Cada vez más supermercados y cadenas de distribución alrededor del mundo están dispuestos a pagar un precio mayor por productos que puedan demostrar, con datos verificables y a prueba de manipulación, exactamente de dónde vinieron, cómo se produjeron y por qué manos pasaron antes de llegar a la góndola. Ese nivel de trazabilidad total tiene hoy nombre propio: el Pasaporte Digital de Producto (DPP), un estándar que está dejando de ser una opción voluntaria para convertirse en un requisito regulatorio en algunos de los mercados más grandes del mundo.

De las baterías a la comida, un estándar que se expande

El concepto de Pasaporte Digital de Producto nació dentro del Reglamento de Ecodiseño para Productos Sostenibles (ESPR) de la Unión Europea, como parte de su plan de acción hacia una economía circular. Se define como un conjunto estructurado de datos sobre un producto, con reglas claras de acceso y gestión, identificable a través de un código único y accesible por medios electrónicos, como un código QR. El estándar comenzará a ser obligatorio en el mercado europeo desde 2026, partiendo por categorías como baterías, textiles, electrónica, materiales de construcción y muebles, con una expansión hacia el sector alimentario ya anunciada por la Comisión Europea para el resto de la década.

En paralelo, Estados Unidos avanza por su propio camino regulatorio: bajo la norma FSMA 204 de la FDA, desde enero de este año las empresas del rubro alimentario deben ser capaces de entregar registros de trazabilidad electrónicos y ordenables dentro de 24 horas ante cualquier solicitud, un requisito que en la práctica exige la misma disciplina de datos que un pasaporte digital, aunque no se llame así formalmente.

Por qué el mercado paga más por un producto “verificable”

La lógica económica detrás de este auge es directa: productos verificados pueden cobrar un precio superior en el mercado, según ha señalado la propia red de la Política Agrícola Común de la Unión Europea. Al enfatizar el origen ético y trazable de un producto, las empresas pueden posicionarlo como premium y responder a una demanda creciente de consumidores por un abastecimiento responsable, lo que se traduce en mejores márgenes de rentabilidad tanto para productores como para comercializadores.

Existe además una presión regulatoria que empuja esta demanda desde arriba hacia abajo en toda la cadena: bajo la Directiva de Reportes de Sostenibilidad Corporativa de la Unión Europea (CSRD), los grandes minoristas deben divulgar sus emisiones de “Alcance 3” —las que ocurren a lo largo de toda su cadena de suministro—, un cálculo que resulta imposible sin datos de nivel de proveedor. Eso significa que incluso pequeños productores que venden a grandes cadenas minoristas ya están siendo obligados a entregar datos con formato de “pasaporte” simplemente para mantener su producto en la góndola.

Grandes cadenas ya lo están exigiendo

Cadenas minoristas de peso mundial ya avanzan con sus propios mandatos de trazabilidad hacia sus proveedores: Walmart, a través de su Iniciativa de Trazabilidad de Alimentos, y Kroger, mediante su marco de sustentabilidad “Cero Hambre, Cero Desperdicio”, están reforzando el imperativo comercial de contar con registros digitales trazables a lo largo de toda la cadena de productos frescos y proteínas. En América Latina, México ya desarrolla marcos de trazabilidad complementarios bajo la supervisión de SENASICA, en un proceso de convergencia regulatoria que se espera continúe avanzando en la región.

Un mercado que crece a toda velocidad

El tamaño de este mercado específico para el sector alimentario refleja bien la velocidad del cambio: pasó de unos US$40 millones en 2025 a US$70 millones proyectados este año, con una expectativa de alcanzar US$1.100 millones hacia 2035, a una tasa de crecimiento anual compuesta de 36,1%. Europa concentra hoy la mayor participación de mercado, mientras que Medio Oriente y África se perfilan como la región de más rápido crecimiento en los próximos años. Dentro del mercado más amplio de trazabilidad basada en blockchain, las soluciones de transparencia de cadena de suministro ya representan cerca del 34% de los ingresos totales del sector este año.

Más rápido, más confiable, y con menos desperdicio

Más allá del precio, la trazabilidad digital resuelve un problema estructural de enorme escala: según estimaciones de la FAO, cerca de un tercio de toda la producción mundial de alimentos se pierde o desperdicia cada año, en buena parte por fallas de monitoreo a lo largo de la cadena de suministro. Los sistemas de trazabilidad basados en blockchain ya están reduciendo el tiempo de investigación ante un retiro de producto de semanas a apenas minutos, al permitir acceso instantáneo a datos verificados de toda la cadena, desde la finca hasta el punto de venta.

Una transición que exige anticiparse, no reaccionar

Para productores y exportadores agrícolas de cualquier parte del mundo, el mensaje de fondo es cada vez más claro: la trazabilidad digital dejó de ser una ventaja competitiva opcional para convertirse, según especialistas del rubro, en infraestructura básica para seguir participando de las cadenas de suministro globales. Quienes retrasen esta inversión más allá de 2026-2027 podrían enfrentar plazos mucho más comprimidos para implementar sistemas, capacitar proveedores y cumplir con estándares que, mercado a mercado, están dejando de ser voluntarios.

Fuentes: EU CAP Network, Global Market Insights (GMI), Persistence Market Research, ClariFresh, TraceX Technologies, Springer Nature (Dursun & Gunalay, 2026; Bär et al., 2023), FAO.

por Juan Lagos