El sistema de gestión de oferta que protege a la industria láctea, avícola y de huevos de Canadá desde la década de 1970 volvió al centro de la disputa comercial con Estados Unidos, después de que Donald Trump lo señalara como uno de los tres principales “irritantes” que justifican un arancel del 50% sobre US$20.000 millones en productos canadienses, que entraría en vigencia en agosto. Frente a la presión, la respuesta desde Canadá ha sido unánime: el sistema no se toca.

Qué es exactamente el “supply management” canadiense

El sistema de gestión de oferta —conocido en inglés como supply management— fija cuotas de producción para los productores lácteos, avícolas y de huevos de Canadá, establece precios mínimos garantizados a través de juntas comercializadoras provinciales, y limita las importaciones extranjeras mediante aranceles que, para los volúmenes que exceden las cuotas asignadas, pueden llegar a entre 200% y 300%. Ese mecanismo, vigente desde los años setenta, les da a los productores canadienses un ingreso predecible y un abastecimiento doméstico estable, pero deja hoy a los productores estadounidenses con acceso libre de arancel a apenas 3,5% del mercado canadiense, pese a que Canadá ya es uno de los principales compradores de lácteos de Estados Unidos, con US$1.300 millones importados en 2025 según el Departamento de Agricultura estadounidense.

Un “irritante” que Trump viene señalando desde 2018

La molestia de Trump con este sistema no es nueva: ya había sido uno de los ejes centrales cuando su primera administración renegoció el TLCAN en 2018, ocasión en la que el entonces primer ministro Justin Trudeau calificó de imposible eliminar el sistema. Ahora, en la revisión del acuerdo comercial vigente entre ambos países, la Casa Blanca volvió a poner la gestión de oferta láctea en el centro de las negociaciones, calificándola de “irrazonable” para los agricultores estadounidenses que buscan vender sus productos al norte de la frontera.

La respuesta política: “no negociable”

La reacción del lado canadiense fue rápida y coordinada. La primera ministra de Quebec, Christine Fréchette —cuya provincia concentra la mayor industria láctea del país— calificó el sistema como no negociable. El ministro de Comercio Canadá-Estados Unidos, Dominic LeBlanc, lo defendió como “una piedra angular de la economía de Canadá y de sus comunidades rurales”, que garantiza a los canadienses el acceso a productos lácteos de calidad producidos por sus propios agricultores. Según David Clement, director de políticas para Canadá del centro de estudios Consumer Choice Center, se trata “del lobby político más poderoso del país”, con capacidad de movilización que ha incluido protestas con tractores y ganado frente al propio Parlamento canadiense cuando el sistema se ha visto amenazado en negociaciones anteriores.

La mirada desde el propio campo

Lejos de las declaraciones políticas, algunos productores lácteos canadienses observan la escalada con relativa calma. Angus MacKinnon, ganadero de séptima generación en Coaticook, Quebec —a apenas diez kilómetros de la frontera con Estados Unidos— señaló que llevaba dos años esperando que Trump apuntara finalmente contra la industria láctea. Según explicó, el impacto directo sobre los productores primarios sería limitado, ya que reciben su pago en la puerta del predio antes de que el producto pase a manos de la Federación Nacional de Productores de Leche y de los distribuidores, quienes serían los que absorberían el golpe arancelario en primera instancia.

Desde Dairy Farmers of Canada, el gremio que agrupa a los productores lácteos del país, salieron además a cuestionar la premisa detrás del reclamo estadounidense: según su propio comunicado, el comercio lácteo entre ambos países ya está regulado por el acuerdo comercial vigente (CUSMA), bajo el cual las exportaciones estadounidenses de lácteos a Canadá crecieron 150% entre 2019 y 2025, pasando de US$423 millones a US$1.060 millones.

Un round más en una disputa que ya lleva meses

El episodio se suma a una serie de fricciones comerciales recientes entre ambos países: Canadá ya había cancelado un impuesto a los servicios digitales que afectaba a tecnológicas estadounidenses para preservar el diálogo comercial con Washington, y esta misma semana Diario Agrícola reportó cómo Trump también exige a Canadá una compensación por el humo de sus incendios forestales, con la amenaza de sumar aranceles adicionales. La gestión de oferta láctea, sin embargo, aparece como un obstáculo de otro calibre: a diferencia de otras concesiones ya resueltas, todos los partidos políticos canadienses —de derecha a izquierda— coinciden en blindar este sistema, lo que anticipa que la negociación en torno a la leche podría convertirse en uno de los puntos más difíciles de destrabar antes de que el nuevo arancel entre en vigencia en agosto.

Por qué le importa al agro más allá de Canadá

El pulso entre Washington y Ottawa por la leche ilustra una tensión que se repite en distintos países productores: la disyuntiva entre modelos que priorizan la estabilidad de precios y el ingreso de sus propios productores —como la gestión de oferta canadiense— frente a la presión de mercados más abiertos que buscan mayor acceso comercial. Es el mismo tipo de debate que atraviesa hoy a la industria láctea chilena, que si bien opera bajo reglas de mercado abierto muy distintas a las canadienses, enfrenta igualmente el desafío de competir con una oferta internacional cada vez más agresiva, en un contexto global donde el comercio de lácteos se ha vuelto, una vez más, terreno de disputa geopolítica.

por Juan Lagos