Rusia y Ucrania, dos de los mayores exportadores de granos del planeta, llevan semanas atacándose mutuamente la infraestructura portuaria que permite exportar trigo, maíz y otros productos agrícolas hacia el resto del mundo. El resultado es una escalada que, hasta esta semana, sigue golpeando los precios internacionales del trigo y amenaza con agravar la inseguridad alimentaria en regiones que dependen fuertemente de estas exportaciones, como África y Medio Oriente.
Los puertos ucranianos, bajo asedio constante
Los ataques rusos contra los puertos del Mar Negro en Ucrania, especialmente en la región de Odesa, se intensificaron durante julio y agosto de este año. Según el Ministerio de Agricultura ucraniano, las exportaciones agrícolas del país podrían caer 54% en la temporada 2026-27, desde una proyección previa de 64,4 millones de toneladas a apenas 29,6 millones. Las exportaciones de trigo específicamente podrían desplomarse 53%, hasta 8,3 millones de toneladas.
El impacto no es menor para la economía ucraniana: los productos agrícolas representan cerca del 60% de las exportaciones totales de bienes del país. Según cálculos citados por medios internacionales, cerca del 90% de los armadores de barcos ha suspendido sus escalas en puertos ucranianos, debido al fuerte aumento de las primas de seguro frente al riesgo de nuevos ataques, en un patrón similar al que se ha observado en el estrecho de Ormuz, cerca de Irán.
Rusia también está pagando el precio
La escalada no ha sido unidireccional. Ucrania ha respondido atacando directamente la infraestructura portuaria rusa en el Mar Negro. El 12 de agosto, un ataque masivo con drones contra el puerto de Novorossiysk dañó los terminales navales rusos y dejó fuera de operación dos de sus principales terminales graneleras, con un saldo de tres muertos, incluido un niño, según autoridades rusas. Para el 17 de agosto, más del 90% de la capacidad de exportación de granos rusa en la cuenca Azov-Mar Negro había quedado fuera de operación, luego de que los tres terminales graneleros de Novorossiysk —que en conjunto manejan cerca de 25 millones de toneladas métricas al año— suspendieran actividades, mientras la navegación en el Mar de Azov permanece restringida desde julio.
La tensión no ha dado tregua desde entonces: según reportó Bloomberg, al menos cinco buques graneleros fueron atacados el 18 de agosto cerca de los puertos rusos de Novorossiysk y Tuapse, la evidencia más reciente de que ninguno de los dos países ha logrado, hasta hoy, contener la escalada. Rusia es el mayor exportador de trigo del mundo, y entre ambos países concentran más de una cuarta parte de las exportaciones mundiales de este grano.
El impacto ya se refleja en los precios
Según el investigador Joseph Glauber, del Instituto Internacional de Investigación en Políticas Alimentarias (IFPRI), los precios del trigo habían venido cayendo de forma sostenida desde su pico de 2022, tras la invasión rusa a Ucrania. Ese proceso se revirtió este año: entre la sequía que afectó cultivos del hemisferio norte y la nueva escalada de tensión en el Mar Negro, los precios del trigo ya acumulan un alza cercana al 25% respecto a enero de 2026, alcanzando su nivel más alto en dos años, una tendencia que se mantenía vigente hasta esta semana.
Una disputa con un objetivo estratégico de fondo
Según análisis de política internacional, la estrategia rusa de atacar los puertos ucranianos busca asfixiar económicamente al país y aumentar la capacidad de negociación de Moscú, infligiendo dolor a los grandes importadores de grano de África y Asia que dependen de ese suministro. No es, además, la primera vez que el tráfico por el Mar Negro se ve interrumpido desde el inicio de la invasión rusa en 2022, aunque analistas coinciden en que esta ronda de ataques ha sido más amplia e intensa que las anteriores, y que hasta la fecha no existen señales concretas de que vaya a desescalar en el corto plazo.
Un riesgo que trasciende a los dos países en guerra
Para el resto del mundo agrícola, el mensaje de este episodio es claro: cuando dos potencias exportadoras de la magnitud de Rusia y Ucrania ven interrumpida su capacidad exportadora al mismo tiempo, el efecto se transmite directamente a los precios internacionales de los alimentos, con consecuencias más severas para los países que menos capacidad tienen de absorber ese golpe. Con ataques registrados hasta hace apenas cuatro días, la situación en el Mar Negro sigue sin mostrar signos de estabilización.
Fuentes: The Moscow Times, Bloomberg, CNBC, Al Jazeera, gCaptain, Farm Policy News (IFPRI), Time, TradeWinds.
por José Rios
