Investigadores de Perth proponen un ensayo inédito en el que familias participantes cambiarían durante seis semanas el pan, los cereales y las verduras de su despensa por alimentos producidos con prácticas de agricultura regenerativa, para medir el efecto en la inflamación, la microbiota intestinal y los síntomas de asma, alergias y eczema.

La agricultura regenerativa suele defenderse por lo que hace con el suelo, el agua y los ecosistemas. Sin embargo, se sabe poco sobre su efecto en la salud de quienes comen esos alimentos. Un equipo de Australia Occidental quiere medirlo con un ensayo que, según sus impulsores, no tiene antecedentes. La idea es reemplazar durante seis semanas los alimentos básicos de varias familias por alimentos producidos con prácticas regenerativas.

Un intercambio de alimentos con familias de Perth

La propuesta nace de ORIGINS, una plataforma de investigación de The Kids Research Institute Australia y del hospital Joondalup Health Campus, en Perth. Es el mayor estudio de cohorte de su tipo en el país. Sigue a unos 10.000 niños desde el embarazo hasta la primera infancia. Las familias provienen de las comunidades de Joondalup y Wanneroo y se reclutaron entre 2017 y 2024.

ORIGINS busca entender cómo el entorno temprano influye en el riesgo de enfermedades crónicas, como alergias, obesidad, problemas respiratorios y de salud mental. Además, no solo observa: incluye más de 60 subproyectos que prueban medidas concretas, entre ellos estudios de prevención de alergias alimentarias. Según el instituto, hasta uno de cada diez niños pequeños tiene hoy una alergia de este tipo en Australia.

En el nuevo trabajo participarían también la Edith Cowan University y Natural Intelligence Farming. Un grupo seleccionado de familias de ORIGINS cambiaría el pan, los cereales y las verduras del hogar por equivalentes producidos con prácticas regenerativas. Después, los investigadores revisarían si el cambio influyó en la inflamación de los niños, en su microbiota intestinal (los microorganismos que viven en el intestino) y en su conducta. También medirían los síntomas ligados al asma, las alergias y el eczema.

La profesora Desiree Silva, codirectora de ORIGINS, afirma que el estudio podría generar la primera evidencia en humanos que vincule la agricultura regenerativa con la salud infantil. Según Silva, también podría aliviar la presión de los alimentos más caros sobre las familias, apoyar la productividad de los agricultores y recuperar los suelos de los que dependerá la producción futura.

El equipo espera, además, que los hallazgos orienten las políticas de nutrición escolar y los programas comunitarios de alimentación para enfermedades crónicas. Otro objetivo es fortalecer los lazos entre el sistema de salud y la agricultura apoyada por la comunidad.

Quién produce los alimentos del ensayo

El socio agrícola es Natural Intelligence Farming, un sistema que los agricultores Ian y Di Haggerty desarrollaron en la zona triguera de Australia Occidental, una región de clima seco. Desde 2001 aplican este método, que fundaron junto con Jane Slattery. Su enfoque busca aprovechar las relaciones naturales entre los organismos del ecosistema. También cuida la salud del microbioma del suelo, las plantas, los animales y las personas.

Los Haggerty provienen de familias agrícolas convencionales. Comenzaron con 1.630 acres (660 hectáreas) en Mollerin y hoy combinan cultivos de cereales con ovejas. Su trabajo les valió en 2024 el premio Ryan Young Climate Leader, de Textile Exchange.

Como el socio agrícola integra el propio proyecto, los detalles del diseño serán clave para interpretar los resultados. Entre ellos están el tamaño de la muestra y el grupo de comparación. Hasta ahora, los materiales difundidos no los precisan.

Lo que dice la ciencia sobre agricultura regenerativa y salud

Hoy el respaldo científico es acotado. Una revisión publicada en 2024 por investigadores de la Universidad de Tufts, en Estados Unidos, indica que existe evidencia limitada de que los cultivos manejados con labranza cero, cultivos de cobertura y rotaciones podrían tener más vitaminas, minerales y fitoquímicos.

Además, el término no tiene una definición única. Una revisión académica de 2020 concluyó que el concepto se resiste a una definición precisa. Por eso, el ensayo tendrá que explicar con claridad qué prácticas se usaron en los alimentos entregados a las familias.

Así, el estudio australiano plantea otra pregunta. No busca confirmar si estos alimentos tienen más nutrientes. Quiere saber si esa posible ventaja se traduce en cambios medibles en la salud de los niños.

Existe un antecedente indirecto que alimenta el interés. Varios estudios en distintos países han observado que los niños criados en granjas tienen menos asma y enfermedades alérgicas. Los especialistas lo atribuyen, en parte, a la exposición temprana a microorganismos del campo y a la maduración de la microbiota intestinal. Sin embargo, esa relación se refiere al entorno rural y no a los alimentos producidos con prácticas regenerativas. Además, aún no se comprende del todo cómo influye la diversidad microbiana.

Por ahora se trata de una propuesta y no hay resultados. Si el estudio se concreta, aportará datos a una conversación que hasta ahora cuenta con poca evidencia en humanos. Para los productores de Chile, Argentina, México, Colombia o España que evalúan cambiar sus sistemas, la pregunta de fondo es la misma. Se trata de saber si producir con un suelo vivo también deja algo medible en el plato. La agricultura regenerativa tendría así una prueba más directa en la salud de los niños.

The Kids Research Institute Australia, Edith Cowan University, Natural Intelligence Farming, International Journal of Population Data Science, Frontiers in Nutrition, Pediatric Allergy and Immunology, Textile Exchange y notill.org

por Juan Lagos