Cerdos inmunes a un virus que cuesta miles de millones, soya que aprovecha mejor la luz solar, bacterias que fabrican fertilizante en la raíz y aerosoles de ARN que matan plagas sin tocar al resto del ecosistema. Así avanza hoy la ingeniería genética aplicada al campo, con desarrollos que van desde laboratorios universitarios hasta productos ya aprobados por reguladores.
La ingeniería genética dejó de ser solo sinónimo de semillas transgénicas resistentes a herbicidas. Hoy el campo de batalla se libra en frentes mucho más específicos: la eficiencia fotosintética, la resistencia a enfermedades virales, el reemplazo del fertilizante sintético y el control de plagas sin químicos de amplio espectro. Estos son cinco desarrollos concretos, con distinto grado de avance regulatorio, que apuntan a mejorar la agricultura mundial.
1. Soya que hace fotosíntesis con mayor eficiencia
Durante más de una década, el proyecto RIPE (Realizing Increased Photosynthetic Efficiency), liderado por la Universidad de Illinois y financiado inicialmente por la Fundación Gates, trabajó en un objetivo ambicioso: mejorar la eficiencia con la que las plantas convierten luz solar en energía. En 2022 lograron un hito clave: la primera prueba de que la bioingeniería multigénica de la fotosíntesis aumenta el rendimiento de un cultivo alimentario mayor en ensayos de campo, tras modificar genéticamente plantas de soya. El equipo había probado primero el concepto en tabaco, por la facilidad para transformar su genética, antes de trasladarlo a la soya.
Según Stephen Long, director de RIPE, parte de la energía extra ganada por la fotosíntesis mejorada probablemente se derivó hacia las bacterias fijadoras de nitrógeno en los nódulos de la planta. El proyecto sigue activo con otras líneas de trabajo: un estudio de modelización y ensayos de campo posterior encontró, por ejemplo, que reducir el número de hojas puede aumentar el rendimiento de la soya en 8%, muy por encima del 1% promedio de las mejoras genéticas convencionales.
2. Arroz con el motor fotosintético del maíz
En una línea similar, pero con un desafío técnico mayor, el Proyecto Arroz C4, coordinado por el Instituto Internacional de Investigación del Arroz (IRRI) y financiado también por la Fundación Gates desde 2008, busca instalar en el arroz el mecanismo de fotosíntesis C4, propio de plantas como el maíz y la caña de azúcar, mucho más eficiente que la fotosíntesis C3 que usa naturalmente el arroz.
El desafío es mayúsculo: la fotosíntesis C4 requiere no solo cambios bioquímicos, sino una anatomía foliar distinta. El consorcio, que reúne a más de 20 grupos de investigación de al menos 15 instituciones en cuatro continentes, identificó los genes clave necesarios y logró introducir 10 de los 13 genes requeridos para ensamblar la vía C4 en una fase previa del proyecto. Desde entonces avanzó hacia la generación de prototipos metabólicos y anatómicos más completos, y recibió una extensión de la Fundación Gates hasta mediados de 2026 para capitalizar esos avances y posicionarse frente al giro regulatorio hacia la edición genética de precisión.
3. Bacterias editadas que fabrican fertilizante en la raíz del maíz
Un tercer frente ataca uno de los mayores costos e impactos ambientales de la agricultura moderna: el fertilizante nitrogenado sintético. La empresa estadounidense Pivot Bio desarrolló cepas editadas genéticamente, con métodos no transgénicos, de las bacterias Klebsiella variicola y Kosakonia sacchari, optimizadas para fijar nitrógeno del aire junto a la raíz del maíz incluso en suelos ya fertilizados.
Estudios publicados en Scientific Reports confirmaron el mecanismo mediante la transferencia de nitrógeno marcado con isótopos desde la raíz hasta la clorofila de la planta, y ensayos de campo con el producto comercial PROVEN 40 mostraron aportes reales de nitrógeno, aunque más modestos que los que suele publicitar la empresa. Pivot Bio superó los US$100 millones en ingresos anuales en 2023 y hoy sus productos se aplican en más de 20 millones de acres, unos 8,1 millones de hectáreas.
4. Cerdos resistentes a uno de los virus más costosos de la ganadería
En el terreno animal, el hito más relevante llegó el 30 de abril de 2025, cuando la FDA de Estados Unidos aprobó la tecnología de edición genética de PIC, filial de la empresa británica de genética animal Genus, para producir cerdos resistentes al síndrome respiratorio y reproductivo porcino (PRRS), una enfermedad que solo en Estados Unidos genera pérdidas superiores a US$1.200 millones al año.
La técnica, desarrollada junto al Instituto Roslin de Edimburgo, usa CRISPR para eliminar una pequeña porción del gen CD163, que codifica la proteína que el virus utiliza para infectar las células del cerdo. Al no poder ingresar a la célula, el virus no logra replicarse. Fue una de las primeras aprobaciones de edición genética en ganado comercial en Estados Unidos, aunque al momento de la aprobación su comercialización en ese país no estaba prevista antes de 2026. Colombia, por su parte, ya emitió una determinación regulatoria positiva para este cerdo.
5. Aerosoles de ARN que matan plagas sin dañar al resto del ecosistema
El quinto desarrollo no modifica genéticamente al cultivo ni al animal, sino que apunta directamente a la plaga. La tecnología de interferencia de ARN (RNAi) aplicada en aerosol utiliza ARN de doble cadena para silenciar de forma muy específica un gen esencial de un insecto o patógeno determinado, sin afectar a otras especies.
El caso más avanzado es el de Ledprona, comercializado como Calantha por la empresa GreenLight Biosciences, aprobado por la agencia ambiental de Estados Unidos (EPA) a fines de 2023 como el primer bioinsecticida de ARN de doble cadena de aplicación foliar del país, dirigido específicamente al escarabajo de la papa. La molécula silencia una proteína esencial para la supervivencia del insecto, que deja de alimentarse y muere, mientras se degrada rápidamente en el ambiente sin dejar residuos. La misma compañía avanza ahora con un fungicida de ARN contra el oídio de la vid y con un herbicida basado en la misma tecnología, en un mercado de pesticidas de ARN que, según estimaciones de la industria, podría multiplicarse por cuatro hacia 2034.
Ciencia de laboratorio que empieza a llegar al campo
Estos cinco desarrollos muestran distintas velocidades de la ingeniería genética aplicada al agro. Mientras la edición de cerdos resistentes a enfermedades y los bioinsumos como los de Pivot Bio ya están en manos de productores, proyectos como el arroz C4 o la fotosíntesis mejorada en soya siguen en fases de investigación e incorporación gradual, con horizontes de varios años antes de convertirse en semillas comerciales.
Lo que comparten todos ellos es el objetivo de fondo: producir más alimentos, con menos insumos químicos y menor huella ambiental, en momentos en que la agricultura mundial enfrenta al mismo tiempo el desafío de alimentar a una población creciente y el de reducir su impacto sobre el planeta.
Fuentes: RIPE Project (Universidad de Illinois), EurekAlert!, Foundation for Food and Agriculture Research, C4 Rice Project, IRRI, Nature Scientific Reports, Pivot Bio, FDA, PIC/Genus, Instituto Roslin, AVMA, Science (AAAS), GreenLight Biosciences, Pest Management Science (Wiley), MDPI.
por Juan Lagos
