El mercado mundial de maquinaria agrícola atraviesa un salto tecnológico impulsado por la automatización y la agricultura de precisión, con los tractores autónomos creciendo a un ritmo de 25% anual. En Chile, un país que no fabrica maquinaria pesada a gran escala y depende casi por completo de la importación, esa transformación global se combina con una dinámica propia: un mercado abierto, fragmentado por tipo de cultivo, y expuesto de lleno al tipo de cambio.

Un mercado global que ya no gira solo en torno a la potencia

A nivel mundial, los tractores siguen dominando el mercado de maquinaria agrícola, representando cerca del 35% de las ventas totales del sector, según estimaciones de la consultora Global Growth Insights. Dentro de ese segmento, los tractores compactos y utilitarios concentran el 60% de las ventas, destinados principalmente a explotaciones pequeñas y medianas, mientras los tractores autónomos —todavía un nicho, pero de rápido crecimiento— aumentan su adopción a un ritmo de 25% anual, impulsados por la escasez de mano de obra rural y las mejoras en eficiencia que ofrece la automatización. Asia-Pacífico lidera el mercado global con más del 40% de participación, de la mano de los esfuerzos de mecanización de China e India, seguido por América del Norte y Europa, donde el foco está puesto en la agricultura inteligente.

Para el mercado sudamericano específicamente, la consultora Mordor Intelligence proyecta que el segmento de maquinaria para tractores agrícolas crecerá de US$4.550 millones en 2026 a US$6.790 millones hacia 2031. Dentro de ese universo, los equipos de arado y cultivo lideran hoy la participación de ingresos con un 33,35%, mientras la categoría de crecimiento más acelerado hasta 2031 serán los pulverizadores, con una tasa de crecimiento anual compuesta proyectada de 10,11%. Empresas como John Deere ya están adaptando su estrategia comercial a este nuevo escenario: la compañía apunta a que su modelo de suscripción tipo SaaS —que integra hardware, análisis agronómico y asistencia en campo— represente el 10% de sus ventas corporativas hacia 2030.

Lo que se viene en la próxima temporada de tractores

Las innovaciones presentadas en la feria Agritechnica 2025 anticipan un 2026 marcado por motores más potentes, sistemas de asistencia avanzados, funciones de conducción autónoma, cabinas más ergonómicas y una mayor incorporación de tractores eléctricos, en una industria que combina cada vez con más fuerza potencia, eficiencia y funciones inteligentes orientadas a reducir la fatiga del operador y optimizar el uso de recursos.

Chile, un campo de batalla para las marcas globales

A diferencia de Brasil o Argentina, Chile no cuenta con una industria propia de maquinaria pesada a gran escala: prácticamente toda la maquinaria agrícola que se usa en el país es importada, lo que convierte al mercado chileno en un terreno de competencia directa entre marcas internacionales. La amplia red de Tratados de Libre Comercio que mantiene el país permite que la mayoría de estos equipos ingresen con arancel cero, reduciendo el costo relativo de traer tecnología desde el extranjero, aunque esa misma condición expone al sector a un riesgo cambiario relevante: como la maquinaria se transa en dólares, una devaluación del peso chileno encarece directamente la inversión para los productores locales.

El mercado local además se segmenta con claridad según el tipo de agricultura. Mientras los grandes productores cerealeros de La Araucanía priorizan maquinaria de gran potencia y agricultura de precisión satelital para operar en extensiones amplias, los fruticultores y viticultores de la zona central buscan tractores compactos —conocidos como “tractores fruteros”— capaces de operar entre hileras estrechas sin dañar los cultivos, una topografía de trabajo muy distinta a la de los grandes cultivos extensivos. Brasil se ha consolidado como uno de los principales socios comerciales del sector en la región, además de la presencia consolidada de marcas globales como John Deere, CNH Industrial, AGCO, Kubota y Mahindra, que en conjunto concentran buena parte de los ingresos del mercado sudamericano de tractores.

El financiamiento, la otra cara del negocio

Más allá de la tecnología, el acceso a financiamiento sigue siendo un factor determinante para la renovación del parque de maquinaria en Chile. El sistema financiero local —banca y leasing— ofrece productos relativamente maduros para la adquisición de maquinaria agrícola, utilizando el propio equipo como garantía, lo que ha facilitado que proveedores internacionales que ofrecen financiamiento directo o plazos extendidos vayan ganando terreno frente a aquellos que exigen pago de contado.

Lo que viene

Con un mercado mundial que avanza hacia la automatización y la conectividad, y un mercado chileno estructuralmente dependiente de la importación, el desafío para distribuidores y productores locales pasa cada vez menos por comprar “más” maquinaria, y cada vez más por elegir con precisión el equipo adecuado para cada tipo de cultivo, negociar condiciones de financiamiento competitivas y anticipar el impacto del tipo de cambio en una inversión que, para buena parte del agro chileno, sigue siendo una de las más significativas de cada temporada.

por Juan Lagos