Hace siglos se hicieron ricas con las ovejas. Hoy suman granjas orgánicas de lujo, una serie de televisión sobre agricultura y compradores de distintos países, sobre todo de Estados Unidos, que presionan los precios de la tierra y las casas.

Los Cotswolds son un conjunto de colinas de piedra caliza y pueblos de piedra color miel, en el centro-oeste de Inglaterra. Durante siglos vivieron de las ovejas. Hoy atraen sobre todo por la imagen del campo. Una granja orgánica convertida en marca de lujo, un club privado instalado en una antigua granja y un presentador de televisión que se hizo agricultor han vuelto a esta zona rural un imán de turistas y de compradores con mucho dinero.

Una riqueza que nació de las ovejas

El nombre de la zona ya lo recuerda: “cot” significa corral de ovejas y “wold”, colina suave. En la Edad Media, la lana de la raza Cotswold Lion, conocida como el “vellón de oro”, la convirtió en una de las regiones más ricas del país. Su mejor época fue entre 1250 y 1350, y buena parte de la producción se vendía a mercaderes italianos. De aquel dinero quedan las llamadas iglesias de la lana y los pueblos de piedra dorada. A comienzos del siglo XIX, sin embargo, el apogeo de esa oveja ya había terminado.

Hoy el territorio es un paisaje protegido de 2.038 kilómetros cuadrados, el mayor de su tipo en Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte. Es sobre todo tierra agrícola, con cultivos, praderas y muros de piedra. El organismo que lo gestiona calcula unos 150.000 habitantes y unos 23 millones de visitas de un día al año.

Granjas convertidas en marca

El caso más conocido es Daylesford. En 2002, Carole Bamford abrió una tienda con productos de su granja orgánica en Kingham. Hoy el grupo suma restaurantes, un spa, tiendas en Londres y líneas de ropa y cosmética. La consultora inmobiliaria Knight Frank lo ha descrito como uno de los grandes éxitos de diversificación de fincas rurales.

En 2015 abrió Soho Farmhouse, un club privado y hotel de unos 100 acres (40 hectáreas) en Great Tew, levantado sobre una granja abandonada. Más tarde llegó el efecto de la televisión.

En 2008, el presentador Jeremy Clarkson compró una finca de 1.000 acres (405 hectáreas) cerca de Chipping Norton y desde 2019 la trabaja él mismo. Esa aventura es la serie “Clarkson’s Farm”, de Prime Video. Su tienda de productos de la finca, Diddly Squat, abrió en 2020 y ha atraído a miles de visitantes. Hoy hay empresas que ofrecen recorridos guiados por esos lugares desde Londres. No todos los vecinos están contentos: se han quejado por el tráfico, y una solicitud para abrir un restaurante en la finca fue rechazada.

Lo que ocurre en los Cotswolds con la tierra y las casas

En los últimos años llegaron más compradores y visitantes de Estados Unidos, tanto que medios británicos y estadounidenses apodan a la zona “los Hamptons de Inglaterra”. Agentes inmobiliarios consultados por CNN dicen que crece el número de estadounidenses que se instalan allí. Sus compras van desde 1 millón de libras hasta decenas de millones.

El efecto se nota en las casas. En mayo de 2026, el precio medio de una vivienda en el distrito de Cotswold fue de 408.000 libras, el más alto del suroeste inglés y muy sobre las 271.000 libras del promedio del Reino Unido, según la oficina nacional de estadísticas. Savills calcula que las viviendas cuestan 11 veces el ingreso medio. En abril de 2025 había 1.597 segundas viviendas, y desde entonces sus dueños pagan el doble de impuesto municipal.

La tierra agrícola también se encareció. Según Savills, en 2025 la tierra de cultivo de los Cotswolds se vendió en promedio entre 10.000 y 13.000 libras por acre (entre 24.700 y 32.100 por hectárea), y los pastos entre 8.000 y 10.000 libras (entre 19.800 y 24.700 por hectárea). En Inglaterra y Gales, el promedio fue de 8.497 libras por acre (unas 21.000 por hectárea) en el segundo trimestre de 2026, según Knight Frank. Un buen lote del norte de los Cotswolds puede llegar a 20.000 libras por acre (49.400 por hectárea).

Los agricultores siguen siendo el mayor grupo de compradores, con 45%, y la mayoría compra para ampliar sus campos. Los compradores que no son agricultores suman 40%, y la oferta de tierra en venta cayó 19% en la zona.

Las opiniones están divididas. Un agente inmobiliario local sostiene que el flujo de dinero dio dinamismo a una zona que antes era un rincón tranquilo de jubilados. Otros temen que las segundas viviendas vacíen la vida de los pueblos.

No solo pasa en Inglaterra

Algo parecido ocurre en otras zonas rurales atractivas. En el Valle de Guadalupe, en México, las bodegas pasaron de seis en 1999 a 150 en 2023, y se estima que 18% del suelo agrícola y vitivinícola se perdió por el desarrollo urbano entre 2014 y 2019. En el Valle de Uco, en Mendoza (Argentina), se ofrecen viñedos con casas de descanso y servicios de lujo orientados a compradores extranjeros. En el Valle de Colchagua, en Chile, las rutas del vino y los hoteles de lujo han llevado a muchos a llamarlo el Napa chileno.

Para el agro, el caso de los Cotswolds muestra las dos caras de una misma moneda. Por un lado, la imagen del campo vende, y las granjas que se abren al público encuentran nuevas formas de ingreso. Por otro, la misma popularidad presiona los precios de la tierra y de las casas, y ya ha llevado a las autoridades locales a recargar el impuesto a las segundas viviendas.

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por Juan Lagos