El conflicto entre Estados Unidos e Irán, que ya lleva más de dos semanas de intercambios de ataques desde la ruptura del alto el fuego, dejó su saldo más grave hasta ahora en la guerra EEUU-Irán: el Pentágono confirmó que casi 100 militares estadounidenses han resultado heridos desde el 7 de julio, y que dos soldados murieron esta semana en un ataque contra una base en Jordania. En paralelo, el petróleo Brent superó este miércoles los US$92 por barril, su nivel más alto desde junio, después de que el propio Trump advirtiera que Washington “no terminó” con sus ataques contra Irán, la señal más clara hasta ahora de que la guerra no tiene fecha de término a la vista.

Los primeros muertos confirmados de esta escalada

El Pentágono confirmó el lunes la muerte de dos soldados del Ejército de Estados Unidos durante ataques enemigos contra la base aérea Muwaffaq Salti, en Jordania. El primer teniente Tyler James Feehan, de 25 años, perteneciente al 2° Batallón, 55° Regimiento de Artillería de Defensa Antiaérea, murió el 18 de julio. La soldado Isabella Gonzales, de 19 años, oriunda de Carrollton, Texas, y asignada al 1° Batallón, 57° Regimiento de Artillería de Defensa Antiaérea, murió un día antes, el 17 de julio, durante un ataque contra la misma instalación.

Casi 100 heridos, y una cifra que generaba dudas

El vocero jefe del Pentágono, Sean Parnell, confirmó a CBS News que cerca de 100 militares “fueron considerados con algún grado de lesión desde el 7 de julio de 2026”, precisando que el 96% de ellos ya volvió a sus funciones activas y que la gran mayoría de las lesiones correspondió a conmociones cerebrales leves producto de los reiterados ataques contra instalaciones militares, más que a bajas de combate a gran escala.

La revelación llegó pocas horas después de que Parnell calificara de “infundado” y “malicioso” un reportaje del New York Times que acusaba al Pentágono de haber ocultado durante semanas la magnitud real de los heridos estadounidenses en la guerra con Irán. El medio digital The Intercept, que llevaba meses documentando lo que una fuente gubernamental describió como un “encubrimiento de bajas”, señaló que la base de datos oficial del Pentágono llegó a mostrar, hasta la misma mañana del anuncio, que ningún militar estadounidense había resultado muerto o herido en combate durante julio.

Una ofensiva que golpea a varios países aliados

Según confirmó el propio Pentágono, Irán ha respondido a los bombardeos nocturnos de Estados Unidos atacando bases militares en Bahréin, Irak, Jordania y Kuwait. En el caso específico de Kuwait, un registro de los enfrentamientos documenta que Irán lanzó 97 misiles balísticos y 283 drones contra objetivos estadounidenses y kuwaitíes, de los cuales fueron interceptados, aunque los combates dejaron pérdidas materiales, entre ellas un helicóptero Chinook destruido y aeronaves dañadas, además de bajas humanas en ambos bandos.

El origen de la escalada

El conflicto se reactivó luego de que un alto el fuego, vigente durante meses entre ambos países, se desmoronara a comienzos de julio. Desde entonces, Estados Unidos ha llevado adelante bombardeos nocturnos contra objetivos iraníes durante más de una semana consecutiva, con el argumento oficial de frenar los ataques de Irán contra buques comerciales que transitan el estrecho de Ormuz, mientras Teherán ha respondido atacando instalaciones y activos estadounidenses en toda la región. La disputa por el control efectivo de esa ruta marítima —clave para el comercio mundial de petróleo y fertilizantes— ya había generado esta semana un salto en el precio del crudo y alertas de organismos internacionales sobre el riesgo de una crisis alimentaria global si el conflicto se prolonga.

El petróleo ya cotiza la posibilidad de una guerra larga

Los mercados energéticos reaccionaron con fuerza a la escalada. El Brent superó este miércoles los US$92 por barril, su nivel intradiario más alto desde el 11 de junio, después de que Trump advirtiera que Washington “no terminó” con sus ataques contra Irán. El crudo llegó a subir hasta 5% en una sola sesión el martes, su mayor salto en cinco semanas, mientras el WTI avanzó a US$85,19. La presión no viene solo de los bombardeos: los hutíes de Yemen, respaldados por Irán, anunciaron un embargo marítimo contra Arabia Saudita, sumando un nuevo frente de incertidumbre sobre el suministro energético mundial. Desde Naciones Unidas, el portavoz Stéphane Dujarric advirtió que esta amenaza “conlleva el riesgo de una escalada regional aún mayor”, mientras Goldman Sachs ya proyecta que el Brent podría seguir subiendo si el conflicto se prolonga.

Ese último punto es el que más preocupa a los analistas: a diferencia de otros episodios de tensión en Medio Oriente que se resolvieron en días, esta guerra ya lleva desde febrero sin una salida negociada estable, con al menos dos altos el fuego fallidos y una escalada que, lejos de ceder, sumó esta semana su capítulo más letal hasta ahora. Ningún actor involucrado —ni Washington, ni Teherán, ni los hutíes— ha dado señales de buscar una desescalada en el corto plazo.

Por qué le importa al agro mundial que la guerra EEUU-Irán no tenga fin a la vista

La ausencia de una fecha de término es, para la agricultura global, tan relevante como la escalada misma. Como ya explicamos al cubrir el bloqueo del estrecho de Ormuz, el canal de contagio hacia el agro no es inmediato: existe un desfase de varios meses entre el encarecimiento de la energía y los fertilizantes, y el momento en que ese costo se traduce en menor superficie sembrada o en alimentos más caros en la góndola. Un conflicto que se resuelve en semanas alcanza a absorberse sin gran daño; uno que se extiende, como parece estar ocurriendo ahora, empieza a comprometer directamente la próxima temporada de siembra del hemisferio norte y, con ella, la disponibilidad y el precio de granos, fertilizantes y combustibles que también golpean al agro chileno.

Lo que viene

Con el Pentágono ahora reconociendo abiertamente el costo humano de la escalada y bajo presión pública por la controversia sobre la transparencia de sus cifras, la pregunta que queda abierta es si el reciente reconocimiento oficial marca un cambio de postura del gobierno estadounidense frente al conflicto, o si se trata simplemente de una corrección forzada por la presión periodística, en momentos en que los intercambios de ataques entre ambos países no muestran señales claras de detenerse.