De El Salvador a los laboratorios de Bayer, las grandes tecnológicas Google, Amazon, Microsoft, Apple y Meta dejaron de mirar la agricultura como un sector ajeno a su negocio y empezaron a construir alianzas concretas con gobiernos y multinacionales agroalimentarias. El capital de riesgo acompaña esa apuesta: solo en el primer trimestre de 2026, 163 startups de AgTech captaron US$1.890 millones a nivel mundial, un ritmo que confirma que la próxima frontera de la inteligencia artificial también se juega en el suelo.

El caso que resume la tendencia: satélites de Google para monitorear cultivos

El ejemplo más reciente y concreto llegó desde El Salvador, donde el Ministerio de Agricultura y Ganadería puso en marcha el Monitoreo Inteligente de la Red Agropecuaria (MIRA), un sistema de vigilancia agrícola construido sobre tecnología satelital de Google, en el marco de un convenio firmado con el gobierno del país. Según explicó el viceministro de Agricultura, Óscar Domínguez, el sistema permite observar parcelas, detectar plagas y enfermedades, medir humedad del suelo y cruzar esa información con decisiones productivas concretas, como la entrega de semillas, la selección de fechas de siembra y la identificación de nuevas zonas aptas para determinados cultivos —el caso de la papa en Morazán, una zona que históricamente no se asociaba a ese cultivo, es uno de los ejemplos que ya cita el propio gobierno salvadoreño.

Bayer, el caso que muestra cómo se pelean los grandes proveedores de nube

En el otro extremo de la cadena, la disputa por convertirse en el proveedor de infraestructura de datos de la agroindustria ya es explícita entre los gigantes tecnológicos. Bayer Crop Science opera hoy en un entorno multicloud, pero decidió profundizar su alianza con Amazon Web Services (AWS) para el desarrollo de inteligencia artificial generativa, aprovechando la plataforma Bedrock de Amazon para que sus científicos de datos accedan a modelos de lenguaje de código abierto disponibles en plataformas como Hugging Face. Al mismo tiempo, Bayer mantiene a Google BigQuery como el almacén de datos central de su división de cultivos, evidenciando que ni siquiera las gigantes agroquímicas dependen de un solo proveedor tecnológico, sino que reparten sus apuestas entre los distintos actores de Silicon Valley.

Más allá de Google: el frente filantrópico y científico

La irrupción de las grandes tecnológicas en el agro no se limita a contratos comerciales. CGIAR, la mayor red mundial de investigación agrícola, desarrolla junto a financiamiento y tecnología de actores como Google.org herramientas de inteligencia artificial pensadas específicamente para pequeños productores: Tumaini, una aplicación que permite a los cultivadores de banano resolver hasta el 90% de las principales enfermedades y plagas mediante el análisis de fotos tomadas con el celular; Melisa, un chatbot que calcula el rendimiento de maíz y trigo para agricultores colombianos cruzando predicciones climáticas, variedades de suelo y fechas de siembra; y Artemis, un sistema de visión por computador que ayuda a desarrollar variedades de cultivos adaptadas a condiciones climáticas locales.

Apple, apostando por la agricultura regenerativa desde el otro lado del carbono

Apple tiene un enfoque distinto al de Google o Amazon: en lugar de vender infraestructura de datos, invierte directamente en tierra. A través de su Restore Fund, lanzado en 2021 junto a Goldman Sachs y Conservation International, la compañía ya participa en dos docenas de proyectos de conservación y agricultura regenerativa repartidos en seis continentes, a los que luego se sumaron socios como TSMC y Murata. Entre sus inversiones destacan la restauración de bosques de secuoyas en California, un proyecto de reforestación con especies nativas en el bosque Atlántico de Brasil junto a la firma Symbiosis, y una iniciativa en Paraguay que busca generar ingresos a partir de manejo forestal responsable sin talar el resto del bosque circundante. Apple incluso evalúa usar el escáner LiDAR del iPhone para mejorar el monitoreo en terreno de estos proyectos. El objetivo declarado detrás del fondo es alcanzar la neutralidad de carbono en toda su cadena de suministro hacia 2030, retirando al menos un millón de toneladas métricas de CO2 de la atmósfera.

