En Europa, un número creciente de bancos e instituciones financieras multilaterales está haciendo algo poco habitual en el crédito agrícola tradicional: vincular directamente la tasa de interés de los préstamos a métricas verificadas de salud del suelo y captura de carbono. La lógica es simple, mientras mejor sea el desempeño ambiental de un predio, más bajo será el costo de financiarlo.

El caso de InSoil, préstamos a tasa cero por mejorar el suelo

El ejemplo más concreto de este modelo es InSoil (antes conocida como HeavyFinance), una compañía lituana que ofrece préstamos a tasa cero a agricultores que adoptan prácticas de agricultura regenerativa, a cambio de una parte fija de los créditos de carbono que generen esas mismas tierras. Hoy, InSoil tiene inscritas 750.000 hectáreas agrícolas dentro de su programa de “Green Loans” y de captura de carbono, con la meta de llegar al millón de hectáreas hacia fines de este año. Solo en su piloto en Lituania, entre 2020 y diciembre de 2023, la compañía logró remover o reducir más de 130.000 toneladas de gases de efecto invernadero.

Para sostener este modelo, InSoil ha recolectado más de 15.000 muestras de suelo de los predios participantes, construyendo una de las bases de datos de carbono de suelo más grandes de la región, que utiliza tanto para evaluar el riesgo crediticio de cada solicitante como para medir su impacto climático real. Este año, la compañía cerró un acuerdo de €120 millones con el fondo de capital privado Pollen Street para ampliar su capacidad de financiamiento a pequeñas y medianas empresas agrícolas que adoptan prácticas como labranza cero, cultivos de cobertura, rotación diversificada y menor uso de fertilizantes sintéticos, un segmento que, según cifras del Banco Europeo de Inversiones (BEI), enfrenta hoy una brecha de financiamiento anual estimada en €62.000 millones solo en Europa.

Bancos tradicionales y multilaterales se suman a la tendencia

InSoil no es un caso aislado. Rabobank, uno de los principales bancos enfocados en el sector agroalimentario a nivel mundial, ya ofrece programas de préstamos y seguros que consideran las prácticas agrícolas y la calidad y fertilidad del suelo de cada predio, entregando condiciones más favorables —mejores tasas, descuentos o plazos de pago— a los agricultores que adoptan prácticas sostenibles.

A nivel de instituciones multilaterales, el Centro de Inversiones de la FAO, en conjunto con el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD), publicó este año un estudio específico sobre cómo integrar este tipo de créditos —conocidos técnicamente como “sustainability-linked loans” (SLL), o préstamos vinculados a la sostenibilidad— en el financiamiento de sistemas agroalimentarios, particularmente en países de ingresos bajos y medios. A diferencia del financiamiento verde tradicional, este tipo de créditos no restringe el uso específico del dinero prestado, sino que ajusta el costo del préstamo según el cumplimiento de metas de desempeño ambiental predefinidas, como reducción de emisiones o mayor eficiencia en el uso de recursos.

Un mecanismo que ya mueve cientos de miles de millones de dólares

El mercado global de préstamos vinculados a la sostenibilidad ya alcanzó los US$463.000 millones en créditos sindicados solo durante 2024, según datos de la industria financiera. El mecanismo habitual de estos créditos ajusta la tasa de interés entre 5 y 25 puntos base según el cumplimiento de los indicadores de sostenibilidad acordados, con las emisiones de carbono y el consumo energético como las métricas más utilizadas, seguidas por indicadores sociales y, cada vez con mayor frecuencia, de biodiversidad.

Por qué este modelo podría cambiar los incentivos del campo

Un estudio del instituto neozelandés Manaaki Whenua plantea el argumento de fondo detrás de esta tendencia: la deuda agrícola tradicional genera, en muchos casos, una presión perversa hacia la sobreexplotación de la tierra, especialmente durante períodos prolongados de bajos precios de mercado, cuando los agricultores endeudados priorizan el flujo de caja de corto plazo por sobre la salud de largo plazo de su suelo. Al ajustar la tasa de interés según el desempeño ambiental real, estos créditos buscan corregir ese desincentivo, haciendo que degradar el suelo —el activo que respalda el propio préstamo— se vuelva más caro que cuidarlo. Según el mismo estudio, este modelo resulta especialmente valioso para predios altamente endeudados y para aquellos donde el capital natural es un determinante clave de la rentabilidad futura.

Para el resto del mundo agrícola, el caso europeo deja una pregunta abierta: si la banca puede diseñar productos financieros que premien directamente la salud del suelo, ¿cuánto podría acelerarse la adopción de prácticas regenerativas en regiones agrícolas donde, hasta hoy, el crédito bancario no distingue en nada entre un suelo agotado y uno saludable?

Fuentes: AgNavigator, ScienceDirect, FAO Investment Centre, Manaaki Whenua (Landcare Research), Inrate.

por Juan Lagos