En pleno distrito financiero de Tokio, bajo un edificio de oficinas, funcionó durante años una de las granjas urbanas más singulares del mundo: una instalación agrícola instalada literalmente dentro de una antigua bóveda bancaria, sin un solo rayo de luz natural, donde empleados de una empresa de recursos humanos cultivaban y cosechaban sus propios alimentos.
De bóveda bancaria a granja subterránea
El proyecto, llamado Pasona O2, fue inaugurado el 11 de febrero de 2005 por el Grupo Pasona, una compañía japonesa de reclutamiento y personal temporal. La instalación se ubicó en el nivel B2 de las oficinas centrales de la empresa en el distrito de Otemachi, en un espacio que anteriormente había funcionado como bóveda de un banco. Al estar completamente bajo tierra y sin acceso a luz solar, el cultivo dependía enteramente de iluminación artificial especializada: luces LED para las flores, lámparas de haluro metálico para hierbas y hortalizas, lámparas de vapor de sodio de alta presión para el cultivo de arroz, y sistemas hidropónicos —conocidos como “tank farming”— para los tomates.
El impulso detrás del proyecto vino directamente del entonces CEO de Pasona, Yasuyuki Nambu, quien identificó una desconexión creciente entre la sociedad urbana japonesa y la producción de alimentos, y buscó revertirla exponiendo a los propios trabajadores de oficina al proceso completo de cultivo.
Una renovación que llevó el cultivo a todo el edificio
En 2010, Pasona dio un paso mucho más ambicioso: transformó por completo su sede corporativa de nueve pisos y 215.000 pies cuadrados (cerca de 20.000 m²) en lo que se describió como el mayor esquema de cultivo de alimentos jamás integrado a un edificio de oficinas en Japón. El proyecto arquitectónico, a cargo de la firma Kono Designs, distribuyó cultivos hidropónicos y en tierra por prácticamente todo el edificio: tomates colgando sobre las mesas de reuniones, limoneros y árboles de maracuyá usados como divisores de espacios de trabajo, hojas de ensalada creciendo dentro de salas de seminarios, brotes de soya bajo los bancos, y hasta un arrozal y un campo de brócoli en el lobby principal.
En total, el edificio destinó más de 43.000 pies cuadrados (cerca de 4.000 m²) al cultivo de más de 200 especies de frutas, verduras y arroz, todas cosechadas y preparadas para servirse directamente en las cafeterías internas de la compañía, bajo el concepto de “kilómetro cero” en la distribución de alimentos. Un sistema de climatización inteligente ajustaba humedad, temperatura y ventilación para equilibrar el confort de los trabajadores durante el horario de oficina con las condiciones óptimas de cultivo fuera de ese horario. La fachada del edificio también fue intervenida con un muro verde vivo, con flores de estación y naranjos plantados en balcones de casi un metro de profundidad.
Por qué Japón apostó por cultivar dentro de sus oficinas
La decisión de Pasona no fue solo estética. Japón cuenta con apenas un 12% de su territorio apto para cultivo, frente a un 20% en Estados Unidos y más de 50% en Dinamarca, lo que ha vuelto al país fuertemente dependiente de alimentos importados. A eso se suma una caída dramática de la fuerza laboral agrícola japonesa, que pasó de representar un 70% de los trabajadores en 1880 a apenas un 3,17% en la actualidad. Frente a ese escenario, Pasona buscó posicionarse como un actor activo en la formación de nuevos agricultores urbanos, ofreciendo además talleres y programas de pasantías abiertos a la comunidad para enseñar tanto agricultura tradicional como urbana.
Para los propios empleados, participar en el cuidado y cosecha de los cultivos —desde trabajar en el arrozal hasta podar árboles frutales— se planteó como una forma de fortalecer el trabajo en equipo y generar un sentido de responsabilidad y logro colectivo, además de mejorar la calidad del aire y reducir el consumo energético del edificio gracias a la vegetación.
Un modelo que no sobrevivió al edificio original
El edificio original de Pasona, sin embargo, ya no existe: fue demolido tras pasar a manos de un nuevo propietario. Aun así, el proyecto sigue siendo citado hoy como referencia obligada dentro del urbanismo y la arquitectura sustentable, un ejemplo temprano y extremo de hasta dónde puede llevarse la idea de acortar la distancia entre la producción de alimentos y quienes los consumen, incluso en el corazón financiero de una de las megaciudades más densas del planeta.
Fuentes: Inhabitat, Dezeen, Architizer, Archello, INSIDEflows, Sproutwell, Seeds of Good Anthropocenes, The Hacktivist Guide to Food Security (Real Dania/SHL).
por José Rios
