El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, escaló este viernes su disputa con la industria cárnica del país al acusar a las cuatro compañías que dominan el procesamiento de carne vacuna estadounidense de operar lo que llamó un “monopolio desagradable”, y anunció que autorizó la redacción de documentos legales para dar a agricultores y ganaderos el derecho a procesar sus propios alimentos.

Un ataque directo a cuatro gigantes de la industria

En un mensaje publicado en su red Truth Social, Trump apuntó, sin nombrarlas inicialmente, a las llamadas “Big Four” del procesamiento cárnico: Tyson Foods, Cargill, JBS USA y National Beef Packing. “Son, esencialmente, cuatro, un número muy poco competitivo, y hacen la vida miserable para nuestros maravillosos agricultores y ganaderos, y no puedo permitir que eso pase”, escribió el mandatario, agregando que buena parte de la propiedad de estas empresas tiene base fuera de Estados Unidos. Según datos del Departamento de Agricultura (USDA), estas cuatro compañías controlan cerca del 85% del procesamiento de carne vacuna del país.

Qué cambiaría realmente con la medida

Actualmente, los agricultores estadounidenses ya pueden sacrificar ganado para consumo propio de su hogar bajo la ley federal vigente. El verdadero nudo regulatorio está en otra parte: si la carne procesada fuera de una planta con inspección federal puede venderse legalmente a consumidores, restaurantes o minoristas, particularmente cuando ese comercio cruza los límites de un estado. Es precisamente ese punto el que buscaría destrabar la orden anunciada por Trump, aunque hasta el momento la Casa Blanca no ha entregado detalles adicionales sobre su alcance específico.

Vale la pena precisar que la calificación de “monopolio” utilizada por Trump es una caracterización propia, no un hallazgo legal establecido: el Departamento de Justicia mantiene una investigación antimonopolio en curso sobre el mercado de la carne vacuna, pero no ha anunciado ninguna determinación de que estas cuatro empresas constituyan efectivamente un monopolio ilegal.

Un problema que el Congreso ya había intentado resolver antes

La idea de facilitar la venta directa de carne procesada localmente no es nueva. Existe desde hace tiempo el llamado PRIME Act, un proyecto de ley con respaldo bipartidista —impulsado por los representantes Thomas Massie (republicano por Kentucky) y Chellie Pingree (demócrata por Maine), junto a los senadores Rand Paul (republicano) y Angus King (independiente)— que permitiría a pequeños ranchos y mataderos locales vender carne directamente a consumidores sin pasar por la inspección del USDA. El proyecto nunca logró avanzar por la oposición de organizaciones agrícolas que argumentan que el cambio representaría un riesgo para la inocuidad alimentaria. Tras el anuncio de Trump, el propio Massie escribió en la red X que la medida “es genial, pero debería ser una ley, no solo una orden ejecutiva”.

Una jugada que llega en medio de otra polémica con los ganaderos

El anuncio se produce apenas días después de que Trump firmara una proclamación para aumentar temporalmente en 300.000 toneladas métricas —repartidas en tres tramos de 100.000— el volumen de recortes de carne magra importada que puede ingresar a Estados Unidos con arancel reducido, una medida que ya había generado un fuerte rechazo entre ganaderos estadounidenses, tal como se reportó ampliamente esta semana. El nuevo anuncio contra los grandes procesadores puede leerse, en ese contexto, como un intento de la administración por reequilibrar el discurso frente a un sector agrícola que se sintió golpeado por la apertura a las importaciones.

El mercado reaccionó de inmediato al anuncio: las acciones de Tyson Foods y JBS cayeron más de 2,5% en las operaciones previas a la apertura de Wall Street. El trasfondo económico es relevante para entender la magnitud de la tensión: el sector de procesamiento cárnico enfrenta hoy el nivel más bajo de oferta de ganado en 75 años, mientras los precios de la carne alcanzan niveles récord a pocos meses de las elecciones legislativas de noviembre, un contexto que coloca al precio de los alimentos como una de las principales preocupaciones del electorado estadounidense.

Fuentes: Axios, DTN/Progressive Farmer, Reuters (vía Yahoo Finance), Latin Times, Briefs.co, American Bazaar, Just The News.

por José Rios