Un tractor moderno es, en la práctica, un computador sobre ruedas: GPS, sensores, telemetría y software propietario que decide si una reparación se puede hacer en el propio campo o si hay que remolcar la máquina hasta un concesionario autorizado. Tras años de presión, los agricultores estadounidenses lograron en 2026 una seguidilla de victorias legales y regulatorias que están obligando al fabricante más grande del rubro a abrir esa caja negra.
Durante más de una década, comprar un tractor John Deere significó comprar una herramienta de trabajo cuya “llave digital” seguía, en los hechos, en manos del fabricante. Cualquier avería que requiriera acceso al software de diagnóstico obligaba al agricultor a esperar a un técnico autorizado, incluso en plena temporada de siembra o cosecha, cuando cada día de máquina detenida se traduce en pérdida real de producción. Ese conflicto, conocido como el movimiento del “derecho a reparar” (right to repair), atravesó en 2026 uno de sus años más decisivos.
La primera ley, ya con tres años de historia
Conviene ser precisos sobre qué fue exactamente “lo histórico” y cuándo ocurrió. La primera ley de este tipo específica para maquinaria agrícola en Estados Unidos no es de este año: el 25 de abril de 2023, el gobernador de Colorado, Jared Polis, promulgó la Consumer Right to Repair Agricultural Equipment Act (HB23-1011), convirtiendo a Colorado en el primer estado del país en exigir por ley que los fabricantes de maquinaria agrícola —incluyendo a John Deere y CNH Industrial— entreguen a sus propios clientes y a talleres independientes las piezas, el software, las herramientas de diagnóstico y los manuales necesarios para reparar sus propios equipos. La ley entró en vigencia el 1 de enero de 2024. Minnesota promulgó ese mismo año una ley similar que, a diferencia de la de Colorado, cubrió tanto electrodomésticos como maquinaria agrícola dentro de un mismo marco legal.
A nivel federal, un proyecto de ley específico —la Agricultural Right to Repair Act— fue presentado en la Cámara de Representantes de Estados Unidos en septiembre de 2023, pero hasta hoy no ha sido aprobado como ley nacional. La organización U.S. PIRG Education Fund calculó que una ley nacional de este tipo para maquinaria agrícola podría ahorrarles a los agricultores estadounidenses hasta US$4.200 millones al año, entre menores costos de reparación y menor pérdida de productividad por tiempos de espera.
El año del ajuste de cuentas: 2026 y la ofensiva regulatoria contra Deere
Lo que sí ocurrió de forma concentrada durante 2026 fue una seguidilla de golpes regulatorios y judiciales dirigidos específicamente contra John Deere, el mayor fabricante de maquinaria agrícola del mundo, que en conjunto representan el avance más significativo del movimiento hasta la fecha.
En febrero de 2026, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) publicó una guía dejando en claro que la Ley de Aire Limpio —invocada durante años por fabricantes como excusa para restringir el acceso a herramientas de diagnóstico, alegando razones de control de emisiones— no puede usarse como escudo legal para negar el derecho a reparación.
En abril de 2026, John Deere aceptó pagar US$99 millones para cerrar una demanda colectiva presentada en 2022, que acusaba a la compañía de monopolizar las reparaciones de su maquinaria y de restringir deliberadamente el acceso a su software de diagnóstico, forzando a los agricultores a recurrir a concesionarios que cobraban precios inflados. Como parte del acuerdo, la empresa se comprometió a abrir a agricultores y talleres independientes las mismas herramientas de diagnóstico que hasta entonces solo tenían sus concesionarios autorizados, y a permitir diagnósticos y reprogramaciones en modo offline antes de que termine 2026.
El golpe más contundente llegó en julio de 2026, cuando Minnesota y otros cuatro estados se sumaron a la Comisión Federal de Comercio (FTC) en un acuerdo con John Deere que obliga a la compañía a ofrecer, durante los próximos 10 años, los mismos recursos de diagnóstico a agricultores y talleres de reparación independientes que ya ofrece a sus concesionarios autorizados, en condiciones que la propia FTC calificó de justas y razonables. La demanda, presentada originalmente en enero de 2025 por fiscales de Minnesota, sostenía que la compañía había actuado de forma ilegal al inflar los costos de reparación de los agricultores y degradar su capacidad de obtener reparaciones a tiempo.
Un escepticismo bien fundado
No todos dentro del propio movimiento del derecho a reparar reciben estos acuerdos con total confianza, y por una razón concreta: no es la primera vez que John Deere promete abrir su tecnología. En 2018, los fabricantes de maquinaria agrícola ya se habían comprometido a entregar información de mantenimiento, diagnóstico y reparación a sus usuarios antes de 2021, un compromiso que finalmente no cumplieron. En enero de 2023, la compañía llegó además a un memorando de entendimiento con la American Farm Bureau Federation prometiendo información similar a agricultores y talleres independientes, acuerdo que tampoco disipó por completo las dudas de los defensores del derecho a reparar sobre si la empresa efectivamente cambiaría su forma de operar.
Esa historia de promesas incumplidas explica por qué el acuerdo de la FTC de este año incluye algo que los anteriores no tenían: una década completa de supervisión regulatoria directa, precisamente para evitar que la compañía repita el patrón de comprometerse públicamente sin cumplir después en la práctica.
Un movimiento más amplio, no solo tractores
El derecho a reparar maquinaria agrícola es, en realidad, la expresión de un movimiento mucho más amplio que ya alcanzó a electrónica de consumo, sillas de ruedas motorizadas y otros equipos técnicos. Según un relevamiento legislativo de mediados de 2026, al menos seis estados —Nueva York, California, Oregón, Colorado, Minnesota y Massachusetts— ya promulgaron leyes de derecho a reparar en alguna de sus formas, y un total de 23 estados han aprobado o avanzado legislación de este tipo desde 2020. Oregón, por ejemplo, aprobó en 2024 la primera ley del país que prohíbe explícitamente el “emparejamiento de piezas” (parts pairing): la práctica de software que bloquea componentes de repuesto genuinos pero no autorizados por el fabricante, a menos que se use una herramienta propietaria para validarlos —una táctica que también ha sido señalada como parte del problema en la maquinaria agrícola.
Qué significa esto para los agricultores
Para el productor agrícola estadounidense, la combinación de estos avances —una ley estatal pionera que ya lleva tres años de vigencia, sumada a una ofensiva regulatoria y judicial de 2026 dirigida específicamente contra el mayor fabricante del sector— representa el avance más concreto hasta la fecha hacia un objetivo que el propio movimiento lleva más de una década persiguiendo: que comprar una máquina agrícola vuelva a significar tener control real sobre cómo, cuándo y por quién se repara, en vez de depender de una licencia de software que el fabricante puede restringir a su conveniencia. La diferencia esta vez, dicen los propios defensores del derecho a reparar, es que hay una década de vigilancia regulatoria puesta específicamente para comprobar si esa promesa, ahora sí, se cumple.
Fuentes: National Agricultural Law Center, Forvis Mazars US, Colorado General Assembly (HB23-1011), KLRD, NYC Food Policy Center, Dentons, Farm Action, Consumer Electronics Daily, Chattanooga Times Free Press, NPR, Xataka, Enrique Dans, Ecoticias, Agriculteca.
por Juan Lagos
