Después de una seguidilla de campañas golpeadas por la sequía, el agro argentino viene mostrando un repunte real: cosechas récord, exportaciones al alza y una baja permanente de impuestos al campo. Revisamos los datos de distintas fuentes para dimensionar qué tan sólido es este momento del sector.
Cosechas y exportaciones en niveles récord
La campaña 2024/25 cerró con 135,7 millones de toneladas de granos, un 2% por sobre el ciclo anterior y la segunda cosecha más alta de la historia, solo detrás de la campaña 2018/19, según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). El complejo agroindustrial exportó USD 50.549 millones en 2025, un 9,3% más que el año previo, de acuerdo con el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA), impulsado principalmente por soja, carne y trigo. Para la campaña 2025/26, distintos informes proyectan un nuevo récord histórico, por encima de las 150 millones de toneladas, con rindes de trigo cercanos a los máximos históricos y una cosecha de maíz que también apunta a niveles récord.
El repunte no se limita a los granos. Según un informe reciente citado por El Cronista de Las Colonias, la producción de girasol de la campaña 2024/25 creció 28,2% interanual, las legumbres subieron 57%, y la producción lechera alcanzó 11.618 millones de litros, el mayor volumen en una década. Las exportaciones de carne bovina crecieron 24% en valor, superando los USD 3.500 millones y acercándose al récord histórico de 1924, mientras que las de lana subieron casi 32% en volumen.
El motor detrás del repunte: la baja de retenciones
Buena parte de este envión tiene un componente de política económica. Desde julio de 2025, el gobierno de Javier Milei avanzó en sucesivas rebajas permanentes de los derechos de exportación (retenciones) para granos, oleaginosas y carnes. Tras los decretos 526/2025 y 877/2025, hoy la soja tributa 24% (venía de 33%) y el maíz 8,5% (venía de 12%), entre otros ajustes al trigo, la cebada, el girasol y las carnes. Según estimaciones de la Bolsa de Comercio de Rosario, la medida —sumada al fin de la brecha cambiaria— podría traducirse en un incremento del 8% en la producción agroindustrial hacia 2035, equivalente a unos USD 28.800 millones acumulados. Un análisis del IERAL calculó que el esquema tributario vigente mejora la rentabilidad neta del productor entre USD 38 y 76 por hectárea frente al escenario sin rebajas.
A esto se suma un récord en la emisión de warrants —instrumento de financiamiento que usa la producción como garantía—, por más de USD 2.079 millones, y la aprobación de 38 eventos de biotecnología agrícola en los últimos dos años, el mayor número registrado hasta ahora.
Las luces amarillas: no todo es parejo
Sin embargo, los mismos informes que celebran los récords de producción advierten sobre una rentabilidad mucho más ajustada y despareja de lo que sugiere el titular. Según un análisis de Infocampo sobre la campaña 2025/26, los márgenes netos por hectárea varían enormemente según la zona: de más de USD 600 en la región núcleo pampeana a apenas USD 15 a 50 en zonas de alto arriendo o del NEA, principalmente por el peso del costo de la tierra arrendada.
También hay señales de fragilidad financiera: a comienzos de 2025, Bloomberg Línea reportó pagarés impagos en el sector, que si bien los analistas no consideran un riesgo sistémico, sí reflejan que “viene muy golpeado el agro“, en palabras del economista Gabriel Caamaño Gómez. Y persiste la dependencia del clima: buena parte de las proyecciones de cosecha —incluida la de este ciclo— dependen de que seis meses de lluvias favorables se mantengan, algo que en la última década no siempre ocurrió.
Un repunte real, pero no parejo
Los datos duros —cosecha, exportaciones, carne, leche, lana, inversión en biotecnología— muestran una recuperación real y, en varios rubros, récords históricos. Pero hablar de un repunte sin matices sería exagerado: la rentabilidad de fondo sigue siendo estrecha para buena parte de los productores, especialmente en campos arrendados, y el sector arrastra fragilidades financieras y climáticas que no desaparecieron de un año para otro. Es, en definitiva, un repunte productivo real sostenido por un cambio de reglas tributarias, todavía a prueba de la próxima sequía.
