La temporada 2025-2026 de uva de mesa chilena entra en su recta final con un mensaje claro para toda la cadena productiva: la industria que durante décadas dependió de unas pocas variedades tradicionales terminó de cruzar el umbral hacia un modelo completamente distinto. Con cerca de 63 millones de cajas exportadas, un recambio varietal que ya supera el 72% de los envíos y una victoria legal clave en Estados Unidos, el sector cierra un ciclo que combina ajuste de volumen con fortalecimiento estructural.
Menos cajas, pero una uva de mesa chilena más moderna
Según la última estimación del Comité de Uva de Mesa de Frutas de Chile, la temporada 2025-2026 cerrará con 63.623.140 cajas de 8,2 kilos exportadas, una caída de 6,4% respecto al ciclo anterior. La cifra, sin embargo, cuenta solo una parte de la historia. El dato que realmente define esta temporada es otro: las variedades nuevas alcanzarán el 72% del total de los envíos, cinco puntos porcentuales más que la temporada pasada, superando las 45 millones de cajas.
Ignacio Caballero, director ejecutivo del Comité, fue claro sobre el fenómeno: “esta nueva estimación describe un leve incremento total en el volumen, impulsado por el aumento en volumen de las variedades nuevas”. Detrás de esa frase hay una reconversión productiva de fondo, que ya no es una tendencia incipiente sino el nuevo estándar de la industria.
Las nuevas protagonistas
El caso de Sweet Globe ilustra bien el momento: la variedad proyecta 7.044.206 cajas, un salto de 30,9% respecto a la temporada anterior. Muy cerca está Autumncrisp, con 6.122.539 cajas y un crecimiento de 33,5% anual. Ambas forman parte de una nueva generación de uvas blancas sin semilla que hoy definen buena parte de las decisiones de plantación en los valles productores.
Del otro lado del espejo, las variedades tradicionales muestran una caída sostenida: Thompson Seedless, la histórica uva verde que por décadas fue sinónimo de la exportación chilena, retrocede 20,2% en esta temporada, hasta 1.635.433 cajas. Red Globe, aunque se mantiene como un actor relevante con más de 9 millones de cajas, también anota un retroceso cercano al 5%. El recambio varietal, en otras palabras, ya no es una apuesta a futuro: es la explicación central de por qué se exportan menos cajas, pero con una canasta de productos mucho más moderna y demandada en los mercados internacionales.
Un mapa de mercados que se reordena
La demanda también se está reacomodando. Estados Unidos, que históricamente ha representado algo más de la mitad de los envíos chilenos, verá una caída cercana al 10% en volumen durante el peak de la temporada de invierno del hemisferio norte, en un contexto de sobreoferta que llevó a los propios productores a autorregular sus despachos. En paralelo, la demanda desde Latinoamérica crece con fuerza, mientras que Asia retrocede, en un reacomodo que obliga a la industria a diversificar destinos con mayor sofisticación que en temporadas anteriores.
Un ejecutivo de Subsole, consultado durante la recta final de la temporada, resumió bien el nuevo estado de ánimo del sector: “todos estamos atentos a las nuevas variedades, pero ahora las decisiones son mucho más cuidadosas”. La frase condensa el giro de una industria que pasó de crecer a cualquier costo a crecer con mayor disciplina productiva y comercial.
Una victoria legal que despeja el camino a Estados Unidos
Más allá de los números de la temporada, el sector recibió una noticia especialmente relevante en el plano regulatorio: el Departamento de Justicia de Estados Unidos retiró su apelación contra un fallo que había favorecido al Systems Approach, el protocolo que permite exportar uva de mesa chilena a territorio estadounidense bajo condiciones fitosanitarias específicas, sin las exigencias adicionales que enfrentaba antes. La noticia ratifica el fallo previo a favor del mecanismo y despeja de incertidumbre legal a un instrumento clave para el acceso de la fruta chilena al mercado más importante del mundo para el sector.
Lo que viene
Con la campaña 2025-2026 llegando a su etapa final, la industria de la uva de mesa chilena ya mira hacia la próxima temporada con la vista puesta en consolidar el recambio varietal, profundizar la autorregulación de despachos hacia Estados Unidos y ganar terreno en los mercados latinoamericanos que hoy muestran el mayor dinamismo. Para una industria que exporta a más de 60 países y que sigue siendo uno de los pilares de la fruticultura de exportación chilena, el mensaje de esta temporada es que la resiliencia ya no se mide solo en volumen, sino en la capacidad de adaptar la oferta a lo que el mundo realmente está pidiendo.
