El mercado global de fertilizantes y bioestimulantes enfrenta en 2026 tensiones geopolíticas sin precedentes, con precios en máximos históricos y una revolución biológica que avanza con fuerza. En Chile, la industria tiene plazo hasta el 28 de agosto para adaptarse a la Ley 21.349, la nueva normativa que cambia las reglas del juego.

El mundo agrícola vive uno de sus momentos más complejos en materia de insumos. La convergencia de conflictos en Medio Oriente, restricciones energéticas y una creciente demanda global por soluciones biológicas está reconfigurando el mercado de los fertilizantes y los bioestimulantes de una manera que pocos anticipaban hace apenas dos años. Chile no está ajeno a ese proceso: a menos de diez semanas de que entre en vigencia la nueva ley que regula estos productos, el sector local enfrenta un cambio de fondo que mezcla exigencia regulatoria con oportunidad de modernización.

Contexto global de los fertilizantes en 2026

El punto de partida de cualquier análisis es el precio. En lo que va de 2026, el mercado mundial de fertilizantes ha registrado alzas que no se veían desde los peores meses del conflicto entre Rusia y Ucrania en 2022. El índice de referencia norteamericano que combina urea, potasa y DAP acumuló un alza de 51,5% en el último año, con la urea alcanzando los 674 dólares por tonelada hacia mediados de marzo. El Banco Mundial registró en ese período un incremento mensual del índice de fertilizantes de 26,2%, uno de los más pronunciados entre todos los commodities.

El Estrecho de Ormuz es el eje explicativo de esta crisis. Por esa vía marítima transita cerca del 30% del comercio global del sector. Las interrupciones en rutas clave llegaron a reducir el tráfico marítimo hasta en un 95% en momentos críticos del conflicto en Medio Oriente, generando retrasos y encareciendo los fletes de manera dramática. JPMorgan calculó que el mundo contaba con reservas estratégicas de fertilizantes para apenas 25 días antes de que las consecuencias físicas comenzaran a afectar la capacidad de producción agrícola.

No todos los fertilizantes reaccionaron igual. Los nitrogenados, especialmente la urea, lideraron las alzas porque su producción depende directamente del gas natural como materia prima. En Europa, el encarecimiento del gas está presionando los costos de producción al máximo. En Arabia Saudí, los fosfatados debieron redirigir exportaciones por rutas más largas y costosas, mientras que Marruecos ganó posicionamiento como proveedor alternativo ante la ausencia de China en el mercado internacional. La potasa, en cambio, mostró un comportamiento más estable, aunque con retrasos logísticos puntuales.

En 2025, los precios promedio de la urea, el DAP y el cloruro de potasio subieron 25%, 22% y 18% respectivamente. El menor precio del petróleo no alcanzó a compensar el encarecimiento del gas natural, que junto a las restricciones exportadoras chinas explica en gran medida ese comportamiento.

China es un actor central en esta dinámica. El gigante asiático controla el 44% del fosfato mundial y el 30% del nitrógeno global. Durante 2026, ordenó a sus exportadores detener envíos y liberar reservas nacionales, lo que profundizó la presión sobre los mercados internacionales. Esta concentración de poder en la cadena de suministro es uno de los principales riesgos estructurales del sector a nivel global.

El consumo mundial de fertilizantes nitrogenados alcanza 209,4 millones de toneladas, con la urea concentrando el 55% del uso total. Más de 1.400 millones de hectáreas dependen de este insumo, lo que explica su peso estratégico en la seguridad alimentaria mundial.

Europa responde con un plan de acción para fertilizantes

El 19 de mayo de 2026, la Comisión Europea adoptó su Fertiliser Action Plan en un contexto que calificó sin eufemismos como de “tormenta perfecta”. La agricultura europea consume 12 millones de toneladas de fertilizantes al año, con más del 30% importado desde fuera del bloque. La vulnerabilidad quedó expuesta.

El plan estructura su respuesta en tres ejes: aumentar la disponibilidad y asequibilidad a corto plazo, reforzar la autonomía estratégica de la Unión y mejorar la transparencia en la cadena de suministro. Las medidas incluyen movilizar la reserva agrícola europea, flexibilizar pagos anticipados de la Política Agrícola Común y acelerar la transición hacia fertilizantes de base biológica y bajos en carbono.

