Mientras Nestlé, Danone, Unilever y Kellogg’s siguen dominando las góndolas de supermercado en toda Iberoamérica, un puñado de marcas nacidas de emprendedores locales —sin el respaldo de una multinacional— están conquistando al consumidor con una propuesta simple: comida real, mínimamente procesada, y en varios casos con beneficios funcionales concretos para la salud. Revisamos un caso representativo en cada país.

Chile: Ecoterra, de una tesis universitaria a una red de productores libres

El caso chileno más representativo de esta tendencia es Ecoterra, fundada en 2011 por el agrónomo Pablo Albarrán. Su origen tiene una anécdota reveladora: mientras estudiaba en Canadá, Albarrán notó que los consumidores allá valoraban la sostenibilidad de un producto más allá de su precio, e hizo su tesis sobre ese fenómeno. “Los profesores se reían y decían: ¿y quién te va a pagar más por estos huevos y a quién le importa?”, recuerda. De vuelta en Chile, se lanzó a emprender con 2.000 gallinas y un solo trabajador, repartiendo huevos de pastoreo en las tardes desde su propia camioneta.

Hoy Ecoterra trabaja en colaboración con más de una decena de pequeños productores de huevos, leche de vaca y cabra, y aderezos naturales, bajo un modelo que prioriza el bienestar animal —gallinas y cabras criadas a pastoreo, alimentadas con pasto— por sobre los sistemas de alta densidad que dominan la industria convencional. La empresa, certificada como Empresa B, ya está presente en más de 400 puntos de venta, incluida una expansión a Estados Unidos, Canadá y México a través de Amazon, y su fundador fue incluido en la nómina de 200 líderes con que Chile enfrenta las grandes transiciones globales, elaborada por El Mercurio, en la categoría de Transformación Agroalimentaria.

Argentina: Nutriveg, de una búsqueda personal a 3.500 puntos de venta

En Argentina, el caso más resonante de los últimos meses es Nutriveg, una marca de snacks a base de plantas —sin TACC, kosher y libres de lactosa— fundada por Sol Vivanco junto a los hermanos Antonella y Alan Minca, pertenecientes a la tercera generación de una familia dedicada históricamente a la industria alimenticia. El origen del proyecto fue personal: Vivanco se hizo vegetariana hace más de quince años y, ante la dificultad de encontrar snacks saludables sin ingredientes artificiales, decidió crear los suyos propios. Hoy sus granolas —libres de gluten, sin aditivos y enriquecidas con probióticos— están presentes en más de 3.500 puntos de venta en el país, facturan $50 millones mensuales y ya proyectan su primera exportación a Uruguay, en un mercado argentino de alimentos funcionales que, según estimaciones del sector, seguirá creciendo a un ritmo cercano al 4,2% anual hasta 2034, hoy todavía dominado por gigantes como Nestlé, Danone y Unilever.

España: Casa Amella, la apuesta por la receta casera sin atajos

En España, donde más de la mitad de los consumidores ya intenta activamente reducir su consumo de procesados y ultraprocesados según datos de Appinio, Casa Amella representa el modelo de marca independiente construida desde la cocina casera tradicional. La empresa, que lleva más de veinte años en el mercado, elabora sus productos a partir de recetas familiares transmitidas de generación en generación, con el mínimo de ingredientes posible y evitando de forma deliberada las verduras en polvo y los productos congelados que suelen usar las grandes marcas para reducir costos y tiempos de producción industrial.

Qué tienen en común estas marcas independientes

Más allá de sus diferencias de escala —desde una red de productores certificada como Empresa B hasta un emprendimiento familiar de recetas caseras— los tres casos comparten un mismo patrón de origen: nacieron de una necesidad personal o de una convicción específica de sus fundadores, no de un estudio de mercado corporativo. Esa autenticidad de origen se transformó, en cada caso, en el principal argumento de venta frente a un consumidor cada vez más desconfiado de las etiquetas largas y los ingredientes que no reconoce, la misma tendencia de fondo hacia lo simple y lo natural que ya se observa a nivel mundial en el consumo de alimentos.

Lo que viene

Con un mercado de alimentos funcionales que en países como Argentina crece de forma sostenida pese a seguir dominado por multinacionales, y con casos como Ecoterra demostrando que una marca nacida de una tesis universitaria y un puñado de gallinas puede llegar a venderse en Amazon Estados Unidos sin perder su identidad de origen, el desafío para la próxima generación de estas marcas independientes será sostener ese crecimiento sin diluir justamente la propuesta de simplicidad y transparencia que las hizo populares en primer lugar.

por Juan Lagos