En 2012, Jenny Costa se topó con una cifra que la dejó descolocada: cerca de un tercio de toda la producción de alimentos del mundo se desperdicia, contribuyendo con un 8% de las emisiones globales de efecto invernadero. Sin haber sido nunca agricultora ni haber trabajado antes en el rubro de los alimentos, decidió hacer algo al respecto: fundó Rubies in the Rubble, usando como materia prima inicial los excedentes de fruta y verdura del Borough Market, uno de los mercados de comida más antiguos de Londres.

De frutas rechazadas a conservas gourmet

La idea de Costa fue tan simple como efectiva: comprar frutas y verduras “feas” —producto que no calza con los estándares cosméticos de tamaño o forma que exigen los supermercados, y que muchas veces es rechazado incluso antes de salir del predio— y transformarlo en salsas, ketchups y relish de exportación. Diez años después de su fundación, la compañía ya había rescatado 730 toneladas de fruta y verdura, convirtiéndolas en una línea de productos que hoy incluye ketchup de plátano, relish de tomate picante y chutneys, todos envasados en empaque 100% reciclado y reciclable.

Un problema mucho más grande de lo que parece

El caso de Rubies in the Rubble no es una anécdota aislada, sino la punta de un problema estructural documentado por otro referente del mismo movimiento británico, Tristram Stuart, explorador de National Geographic y fundador de la organización Feedback. Según ha explicado Stuart, los agricultores llegan a dejar hasta un 40% de sus cosechas pudriéndose en el campo simplemente porque no cumplen con el tamaño o la forma “perfecta” que exigen los grandes supermercados, un fenómeno que ocurre incluso en países como Kenia, donde millones de personas pasan hambre.

Gracias a la presión de activistas como Stuart y del propio auge comercial de marcas como Rubies in the Rubble, las políticas de las cadenas de supermercados británicas empezaron a cambiar: en 2013, los agricultores del Reino Unido ya vendían 300.000 toneladas de producto que antes habría sido rechazado, un 20% más que el año anterior, consolidando a la fruta y verdura “fea” como uno de los segmentos de mayor crecimiento dentro del mercado de productos frescos.

De proyecto de nicho a marca en expansión

El modelo de negocio de Rubies in the Rubble demostró ser sostenible y rentable al mismo tiempo. En 2023, la compañía lanzó una campaña de financiamiento colectivo para expandirse a más supermercados del Reino Unido y explorar oportunidades internacionales, ofreciendo un 7,72% de participación accionaria a cambio de la inversión. “Empecé Rubies in the Rubble en 2012 usando excedentes del Borough Market… diez años y 730 toneladas de fruta y verdura después, estamos orgullosas del impacto que han tenido nuestros productos combatiendo el problema del desperdicio de alimentos en el Reino Unido”, explicó Costa sobre el recorrido de la empresa.

Una lección que trasciende fronteras

La historia de Costa —y la de todo este ecosistema de emprendedores británicos sin experiencia previa en el rubro que decidieron atacar el desperdicio de alimentos desde la industria de procesamiento— deja una lección clara para cualquier región agrícola del mundo: buena parte de lo que hoy se pierde en el campo por no cumplir estándares estéticos podría convertirse en un negocio rentable, sostenible y de exportación, si alguien está dispuesto a construir la planta de procesamiento que nadie más quiso construir.

Fuentes: Food Manufacture, National Geographic, The Grocer, Agile Applications, Foodism.

por José Rios