Las regiones de Atacama y Coquimbo se consolidaron como las zonas más golpeadas por el sistema frontal que azotó a Chile durante julio, concentrando la mayor parte de las pérdidas económicas del país y las únicas dos regiones bajo estado de catástrofe. Comercio, turismo, pequeña minería y agricultura reportan daños que los propios gremios locales todavía están cuantificando, mientras la lluvia más intensa registrada en 54 años en el valle del Elqui dejó, junto con la destrucción, un inesperado alivio hídrico para una zona que arrastraba años de sequía severa.
El comercio, con el golpe más cuantificado hasta ahora
La Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Chile (CNC) fue el primer gremio en poner una cifra dura sobre la mesa: a nivel nacional, el comercio minorista acumuló pérdidas de entre US$20 y US$25 millones durante los primeros cuatro días de la emergencia, concentradas en 31 comunas de nueve regiones entre Coquimbo y La Araucanía, donde operan más de 30.500 empresas minoristas. De ese total, la propia CNC precisó que la Región de Coquimbo concentra aproximadamente dos tercios de las pérdidas, con un rango específico de entre US$9,9 y US$12,1 millones solo para la región. El gremio identificó a los pequeños comercios de barrio —almacenes, panaderías, restaurantes, cafeterías, farmacias independientes y peluquerías— como los más afectados, principalmente por inundaciones y cortes prolongados de electricidad.
A nivel local, el presidente de la Cámara de Comercio de Coquimbo, Hernán Julio, entregó una estimación propia y más acotada, todavía en desarrollo: pérdidas equivalentes a entre 2.500 y 3.800 millones de pesos, a las que se suma un daño directo a la infraestructura turística de entre 530 y 900 millones de pesos.
El agro, entre la incertidumbre y un respiro hídrico
En el plano agrícola, la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA) manejaba hasta el 21 de julio una estimación preliminar —basada en cálculos de terceros— de US$200 millones en daños para el sector rural entre las regiones de Atacama y Los Lagos, aclarando que “hasta ahora no observamos pérdidas generalizadas en la producción agrícola”, aunque sí advirtió que la mayor inquietud se concentra específicamente en la pequeña agricultura de Atacama y Coquimbo, donde los daños en infraestructura productiva, invernaderos y sistemas de riego todavía no estaban cuantificados.
Esa cautela inicial cambió pocos días después. El presidente de la SNA, Antonio Walker, fue categórico al advertir que el costo económico del sistema frontal que azotó específicamente a las regiones de Atacama y Coquimbo será muy superior a las primeras estimaciones: “los US$400 millones de daños estimados al inicio se quedan muy cortos”, declaró a Diario Financiero, identificando la reconstrucción de infraestructura como el mayor desafío que enfrentará el sector en los próximos meses.
La cifra de US$400 millones a la que hace referencia Walker proviene de un catastro de la consultora Colliers, según el cual, al 20 de julio, la afectación conjunta en agricultura, viviendas y obras públicas —a nivel nacional, no solo en Coquimbo— ya superaba ese monto, el doble de lo estimado apenas un día antes. Es importante precisar que esta cifra combina tres categorías de daño distintas, por lo que no equivale directamente a una estimación exclusiva del sector agrícola, aunque el propio Walker la usó como referencia para advertir que el costo total en Atacama y Coquimbo la superará.
El costo humano y material más allá de las cifras económicas
El Gobierno decretó estado de catástrofe para la Región de Coquimbo y la Provincia del Huasco, en la Región de Atacama, las dos zonas donde se concentró el mayor impacto del sistema frontal. Más allá de los montos, el fenómeno dejó en Coquimbo más de 3.400 viviendas afectadas, según reportes de la zona, y un registro pluviométrico histórico: la estación Salamanca-Pisco Elqui acumuló 282,8 milímetros de agua hasta la mañana del martes 21 de julio, la lluvia más intensa registrada en esa zona en los últimos 54 años. El presidente de la SNA, Antonio Walker, calificó el fenómeno como “el río atmosférico más grande que yo haya visto en 40 años, desde que estoy en la agricultura”.
Sobre Atacama en particular, la información disponible hasta ahora es menos desagregada: la mayoría de los gremios y catastros citados en esta nota —comercio, agro, minería— reportan sus cifras de daño combinando Atacama y Coquimbo como una sola zona de mayor impacto, sin un desglose específico en dólares para la Provincia del Huasco, algo que previsiblemente se irá precisando en los próximos días a medida que avancen los catastros.
Un respiro hídrico tras años de sequía severa
En medio del balance de daños, la propia SNA destacó un efecto que califica como positivo para la zona: Coquimbo, que había perdido 40% de su superficie agrícola a causa de la sequía de los últimos años, registró entre 124 y 221 centímetros de nieve en sus estaciones monitoreadas y recibió más de 200 millones de metros cúbicos de agua en sus embalses, mejorando la disponibilidad hídrica para los próximos tres a cinco años. Los embalses La Paloma, Cogotí y Puclaro figuran entre los principales beneficiados. “El lado positivo para el agro es la recuperación de niveles en embalses después de años de prolongada sequía”, señaló Gil, de Colliers.
Otros sectores golpeados en la zona
La pequeña minería de la zona también reportó impacto directo. La Sociedad Nacional de Minería (Sonami) alertó sobre daños en caminos, infraestructura crítica y accesos a faenas en las regiones de Atacama, Coquimbo y Valparaíso, que afectan a cientos de pequeños productores mineros, según su presidente, Jorge Riesco, quien pidió un plan de apoyo específico para ese sector. El turismo también sintió el golpe: la Asociación Chilena de Líneas Aéreas (Achila) confirmó la suspensión de vuelos desde y hacia La Serena por las condiciones de la pista del aeropuerto durante la emergencia.
Lo que viene
Especialistas consultados por medios locales anticipan que la reconstrucción completa de caminos, infraestructura y servicios en Coquimbo podría tomar hasta dos años, dependiendo de la disponibilidad de recursos, un horizonte que previsiblemente también aplicará para las zonas afectadas de Atacama. Con el sistema frontal todavía sin dar tregua total al cierre de esta nota y los distintos gremios —comercio, agro, minería y turismo— trabajando cada uno con sus propias metodologías de cálculo, el balance final de pérdidas para la Tercera y la Cuarta Región seguirá ajustándose en las próximas semanas, a medida que los equipos en terreno logren acceder a las zonas hoy aisladas por los cortes de ruta.
por José Rios
