Andreessen Horowitz, una de las firmas de capital de riesgo más influyentes del mundo, invirtió US$42 millones en crear una escuela que no entrega título universitario. La apuesta confirma una tendencia que ya se venía gestando en varias industrias: aprender haciendo, no memorizando, y la agricultura es, desde hace generaciones, uno de los sectores que mejor conoce ese modelo.
El 22 de septiembre de 2026, Andreessen Horowitz (a16z), la firma de capital de riesgo detrás de inversiones en cientos de startups tecnológicas, hizo algo que ninguna otra gestora de fondos de su tamaño había hecho antes: fundar su propia escuela. La Horowitz Andreessen Academy nació con una premisa que desafía directamente el modelo universitario tradicional, en momentos en que la inteligencia artificial redefine qué habilidades realmente importan en el mercado laboral.
Una escuela sin títulos, exámenes ni notas
La Academia, con sede en San Francisco, es un programa residencial de un año, gratuito, dirigido a jóvenes recién egresados de la secundaria o en sus primeros años de universidad, de entre 16 y 22 años. No está acreditada, lo que significa que no entrega un título reconocido oficialmente, y su estructura elimina por completo las clases magistrales tradicionales, los exámenes, las notas y las tareas.
En su lugar, el programa se organiza en torno a tres pilares: Pursuits (proyectos autodirigidos), Courses (cursos prácticos) y Co-ops (pasantías remuneradas de al menos tres meses de trabajo a tiempo completo dentro de una empresa real). Según su director ejecutivo, Gagan Biyani, cofundador de la plataforma educativa Udemy, valorada en US$3.200 millones, “la apuesta es que existe una oportunidad de educar a la próxima generación de una forma más orientada al futuro, y eso representa una gran oportunidad de mercado”, considerando que la educación superior es una industria de US$2 billones a nivel global.
El respaldo detrás del proyecto es notable: además de los US$35 millones que aportó directamente a16z, la ronda sumó inversionistas individuales como Adam D’Angelo (cofundador de Quora) y Tobi Lütke (CEO de Shopify), además del apoyo de compañías como Anthropic, Google, Meta, OpenAI, Nvidia y Palantir. El cofundador de a16z, Marc Andreessen, y el cofundador de Turpentine, Erik Torenberg, se sumaron al directorio.
Ni a favor ni en contra de la universidad, sino una alternativa real
Lo más interesante de la propuesta es que sus propios creadores evitan posicionarla como un rechazo a la educación superior. “Creemos en la universidad”, afirmó Biyani en una entrevista con la revista Forbes, dejando claro que la Academia no busca convencer a nadie de abandonar sus estudios, sino ofrecer un camino paralelo para quienes ya tienen algo construido: la selección de los primeros 50 estudiantes se basará en evidencia concreta de trabajo propio, como proyectos o negocios que ya hayan desarrollado.
No todos ven el modelo con el mismo optimismo. Bryan Caplan, economista crítico de la universidad tradicional, advirtió que saltarse la universidad generalmente envía la señal de que “eres una persona rara, y la gente, comprensiblemente, se pone nerviosa al contratar personas raras”. Según él, se trata de “un bootcamp con planes de convertirse en universidad, aunque diría que no es un plan realista para convertirse en universidad”, recordando que numerosas “universidades alternativas e innovadoras” que cobraron matrículas de elite sin ayuda financiera federal ya fracasaron en el pasado.
Una filosofía que la agricultura domina desde hace generaciones
Lo que a16z presenta como una innovación radical en tecnología es, en el fondo, un modelo educativo que la agricultura ha practicado durante siglos: aprender haciendo, directamente en el terreno, bajo la guía de alguien con experiencia real. Mucho antes de que el aprendizaje basado en proyectos se pusiera de moda en Silicon Valley, el campo ya formaba a sus futuros productores a través de aprendizajes prácticos, traspasados de generación en generación.
Ese modelo, lejos de desaparecer, se está formalizando y expandiendo en el mundo agrícola actual. En Estados Unidos existen programas de aprendizaje agrícola registrados oficialmente, como el Dairy Grazing Apprenticeship, reconocido por el Departamento del Trabajo, que combina 3.700 horas de trabajo supervisado en una granja real bajo la guía de un productor lechero certificado, con créditos que pueden convalidarse en una universidad si el aprendiz decide continuar ese camino más adelante. En Pennsylvania, el gobierno estatal administra diez programas de este tipo, que van desde el manejo de ganado lechero hasta el cultivo diversificado de hortalizas, bajo el principio de “aprender mientras se gana” (learn while you earn).
Organizaciones como la Universidad de Wisconsin-Madison reconocen abiertamente que los agricultores principiantes de hoy tienen menos probabilidades de haber crecido en una granja que las generaciones anteriores, lo que ha disparado la necesidad de programas de capacitación práctica que reemplacen el conocimiento que antes se transmitía naturalmente dentro de la familia. La respuesta de esa región fue crear algunos de los primeros aprendizajes agrícolas registrados del país, junto a programas de mentoría que conectan a productores experimentados con quienes recién empiezan.
La lección que conecta Silicon Valley con el campo
El caso de la Horowitz Andreessen Academy valida, desde uno de los sectores más influyentes y mejor financiados del mundo, algo que la agricultura nunca necesitó que le confirmaran: que el conocimiento aplicado, adquirido a través de la práctica directa y el trabajo junto a alguien que ya domina el oficio, puede ser tan valioso, o más, que un título universitario tradicional. La diferencia es que mientras la tecnología recién empieza a experimentar con este modelo a gran escala, el agro lleva generaciones perfeccionándolo, y hoy cuenta además con un ecosistema cada vez más estructurado de aprendizajes formales, certificaciones y programas de mentoría para transmitir ese conocimiento a quienes no crecieron en un campo, pero quieren dedicar su vida a trabajarlo.
Fuentes: Fortune, Forbes, WOWTALE, The Tech Portal, dapta.ai, careeraheadonline.com, Wikipedia (Andreessen Horowitz), Farmer Veteran Coalition, Universidad de Wisconsin-Madison Extension, Gobierno de Pennsylvania (PA.gov).
por Juan Lagos
