La roya del café no distingue entre una finca pequeña y una gran plantación: ataca las hojas, interrumpe la fotosíntesis y puede matar al arbusto en una sola temporada. Frente a una amenaza que ya devastó cosechas enteras en Centroamérica y Sudamérica, Starbucks lleva más de una década desarrollando variedades resistentes en un laboratorio a cielo abierto en las faldas de un volcán costarricense, y regalándolas —sin letra chica de por medio— a los productores más vulnerables de la cadena.
La roya del café (Hemileia vastatrix) es un hongo que ataca las hojas de la planta, interrumpe su capacidad de fotosintetizar y, si no se controla a tiempo, termina matando al arbusto completo. El cambio climático elevó las temperaturas y alteró los patrones de lluvia en buena parte de la franja cafetera mundial —América Latina, África y Asia—, creando exactamente el tipo de ambiente húmedo y cálido que esta enfermedad necesita para propagarse a gran escala. Las epidemias de roya ya han llegado a destruir más de la mitad de la producción en países de Centroamérica y Sudamérica durante temporadas críticas, y el golpe recae con particular dureza sobre la variedad arábica —la más susceptible al hongo, y también el estándar de calidad que exige el café de especialidad—.
El impacto social de este problema es enorme por una razón simple: cerca del 80% del café del mundo proviene de aproximadamente 25 millones de pequeños productores, muchos de los cuales no cuentan con el capital necesario para replantar sus fincas cuando el hongo arrasa con su cosecha.
Un laboratorio a cielo abierto en las faldas de un volcán
La respuesta de Starbucks a este problema tiene una dirección física concreta: Hacienda Alsacia, una finca de 240 hectáreas ubicada en las laderas del volcán Poás, en Alajuela, Costa Rica. Comprada por la compañía en 2013 —su primera y única finca propia en el mundo—, hoy alberga más de 800.000 cafetos y funciona como el centro global de investigación y desarrollo de Starbucks, además de sede de uno de sus diez Centros de Apoyo al Caficultor repartidos por el mundo.
Ahí, agrónomos y genetistas de la compañía trabajan en un programa de mejoramiento genético basado en cruzamiento natural de precisión, sin recurrir a modificación transgénica, buscando combinar resistencia a enfermedades con un perfil de taza que siga cumpliendo los estándares sensoriales que exige el mercado de café de especialidad. El resultado de ese trabajo ya se cuenta por más de una decena de variedades de café arábica resistentes a la roya, desarrolladas y puestas a disposición de otros productores más allá de la propia finca.
De un objetivo ambicioso a un hito ya cumplido
En 2017, Starbucks se fijó una meta pública: donar 100 millones de árboles de café resistentes a la roya y a condiciones climáticas adversas a pequeños caficultores alrededor del mundo. A comienzos de 2026, la compañía confirmó haber alcanzado ese objetivo, apoyada en casi tres décadas de alianza con Conservation International, la organización que supervisa que las plantas lleguen a los productores bajo criterios de manejo de sombra y protección de los ecosistemas locales. Junto con la entrega de plantines, Starbucks completó además su meta de canalizar US$100 millones a través del Global Farmer Fund, un fondo que financia renovación de infraestructura en las fincas, asistencia técnica agronómica y capacitación en gestión de riesgos climáticos y financieros.
El caso mexicano, cifras concretas de una campaña que ya lleva 12 años
El programa “Todos Sembramos Café”, la versión mexicana de esta estrategia operada localmente por Alsea, ofrece uno de los ejemplos mejor documentados de cómo funciona esto en la práctica. Lanzado en 2014, el programa llegó en 2026 a su 12ª edición, donando ese año más de 800.000 plantas de café resistentes a la roya a productores de Chiapas, Puebla y Veracruz —los tres estados que concentran más del 75% de la producción cafetalera del país—, llevando el acumulado histórico del programa a más de 6,4 millones de plantas entregadas y más de 20.000 caficultores beneficiados desde su lanzamiento.
Los propios productores describen el impacto en términos muy concretos. Arturo Marini Bulbarela, productor de Sochiapa, Veracruz, contó que tras recibir 1.200 plantas de café ya no tiene que comprarlas, lo que beneficia tanto su economía familiar como la salud de su suelo. Hortencia García Ponce, caficultora de Zongozotla, Puebla, señaló que la donación le permite renovar su cafetal para aumentar la producción y generar empleo en su comunidad.
Más que plantas, capacitación técnica
El programa no se limita a la entrega de plantines. Junto con la donación, los Centros de Apoyo al Agricultor de Starbucks —en México, en alianza además con la Fundación Alsea y la Universidad Autónoma Chapingo— ofrecen análisis de suelo, capacitación técnica en poda y densidad de siembra, y en algunos casos incluso atención médica a mujeres caficultoras y sus familias, buscando que el impacto del programa vaya más allá de la sola resistencia genética de la planta.
Un contexto de mercado que le agrega urgencia al problema
La donación de plantas resistentes llega en un momento particularmente delicado para el mercado del café. Los precios internacionales se mantuvieron en niveles históricos durante 2025 y 2026 —la libra llegó a cotizar por encima de los US$4,40 en la Bolsa de Nueva York, un máximo histórico—, lo que en teoría beneficia a los productores, pero convive con la amenaza constante de la roya y con la presión adicional del cambio climático sobre los rendimientos, además de tensiones arancelarias que afectan a algunos países exportadores. En ese contexto, contar con plantas capaces de resistir al hongo sin depender de fungicidas costosos deja de ser solo una mejora agronómica y se convierte en una pieza central de la estabilidad económica de miles de familias productoras.
Qué significa esto para la caficultura mundial
El caso de Starbucks y Hacienda Alsacia ilustra un modelo de innovación agrícola poco frecuente entre grandes corporaciones: en vez de mantener el desarrollo genético como una ventaja competitiva cerrada, la compañía distribuye estas variedades directamente a productores de México, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Colombia y otros países cafeteros, apostando a que la salud de largo plazo de toda la cadena de suministro global del café —no solo la de sus propios proveedores— depende de que la roya no termine ganando la partida. Para los 25 millones de pequeños caficultores que sostienen el 80% de la producción mundial, esa apuesta puede terminar siendo la diferencia entre perder una cosecha entera cada pocos años, o sostener una producción estable frente a un hongo que el cambio climático solo está volviendo más agresivo.
Fuentes: Starbucks Historias (Hacienda Alsacia, “Diez años de impacto”), La Nación (Costa Rica), El Financiero (Costa Rica), Café Tico, Revista SUMMA, News Report MX, Emprendedor.com, Alerta Chiapas, Excélsior, Valor Compartido, Revista Ganar-Ganar, Responsabilidad Social (Origen Único), El Mundo (El Salvador).
por José Rios