Las áreas de innovación que el plan identifica como prioritarias son relevantes para entender hacia dónde se mueve el sector global: bioestimulantes y soluciones microbianas, amoniaco verde producido con energías renovables, y agricultura de precisión capaz de reducir entre 20 y 30% el uso de fertilizantes sin afectar el rendimiento. La Comisión también impulsa el uso de digestato, estiércol procesado y nutrientes reciclados como alternativas a los fertilizantes de síntesis química.

El mercado global de bioestimulantes: el sector que crece con la crisis

Si hay un sector que se beneficia de la presión sobre los fertilizantes convencionales, ese es el de los bioestimulantes. El mercado global del rubro alcanzó los 3.963 millones de dólares en 2024, con un crecimiento de 3,7% en un año difícil. Las proyecciones para la próxima década son de expansión sostenida: desde los 4.560 millones de dólares en 2026, el mercado podría llegar a los 13.220 millones en 2035, con una tasa de crecimiento anual compuesta de entre 10,5% y 12,54% según distintas consultoras internacionales.

Los ingredientes activos no microbianos, como los ácidos húmicos y los extractos de algas marinas, representan casi el 50% del valor del mercado global de bioestimulantes. Europa concentra más del 38% de la cuota mundial, impulsada por regulaciones ambientales estrictas y la adopción extendida de prácticas de agricultura orgánica. El tratamiento foliar es el modo de aplicación dominante, con alrededor del 79% del total.

Entre 2023 y 2025, el 42% de los lanzamientos de productos correspondió a bioestimulantes a base de microbios o extractos de algas, reflejando una tendencia fuerte hacia la formulación biológica. Actualmente hay más de 500 empresas activas en este sector a nivel mundial, con un mercado aún altamente fragmentado: las cinco principales firmas concentran entre el 25 y el 30% del total. Entre los líderes figuran Valagro, BASF, Biolchim y Koppert Biological Systems.

El encarecimiento del nitrógeno sintético está acelerando un fenómeno ya en marcha: la búsqueda de bioestimulantes que mejoren la eficiencia nutricional de los cultivos, permitiendo usar menos fertilizante sin sacrificar rendimiento. Esa es, precisamente, la lógica que hace de este segmento uno de los más dinámicos de la agroindustria global.

Lo que el INIA demostró en Chile sobre fertilizantes y bioestimulantes

Un estudio del Instituto de Investigaciones Agropecuarias de Chile aporta evidencia concreta sobre el potencial de esa combinación. Científicos del INIA, en colaboración con investigadores del Centro de Excelencia Microbiano de Guatemala, demostraron que ciertas bacterias beneficiosas del suelo permiten reducir la fertilización química sin pérdida de productividad.

El ensayo se realizó en cultivos de tomate con dos niveles de fertilización: uno al 100% y otro reducido al 66%. Los resultados fueron contundentes. Al combinar la dosis reducida con las bacterias, el peso promedio de los tomates cosechados aumentó entre 1,5 y 2 veces respecto a otros tratamientos. El rendimiento con fertilizante al 66% fue comparable al del programa convencional al 100%, lo que demuestra que es posible reducir el costo de insumos sin sacrificar producción.

Este tipo de investigación apunta directamente a la lógica que está impulsando al sector de los bioestimulantes en todo el mundo: no se trata solo de reemplazar lo químico con lo biológico, sino de hacer más eficiente lo que ya se usa.

La Ley 21.349 y los fertilizantes y bioestimulantes en Chile desde el 28 de agosto

En este contexto global, el mercado de fertilizantes y bioestimulantes en Chile enfrenta un cambio normativo de fondo que lleva años de preparación y que entra en su etapa final. A partir del 28 de agosto de 2026, entra en plena vigencia la Ley N° 21.349, que establece nuevas normas sobre composición, etiquetado y comercialización de fertilizantes y bioestimulantes. El Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) emitió esta semana una alerta dirigida a todos los actores de la industria para que se informen y adecúen sus procesos antes del vencimiento del plazo.

