la modernización del campo. Su historia refuerza además el papel cada vez más visible de las mujeres al frente de este tipo de emprendimientos tecnológicos en el agro latinoamericano, demostrando que la innovación agrícola también puede construirse desde una perspectiva de equidad y empoderamiento femenino.
Fuentes: DW Español, Expansión ESG, Diario del Istmo, eCOM LAC, Comunidad Socialab.
por José Rios