Meta, sin apuesta corporativa, pero con Zuckerberg metido hasta las botas en el rancho

A diferencia de sus pares, Meta no tiene, por ahora, un programa comercial de agtech comparable al de Google, Amazon o Apple. Lo curioso es que su propio fundador sí está profundamente metido en el agro, aunque a título personal: Mark Zuckerberg compró desde 2014 terrenos en la isla de Kauai, Hawái, que hoy conforman el Ko’olau Ranch, una propiedad de al menos 2.300 hectáreas valuada en unos US$300 millones. Allí, Zuckerberg cría ganado Wagyu cruzado con Angus con el objetivo declarado de producir “la carne de res de mayor calidad del mundo”, alimentando a los animales con harina de macadamia y cerveza producidas en el propio rancho, en un esquema que él mismo describe como verticalmente integrado y local.

Según explicó en el pódcast Idea Generation, su interés no pasa solo por la exclusividad del producto —de hecho, aclaró que no tiene intención de venderla— sino por entender cómo la genética puede optimizar variables como el crecimiento, la calidad nutricional y el bienestar animal, un enfoque de experimentación y optimización de sistemas que no es tan distinto al que aplicó durante años al negocio de Meta. El propio Zuckerberg calificó el proyecto como de bajo riesgo para su carrera pero de alta motivación personal, y contó que sus hijas participan activamente en el cuidado de los animales y la siembra de macadamias.

Los números que explican por qué el capital se mueve hacia el agro

El interés de las grandes tecnológicas coincide con un salto real en el financiamiento del sector. Según cifras de la industria, el mercado de inteligencia artificial aplicada a la ganadería de precisión pasó de US$2.700 millones en 2025 a una proyección de US$3.450 millones en 2026, creciendo a un ritmo anual de 27,9%. En paralelo, el mercado de robots agrícolas —valuado en US$17.730 millones en 2025— podría alcanzar los US$56.260 millones hacia 2030, según estimaciones de MarketsandMarkets. Categorías como la salud animal y la automatización de campo concentraron, cada una, el 35% de todas las inversiones de riesgo divulgadas en AgTech durante los doce meses previos a mayo de 2026, con la salud animal atrayendo por sí sola US$415,9 millones de capital.

Por qué el campo se volvió atractivo para las grandes tecnológicas

Detrás del interés de estas compañías hay una lógica de negocio bastante directa: la agricultura genera enormes volúmenes de datos —clima, suelo, riego, rendimiento, maquinaria— que hoy en día están, en su mayoría, subexplotados, y que encajan perfectamente con el modelo de negocio de las grandes plataformas de nube e inteligencia artificial. Cada nuevo sistema de monitoreo satelital, cada chatbot agronómico o cada plataforma de gestión de datos que se instala en un país o una multinacional agroalimentaria no solo resuelve un problema productivo, sino que también genera tráfico de datos, consumo de cómputo en la nube y dependencia tecnológica de largo plazo, tres variables centrales para el negocio de Google, Amazon y Microsoft.

Lo que viene

Con gobiernos de la región —El Salvador es solo el ejemplo más reciente— firmando convenios directos con Google, y con multinacionales como Bayer repartiendo su infraestructura de datos entre distintos proveedores de nube, todo indica que la carrera de las grandes tecnológicas por convertirse en el sistema operativo del campo mundial recién está comenzando. Para países agroexportadores como Chile, la pregunta que queda abierta es si este tipo de alianzas terminará llegando también a nivel de gobierno o de gremios locales, replicando el modelo que hoy exhibe El Salvador, o si el acceso a estas herramientas seguirá restringido, por ahora, a las grandes multinacionales del agro con capacidad de negociar directamente con Silicon Valley.