La normativa será obligatoria para toda persona natural o jurídica que fabrique, importe, comercialice, distribuya o exporte estos productos en territorio nacional.

Qué debe incluir la nueva etiqueta

Las nuevas etiquetas deberán indicar la composición del producto y sus parámetros de calidad, la presencia de contaminantes, instrucciones de uso y medidas de seguridad para la manipulación. También deben señalar el número de lote, la fecha de fabricación y de vencimiento, y especificar si el producto fue elaborado en Chile o importado.

En el caso de los bioestimulantes, las exigencias son aún más específicas. La etiqueta debe indicar si se trata de un bioestimulante solo o en mezcla con fertilizantes, y especificar si es de origen microbiano o no microbiano. Además, la etiqueta no puede hacer mención a aptitudes plaguicidas ni similares: esa distinción es uno de los ejes de la nueva normativa.

Una distinción que cambia el mercado de insumos en Chile

Uno de los avances más relevantes de la Ley 21.349 es la separación formal entre fertilizantes, bioestimulantes y plaguicidas. A partir de esta normativa, los bioestimulantes tienen su propia categoría. Esto implica que, mientras los plaguicidas —incluidos los biológicos— requieren un proceso de registro y autorización para ser comercializados, en el área de nutrición el proceso corresponde a una declaración.

Sin embargo, esta separación no es absoluta. Quedan fuera de la categoría de bioestimulantes, y pasan a ser clasificados como plaguicidas, los reguladores de crecimiento, los inhibidores de etileno, los antiescaldantes, los reguladores de cuaja y los controladores de maduración, entre otros. El SAG tiene además la facultad de ampliar esta lista mediante resolución.

Registro Único Nacional para fertilizantes y bioestimulantes

La ley crea un Registro Único Nacional que deben integrar fabricantes, formuladores, productores, comercializadores, envasadores, importadores y exportadores. Quienes ya cuenten con iniciación de actividades ante el SII al 28 de agosto tendrán nueve meses para solicitar su inscripción en el Registro. Una vez inscritos, deberán reportar anualmente los volúmenes producidos, comercializados e importados por producto.

El SAG queda facultado para realizar toma de muestras en cualquier momento y lugar, en cualquier etapa del ciclo de vida de los productos. Los que no cumplan con los contenidos mínimos nutricionales o superen los máximos de contaminantes no podrán ser distribuidos ni comercializados en el país.

Multas y período de adaptación

Las multas por incumplimiento no son bajas. El SAG ha anunciado su disposición a responder consultas antes de que la norma entre en plena vigencia, reconociendo que la exigencia técnica de las nuevas etiquetas implica un esfuerzo concreto para toda la cadena.

La ley fue diseñada tomando como referencia el modelo europeo, el Reglamento 2019/1009. Antes de su implementación, el SAG acogió observaciones de la industria y la academia y realizó ajustes. La exigencia original de declarar en la etiqueta el género, especie y cepa exacta de cada microorganismo fue flexibilizada para no asfixiar los desarrollos biológicos locales. En materia de metales pesados y patógenos, las exigencias se mantienen intransigentes.

Señales para el campo chileno

El escenario que describen este panorama global y local tiene implicancias directas para los agricultores chilenos. El alza sostenida en los precios de los fertilizantes convencionales, impulsada por factores geopolíticos fuera del control del sector, presiona los márgenes en todos los rubros. Al mismo tiempo, la consolidación del mercado de bioestimulantes como alternativa complementaria y la nueva normativa chilena que le da respaldo legal abren una oportunidad concreta para avanzar hacia una nutrición vegetal más eficiente.

Chile llega a este momento con una institucionalidad más preparada. La Ley 21.349 no es solo un cambio de etiqueta: es el reconocimiento formal de que los fertilizantes y bioestimulantes son categorías distintas, con lógica y regulación diferente, y que el acceso a información veraz sobre los insumos que se aplica al suelo es un derecho del productor.

El plazo vence el 28 de agosto de 2026. El sector tiene menos de diez semanas para estar al día.


Diario Agrícola — diarioagricola.com — junio de 2026