Un cartel gigante exhibido en una plaza de Teherán, que muestra al presidente Donald Trump y a toda su familia en ataúdes envueltos en la bandera estadounidense, marcó esta semana un nuevo punto de tensión en el conflicto entre Estados Unidos e Irán. El mensaje llega mientras Estados Unidos completa siete noches consecutivas de bombardeos contra territorio iraní y un grupo iraní ofrece una recompensa millonaria por la vida del mandatario.

El cartel de “sangre por sangre” que subió la temperatura

La organización Owj Arts and Media, vinculada a la Guardia Revolucionaria de Irán, instaló en la plaza Vali-e-Asr de Teherán un cartel con fotografías de Donald Trump, su esposa Melania y sus cinco hijos —Ivanka, Don Jr., Eric, Tiffany y Barron— dispuestas sobre ataúdes cubiertos con la bandera de Estados Unidos, junto al texto en persa “sangre por sangre”. La misma plaza ya había exhibido días antes otro cartel con la leyenda “Who’s Next?” (“¿Quién sigue?”), en referencia a la muerte del senador estadounidense Lindsey Graham.

En paralelo, un grupo autodenominado “Blood Covenant”, promovido en televisión estatal iraní, afirmó haber reunido más de US$40 millones como recompensa para quien asesine a Trump “en la causa de Alá”, según reportó el Instituto de Investigación de Medios de Medio Oriente (MEMRI). El Servicio Secreto de Estados Unidos confirmó que está al tanto de la amenaza, aunque evitó dar detalles de sus protocolos de protección.

Una escalada que no se detiene

Estos episodios ocurren en medio de una ofensiva militar que no ha cesado: el Comando Central de Estados Unidos confirmó que, por séptima noche consecutiva, sus fuerzas atacaron sitios de vigilancia, infraestructura logística militar, depósitos subterráneos de armamento y capacidades marítimas iraníes, utilizando aviones de combate, drones y buques de guerra. Los ataques recientes también apuntaron a puentes y rutas cercanas a Bandar Abbas, en un intento de cortar las líneas de abastecimiento de la Guardia Revolucionaria, y a una torre de vigilancia en la ciudad costera de Chabahar, en el golfo de Omán.

El trasfondo de esta escalada se remonta al 28 de febrero de 2026, cuando un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel mató al líder supremo iraní, el ayatolá Ali Khamenei, dentro de su complejo de seguridad en Teherán, en una operación que el propio Trump calificó como el fin de “una de las personas más malvadas de la Historia”. El funeral de Estado de Khamenei se extendió entre el 4 y el 9 de julio, con procesiones en Qom y ceremonias en Irak antes de su entierro en Mashhad, un proceso de duelo que coincidió con el recrudecimiento de las amenazas contra el mandatario estadounidense y su familia.

Qué dice Washington

Durante su discurso desde la Casa Blanca esta semana, Trump aseguró que Estados Unidos “está ganando en grande en Irán” y que pronto se verán “los frutos de ese trabajo”. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, respondió a un mensaje iraní que sostenía que “Irán no controla el estrecho de Ormuz” publicando imágenes de la destrucción de una torre de vigilancia en Chabahar, en un intercambio público que refleja la intensidad retórica que ha alcanzado el conflicto en las últimas semanas.

El otro frente, el económico

Más allá de la escalada retórica y militar, el conflicto sigue teniendo un correlato económico directo que ya reportamos esta semana: el bloqueo parcial del estrecho de Ormuz —ruta por la que transita cerca de un cuarto del petróleo y hasta un tercio de los fertilizantes que se comercian en el mundo— disparó el precio del petróleo a máximos de más de un mes y encendió las alertas de la FAO y la OMC sobre un eventual choque agroalimentario global durante los próximos meses. Para el agro chileno, cada nueva noche de bombardeos en la región se traduce, con un rezago de semanas, en mayor presión sobre los costos de combustibles, fletes y fertilizantes que la próxima temporada agrícola deberá absorber.