Dentro del creciente movimiento de creadores de contenido dedicados a la vida autosuficiente, Seth y Poppy, la pareja detrás de la cuenta Do Good Things, se han vuelto conocidos no solo por mostrar su día a día en el campo, sino por plantear una pregunta incómoda dentro de ese mismo movimiento: ¿de verdad hay que aislarse de la sociedad para volver a la tierra?

Quiénes son y qué muestran

Seth y Poppy documentan en redes su aprendizaje de vida autosuficiente a través de la agricultura y la sustentabilidad, combinando ese contenido con su trabajo como cineastas —se definen a sí mismos como una “dupla creativa” dedicada a hacer películas sobre “cosas buenas”—. Su cuenta ya suma más de 63.000 seguidores, y parte de su popularidad reciente se explica por un video de junio de este año donde Seth desafió una idea muy arraigada entre los consumidores: que la fruta y verdura perfecta, sin ninguna imperfección, es sinónimo de calidad. Usando una hoja con pequeños agujeros como ejemplo, explicó que esas marcas suelen ser, en realidad, una de las señales más claras de que un producto creció sin pesticidas químicos. “La mayoría de nosotros probablemente nos sentimos más cómodos comiendo alimentos cubiertos de veneno que algo que una babosa o un escarabajo mordisqueó un poco”, señaló Seth en ese video.

Un mensaje distinto dentro del mismo movimiento

Más recientemente, la pareja publicó una reflexión que se aleja del tono habitual de los contenidos de autosuficiencia extrema. En lugar de plantear la vida en el campo como un escape total del mundo moderno, Seth y Poppy sostienen que la sociedad “es, en última instancia, lo que nos hace humanos”, y que ninguna generación ha prosperado completamente sola. Según explican, el regreso colectivo a la tierra que observan en su propia generación no responde a un rechazo de la sociedad en sí, sino a la sensación de que el sistema convencional actual ya no está sirviendo a sus intereses. La pareja es enfática en un punto: intentar volver a la tierra en soledad, sin red de apoyo, “no es nada divertido” ni tampoco sustentable en el tiempo, según cuentan haber aprendido en carne propia.

La historia ya lo había demostrado antes

El planteamiento de Seth y Poppy no es nuevo, y la evidencia histórica les da la razón. El “movimiento de vuelta a la tierra” (“back-to-the-land”) de las décadas de 1960 y 1970 en Estados Unidos movilizó a más de un millón de personas hacia la vida rural, pero terminó dejando una lección dura sobre los límites de la autosuficiencia individual: un análisis de más de 300 hogares de esa época encontró que solo un 2% logró alcanzar autosuficiencia plena mediante cultivo intensivo, mientras que un 44% terminó dependiendo de empleo externo a tiempo completo para compensar cosechas insuficientes. Los errores más comunes incluyeron el manejo deficiente de suelos pobres, subestimar riesgos de plagas y clima, y no dominar tareas intensivas como el arado o la crianza de animales, lo que en algunos casos dejó rendimientos de apenas centavos de dólar por hora de trabajo.

Quienes sí lograron sostener el modelo en el tiempo fueron, en su mayoría, comunidades intencionales que compartían responsabilidades, ingresos y gobernanza. Un caso emblemático es East Wind, una comunidad fundada en 1974 en las montañas Ozark de Missouri, donde 72 miembros comparten hoy las labores agrícolas, la vivienda y el autogobierno en una propiedad de 1.145 acres, y que en los últimos años ha visto crecer el interés de jóvenes que buscan reducir su dependencia de combustibles fósiles y ganar mayor injerencia sobre cómo se organiza su propia vida.

Un fenómeno que también crece en comunidades específicas

El regreso colectivo al campo tampoco es homogéneo. El Consejo de Comunidades Intencionales BIPOC, fundado en 2020, documenta un renovado “movimiento de vuelta a la tierra” entre personas negras y de comunidades originarias en Estados Unidos, que buscan establecer comunidades agrícolas propias y reconectar con sus raíces, en un contexto donde la mayoría de las comunidades intencionales del país siguen siendo predominantemente blancas debido al mayor acceso a capital para adquirir tierra. Según una de sus dirigentes, Crystal Byrd Farmer, este tipo de comunidades, aunque suelen presentarse como algo radical, en realidad replican patrones históricos de convivencia humana en pequeños grupos de apoyo mutuo.

Una lección vigente casi medio siglo después

El mensaje de Seth y Poppy conecta directamente con esta evidencia histórica: la autosuficiencia individual absoluta rara vez funciona en la práctica, mientras que los modelos que sí logran sostenerse en el tiempo son, casi sin excepción, comunitarios. Frente al riesgo de romantizar la idea de “desconectarse por completo” de la sociedad —un riesgo que ya cobró su cuota de frustración hace cincuenta años—, el planteamiento de esta pareja introduce una idea más matizada, y probablemente más realista, para quienes hoy sueñan con volver al campo: la verdadera sostenibilidad de ese estilo de vida depende en gran medida de construir comunidad alrededor de ella, no de aislarse de todo lo demás.

Fuentes: Instagram (@dogoodthings_farm), The Cool Down, Scoop Upworthy, Grokipedia, Bethel Woods Center for the Arts, BIPOC Intentional Community Council (vía Asatunews/Britbrief).

por José Rios