Lo que hace una década era un concepto casi marginal, defendido por un puñado de productores y consultores ligados al manejo holístico, se transformó en uno de los segmentos de mayor crecimiento dentro de la agroindustria mundial. La ganadería regenerativa —y la agricultura regenerativa en general— ya mueve un mercado global valuado entre US$9.000 y US$12.000 millones, con proyecciones de crecimiento anual de entre 12% y 18% durante la próxima década, impulsado por gigantes como Nestlé, Cargill, Mars y Patagonia.

De qué se trata exactamente

La ganadería regenerativa se define como un modelo de manejo pastoril que busca imitar los patrones naturales de pastoreo de los grandes herbívoros silvestres, en lugar de confrontar con los ciclos del ecosistema. En la práctica, se traduce en pastoreo racional o holístico —rotaciones frecuentes de los animales entre potreros para permitir la recuperación de las pasturas— sistemas silvopastoriles que integran árboles y ganado en un mismo espacio, la eliminación o reducción drástica de hormonas y promotores de crecimiento sintéticos, y un fuerte énfasis en el bienestar animal. El objetivo declarado no es solo producir carne o leche, sino regenerar activamente la salud del suelo, la biodiversidad y los ciclos del agua del predio donde se practica.

Los números detrás del boom

Las estimaciones sobre el tamaño del mercado varían según la consultora, pero todas apuntan en la misma dirección. Según Grand View Research, el mercado global de agricultura y ganadería regenerativa alcanzó US$12.660 millones en 2024 y podría llegar a US$57.160 millones hacia 2033, con un crecimiento anual compuesto de 18,7%. Otras consultoras como Mordor Intelligence proyectan un mercado de US$10.530 millones en 2026, escalando a US$20.690 millones hacia 2031, mientras IMARC Group estima que el mercado pasará de US$11.300 millones en 2025 a US$31.000 millones en 2034. Más allá de la cifra exacta, el consenso entre analistas es contundente: se trata de uno de los segmentos agroalimentarios de mayor crecimiento porcentual a nivel mundial, muy por encima del promedio del sector agrícola en general.

Norteamérica concentra hoy la mayor participación del mercado, con cerca de 36% del total, impulsada por fondos climáticos del USDA y una infraestructura de créditos de carbono ya consolidada.

Por qué resulta tan atractiva para los productores

Más allá del argumento ambiental, la ganadería regenerativa se sostiene sobre un argumento económico concreto: estimaciones de la industria calculan que las prácticas regenerativas pueden aumentar los ingresos de un productor entre 20% y 30%, principalmente por la vía de reducir costos de insumos externos —menos fertilizantes sintéticos, menos suplementación— y acceder a mercados diferenciados dispuestos a pagar un sobreprecio por productos certificados como regenerativos. A eso se suma el mercado emergente de bonos de carbono: estudios recientes confirman incrementos de carbono en el suelo de hasta 2 a 3 toneladas por hectárea al año en sistemas regenerativos, con los sistemas silvopastoriles destacando como una de las herramientas más efectivas de secuestro de carbono a nivel de sistema productivo completo.

Las grandes marcas que ya apostaron por el modelo

El respaldo corporativo es, quizás, el indicador más claro de que esto dejó de ser una tendencia de nicho. Nestlé comprometió 1.200 millones de francos suizos (unos US$1.490 millones) hasta 2025 para que la mitad de sus materias primas prioritarias provenga de agricultura regenerativa hacia 2030. Mars, Incorporated formó alianzas plurianuales con proveedores como ADM y Cargill para avanzar en agricultura regenerativa dentro de su división de nutrición para mascotas en Europa. Marcas de consumo masivo como Patagonia, Ben & Jerry’s, Whole Foods Market, Applegate Farms y Niman Ranch también figuran entre los actores que ya integraron principios regenerativos a sus cadenas de abastecimiento, mientras organizaciones como Rainforest Alliance desarrollaron normas específicas de certificación para productos regenerativos.

El impulso regulatorio que llegó para quedarse

Buena parte del crecimiento proyectado para los próximos años no depende solo de la demanda voluntaria de los consumidores, sino de la regulación. La Ley de Restauración de la Naturaleza de la Unión Europea obliga a los Estados miembros a rehabilitar el 20% de sus ecosistemas degradados hacia 2030, mientras el Reglamento europeo contra la deforestación —cuya aplicación a operadores grandes y medianos entra en vigencia el 30 de diciembre de 2026— empuja a toda la cadena agroalimentaria europea hacia estándares más exigentes de trazabilidad y sostenibilidad. Analistas del sector destacan que este tipo de demanda impulsada por cumplimiento normativo tiene una ventaja sobre la adopción puramente voluntaria: no se reduce cuando caen los precios de los commodities, lo que le da al mercado una base de crecimiento más estable en el tiempo.

América Latina, un terreno fértil para el modelo

La región tiene condiciones particulares que explican por qué la ganadería regenerativa avanza con fuerza en países como Colombia, Argentina y Chile. Proyectos de sistemas silvopastoriles en Colombia ya demuestran secuestros de hasta 2,5 toneladas de carbono por hectárea al año, y si se adoptaran masivamente a nivel global, este tipo de sistemas podría capturar entre 0,4 y 0,98 mil millones de toneladas de carbono anuales. En Chile, el propio Ministerio de Agricultura lanzó recientemente un programa de US$39,2 millones para escalar prácticas regenerativas en el sector silvoagropecuario, un movimiento que se replica en distintos países de la región a medida que gobiernos y gremios buscan responder tanto a la crisis climática como a las nuevas exigencias de los mercados de exportación.

¿Es la tendencia que viene?

Con un mercado que crece a tasas de doble dígito, el respaldo de algunas de las mayores corporaciones de alimentos del mundo, un marco regulatorio europeo que entra en vigor este mismo año, y evidencia creciente sobre su rentabilidad para el productor, todo indica que la ganadería regenerativa dejó de ser una alternativa marginal para transformarse en uno de los ejes centrales de cómo se producirá carne y leche durante la próxima década. La propia investigadora Tatiana Chamorro-Vargas resume el desafío pendiente: los agricultores pueden parecer los principales tomadores de decisiones, pero son las políticas públicas y las condiciones de mercado las que terminan definiendo qué tan rápido y qué tan lejos llega esta transformación.