Paneles solares en el techo, huertos propios y la decisión de no depender de servicios básicos externos. Lo que empezó como una filosofía de vida minoritaria se transformó en un mercado de miles de millones de dólares y en uno de los contenidos más virales de redes sociales. Estos son los casos, las cifras y lo que hay detrás de la tendencia del “off-grid living”.

Una publicación reciente de la cuenta Sacred Farm Apothecary resume bien el espíritu de una tendencia que crece con fuerza: “vivir fuera de la red me enseñó que tengo la responsabilidad de saber de dónde vienen las cosas”. Su granja funciona 100% con energía solar, cultiva buena parte de sus propios alimentos y cultiva incluso las plantas que usa en su trabajo. No es un caso aislado: es uno de miles dentro de un movimiento que pasó de ser un nicho a convertirse en una industria medible.

De la utopía rural a un mercado de miles de millones

El llamado movimiento off-grid (vivir sin conexión a las redes públicas de electricidad, agua o alcantarillado) dejó de ser una curiosidad. El mercado global de vivienda off-grid fue valorado en US$2.590 millones en 2024, con una proyección de llegar a US$5.130 millones hacia 2033, a una tasa de crecimiento anual de 7,9%, según la consultora SkyQuest. Solo el segmento de energía solar off-grid se proyecta hasta alcanzar 16,23 gigavatios de capacidad instalada.

No existe un conteo oficial de cuántas personas viven completamente fuera de la red en Estados Unidos, porque ninguna agencia gubernamental lo mide ni hay una definición estándar de qué significa “vivir off-grid”. Las estimaciones más citadas, provenientes de fuentes de la industria solar y grupos de defensa del sector, hablan de entre 180.000 y 250.000 personas viviendo completamente desconectadas en ese país. Lo que sí es medible es el interés: las búsquedas de “off-grid living” en Google crecieron más de 200% en los últimos años, y las búsquedas específicas de “off-grid living winter” (vivir off-grid en invierno) se dispararon más de 1.500%.

El “homesteading”, la versión más amplia de la misma idea

Relacionado, pero no idéntico, está el homesteading: el movimiento centrado en la producción de alimentos y la autosuficiencia, que no exige necesariamente desconectarse por completo de la red eléctrica. Puede practicarse en una granja rural completa o en un patio urbano con gallinas y un huerto pequeño.

Según analistas del sector, el homesteading vive un resurgimiento masivo desde el año 2000, impulsado por la inestabilidad económica, el interés por una alimentación más sana y la sostenibilidad, particularmente entre millennials y la generación Z. Casi la mitad de los nuevos practicantes de homesteading tienen 39 años o menos, lo que contradice la imagen tradicional de esta práctica como algo exclusivo de personas mayores o comunidades muy conservadoras.

Los casos que muestran la escala del fenómeno

La tendencia ya tiene sus propias figuras públicas, con audiencias que rivalizan con las de cualquier otro nicho de redes sociales:

  • Wild Wonderful Off-Grid, una pareja de West Virginia que vive en 23 acres (unas 9,3 hectáreas) de montaña, supera el millón de suscriptores.
  • Doug and Stacy, una pareja dedicada a enseñar autosuficiencia, cultivo de alimentos y ganadería, es una de las cuentas más establecidas del rubro.
  • Distintas cuentas del nicho, con audiencias que van desde algunos cientos de miles hasta varios millones de seguidores, documentan a diario su transición hacia una vida más autosuficiente y ecológica, algunas combinando esta filosofía con proyectos de cosecha de agua de lluvia a gran escala y bosques comestibles regenerativos.
  • El fenómeno también tiene una cara de negocio digital: varios creadores de este nicho combinan la vida off-grid con marcas propias y acuerdos comerciales, mostrando que la desconexión física no implica necesariamente desconexión económica de internet.

Qué está impulsando este crecimiento

Varios factores convergen para explicar por qué esta tendencia, lejos de ser una moda pasajera, sigue acelerando. El alza en el costo de vida y la inflación llevaron a muchas personas a ver el homesteading como una forma concreta de reducir gastos del hogar. El trabajo remoto le dio a más personas la posibilidad de vivir en zonas rurales sin sacrificar sus ingresos. Y las interrupciones en las cadenas de suministro de los últimos años reforzaron el atractivo de no depender de sistemas externos para necesidades básicas como el agua, la energía o los alimentos.

Un análisis de opinión especializado en esta tendencia lo resume en términos puramente económicos: un terreno rural pagado, con una estructura pequeña y un sistema solar, puede costar menos al mes que un departamento de un dormitorio en la mayoría de las ciudades medianas de Estados Unidos. Para un número creciente de personas, vivir off-grid dejó de ser una postura ideológica para convertirse, según ese análisis, en la decisión financieramente más racional.

Una tendencia que conecta con otras que ya cubrimos

El movimiento off-grid no ocurre en el vacío: se cruza directamente con otras tendencias que hemos visto en esta misma línea editorial. Conecta con el auge del turismo de desconexión digital y el “lujo de estar desconectado”, con el fondo de agroturismo que lanzó Airbnb en Estados Unidos, y con casos extremos como la Mountain School de Vermont, donde familias pagan miles de dólares para que sus hijos vivan, aunque sea por un semestre, sin celular y con las manos en la tierra. En todos los casos aparece la misma búsqueda de fondo: recuperar un grado de autonomía y contacto directo con la producción de lo que se consume, en un mundo cada vez más mediado por sistemas externos y pantallas.

Una filosofía que dejó de ser marginal

Lo que distingue al movimiento off-grid y al homesteading de otras modas de bienestar es que no se trata solo de una estética o de un contenido bonito para redes sociales, aunque también lo sea. Es una respuesta concreta a preocupaciones muy reales: el costo de vida, la fragilidad de las cadenas de suministro y el deseo de entender de dónde viene lo que se come y se consume. Para la agricultura, esta tendencia representa además una oportunidad de conexión directa con un público que valora, cada vez más, saber exactamente quién produjo su comida y cómo.

Fuentes: SkyQuest Research, Mesocore Modular Homes, gooffgrid.tools, Lady May Tallow, The Best Bees Company, IZEA, Influencer Hero, Amra and Elma, xcapeworld.com.

por José Rios