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La relación entre Chile y Perú entró en una nueva etapa de tensión política justo cuando ambos países siguen profundamente conectados por comercio, logística y agricultura. El punto de quiebre hoy está en la frontera norte: el gobierno de José Antonio Kast inició la construcción de zanjas y otras barreras en la zona de Chacalluta como parte de su “Plan Escudo Fronterizo”, en una señal de endurecimiento migratorio que ya reabre el debate sobre sus efectos económicos y bilaterales.

La medida llega en un momento especialmente sensible para Perú. El país atraviesa otra fase de alta inestabilidad institucional: su presidenta del Consejo de Ministros renunció antes de una votación clave en el Congreso, el gabinete debió reestructurarse y el gobierno transitorio de José María Balcázar enfrenta elecciones generales el 12 de abril, en medio de una crisis política que ya suma ocho presidentes en una década.

Una frontera más rígida en una relación comercial abierta

En lo estrictamente comercial, Chile y Perú mantienen una relación de larga data bajo el ACE N°38, vigente desde 1998, que eliminó aranceles y barreras para buena parte del intercambio bilateral. Ese marco ha permitido una integración comercial fluida, incluso en cadenas vinculadas a alimentos, agroindustria y servicios logísticos.

Esa apertura ha convivido con una competencia agrícola cada vez más intensa. Perú consolidó en 2025 un nuevo salto en sus exportaciones agro no tradicionales: su banco central informó que las exportaciones agropecuarias no tradicionales sumaron US$12.631 millones, un alza de 13,7% anual, impulsadas sobre todo por fruta. Además, el propio gobierno peruano anunció que en 2026 buscará abrir 16 nuevos mercados para su oferta agrícola.

Chile, por su parte, sigue mostrando un sector silvoagropecuario exportador dinámico. SUBREI reportó que en el primer trimestre de 2025 las exportaciones chilenas del sector silvoagropecuario y pesquero crecieron 23,6% interanual en volumen, mientras que el sector frutícola anotó embarques por US$4.820 millones entre enero y abril de 2025.

Agricultura: cooperación obligada, aunque aumente la competencia

La relación agrícola entre ambos países no es solo de competencia. También requiere coordinación sanitaria y fitosanitaria. Un ejemplo reciente fue la reapertura del mercado peruano para las manzanas chilenas en abril de 2025, tras un trabajo técnico entre el SAG y Senasa Perú. Ese episodio mostró que, incluso con tensiones, el comercio agro depende de acuerdos prácticos entre autoridades.

Por eso, el nuevo escenario fronterizo genera una inquietud adicional: aunque el plan de Kast está enfocado en migración irregular y seguridad, una relación bilateral más tensa podría dificultar el clima político para avanzar con rapidez en asuntos sensibles para el agro, como aperturas sanitarias, protocolos fitosanitarios o coordinación logística en la macrozona norte. Esto último es una inferencia razonable a partir de la interdependencia comercial vigente y del papel que cumplen los acuerdos técnicos en el comercio agrícola.

Economía regional bajo presión

La incertidumbre política peruana también tiene un costo económico. Reuters reportó que la reciente crisis del gas en Perú —la peor en dos décadas, tras la rotura de un gasoducto— afectó electricidad, manufactura y transporte, con efectos que podrían prolongarse durante marzo y empujar la inflación peruana hacia la parte alta del rango meta del banco central.

En ese contexto, la relación Chile-Perú entra en una zona delicada. Chile endurece la frontera en nombre de la seguridad. Perú enfrenta fragilidad política y tensión interna. Y, al mismo tiempo, ambos siguen necesitándose como vecinos, competidores y socios comerciales.

La nueva etapa entre Chile y Perú no se juega solo en la frontera. También se juega en la agricultura, en el comercio y en la capacidad de ambos países para separar la tensión política de la cooperación productiva.

Porque si el vínculo bilateral se enfría demasiado, el costo no sería solo diplomático. También podría sentirse en mercados, inversiones, logística y cadenas agroexportadoras que, hasta ahora, seguían operando con pragmatismo.