Mientras Argentina celebra cosechas históricas y exportaciones agroindustriales que no dejan de crecer, especialistas internacionales lanzaron una advertencia que contrasta fuertemente con ese relato de éxito: durante décadas, el país extrajo mucho más fósforo del suelo del que repuso, y ese déficit ya está golpeando la productividad futura del campo.
Un panel con un título que no deja lugar a dudas
La advertencia se dio en el marco de la XXXIV edición del Congreso Aapresid, realizado en el Salón Metropolitano de Rosario junto a Expoagro, con más de 12.500 asistencias. Uno de los paneles centrales del encuentro llevó un nombre directo: “Nos estamos comiendo el fósforo de los suelos argentinos, ¿hacia dónde vamos y cómo lo corregimos?”. Participaron el brasileño Leonardus Vergütz, Chief Scientific Officer de la firma OCP Nutricrops, la especialista estadounidense Cristine Morgan, y el consultor argentino en fertilidad de suelos Fernando García, quien ofició de moderador.
“Argentina tiene suelos óptimos y fértiles, pero extrajo durante décadas más fósforo del que repuso, y eso está disminuyendo la sustentabilidad de la agricultura, su productividad y el secuestro de carbono”, señaló Vergütz durante su exposición. Según los datos aportados por García sobre los últimos 30 años, el país extrajo del suelo cerca de 4,5 millones de toneladas de fósforo, y aunque en los años más recientes la reposición llegó al 60%, el balance general sigue siendo negativo.
Una caída que ya se mide en porcentajes alarmantes
El diagnóstico se complementa con datos expuestos en el Simposio Regional Fertilidad 2026, realizado en Santa Rosa ante más de 350 asistentes entre técnicos, investigadores, productores y empresas. Según ese encuentro, el fósforo de los suelos argentinos registra hoy una caída promedio del 82% respecto a su condición prístina original, ubicándose en niveles críticos de deficiencia en amplias zonas agrícolas del país. El zinc aparece como el segundo nutriente más afectado, porque —según se explicó en el simposio— “se repone bastante menos de lo que se exporta”, mientras que solo el boro se mantiene en niveles razonables. De acuerdo al análisis presentado, buena parte de las actuales brechas de rendimiento del campo argentino ya no se explican solo por la falta de lluvias, sino también por esta degradación nutricional acumulada del suelo.
El Congreso ya empuja un proyecto de ley
La preocupación por este diagnóstico llegó incluso al Congreso de la Nación. En junio de 2026, representantes de Fertilizar Asociación Civil y de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (Fada) expusieron ante la Comisión de Agricultura y Ganadería de la Cámara de Diputados, calificando a Argentina entre “los peores en reposición” de nutrientes del suelo a nivel comparado. En esa misma instancia se presentó el proyecto de Ley de Conservación y Mejoramiento de la Fertilidad de los Suelos de Uso Agropecuario, impulsado por el diputado Martín Ardohain, presidente de esa comisión, con el respaldo de otros siete legisladores.
Un problema que convive con récords históricos de cosecha
La advertencia sobre el fósforo llega justo en un momento de fuerte expansión productiva para el agro argentino. La campaña 2025/2026 cerró con una cosecha récord de 163,2 millones de toneladas entre los seis principales cultivos del país, un salto interanual de 21,25%, según cifras oficiales de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca. En el mismo sentido, las exportaciones agroindustriales del primer semestre de 2026 alcanzaron un máximo histórico de 63 millones de toneladas, un 15% más que en igual período de 2025, por un valor de US$27.447 millones. Ese contraste es justamente lo que preocupa a los especialistas: los mismos suelos que hoy sostienen estos récords podrían no tener la capacidad de repetirlos en el futuro si el déficit de nutrientes no se revierte a tiempo.
Lo que viene
Con un proyecto de ley ya en discusión parlamentaria y especialistas internacionales coincidiendo en que “todavía es posible revertir el daño” siempre que el cambio comience ahora, el desafío para el agro argentino en los próximos años ya no pasa solo por seguir batiendo récords de producción, sino por asegurarse de que el suelo que los sostiene pueda seguir haciéndolo durante las próximas décadas.
por José Rios
