La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó en junio la llegada de El Niño, con el pico de mayor intensidad proyectado entre el último trimestre de 2026 y el primero de 2027, justo sobre la temporada de siembra y crecimiento del hemisferio sur. El Banco Interamericano de Desarrollo advierte que, aunque todavía no hay certeza de que alcance la categoría de “súper Niño”, sus impactos en cosechas, infraestructura y precios de alimentos ya son motivo de alerta en toda la región.
Qué tan probable es que sea un evento extremo
Según el propio Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en un análisis publicado a fines de mayo, la probabilidad de que El Niño 2026-2027 alcance una intensidad extrema —comparable a los “súper Niños” de 1982-83, 1997-98 y 2014-16— se ubica hoy en apenas 20% para el próximo semestre. El propio organismo es claro: “por el momento, no hay suficiente evidencia” para afirmar que este será un evento de esa magnitud. Sin embargo, el BID también advierte que incluso los eventos de intensidad moderada o débil han mostrado históricamente impactos recurrentes y significativos sobre la agricultura y la economía de la región, por lo que la incertidumbre sobre la intensidad final no debería confundirse con ausencia de riesgo.
En cuanto a la probabilidad de que el fenómeno se presente, la NOAA ya elevó sus estimaciones durante el primer semestre de 2026 —de 50% a 61% de probabilidad para el trimestre mayo-julio, según cifras citadas por Bloomberg Línea en abril— antes de confirmar oficialmente su llegada en junio.
Un mapa de riesgos distinto según cada país
El impacto de El Niño no es uniforme: mientras algunas zonas de la región enfrentan riesgo de sequía, otras se preparan para lluvias e inundaciones. Según el BID, se anticipan déficits de lluvia con riesgo de sequía en Colombia, Perú y el sur de Chile, mientras el calor más intenso —con temperaturas hasta 2,5°C por sobre lo normal— se concentraría en el centro de Brasil, la costa de Colombia, Ecuador y Perú, y partes del este de Bolivia. En el extremo opuesto, el norte de Perú y el noroeste de Brasil podrían recibir lluvias por encima de lo habitual, con riesgo de inundaciones y deslizamientos.
En la costa del Pacífico sudamericano —Perú, Ecuador y el norte de Chile— el período de mayor intensidad se concentraría entre el último trimestre de 2026 y los primeros meses de 2027, justo cuando se concentra buena parte de la producción de fruta y hortalizas de exportación de esa franja. Según el medio especializado Agrolatam, esas lluvias intensas podrían afectar tanto el volumen como la calidad de la fruta y las hortalizas destinadas a mercados internacionales, además de dañar caminos e infraestructura rural en zonas tradicionalmente áridas. En el extremo norte de la región, México y Centroamérica enfrentarían el patrón inverso: condiciones más secas de lo habitual, dada la cercanía de esos países a las aguas cálidas del Pacífico que caracterizan al fenómeno.
Argentina, la variable que más pesa para el mercado mundial
Para el mercado agrícola global, el país que más de cerca se está monitoreando es Argentina, dado el peso de sus cosechas de maíz y soja sobre los precios internacionales de esos commodities. Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, explica que el impacto de El Niño en la región llegaría por varios canales simultáneos: mayores costos de energía por una menor generación hidroeléctrica —lo que obliga a recurrir a generación térmica, más cara— mayores costos logísticos asociados a eventuales dificultades de tránsito por el Canal de Panamá, y una menor producción de alimentos en las zonas más afectadas.
El otro frente: pesca, energía e inflación
El fenómeno no se limita a los cultivos de tierra. La pesquería de anchoveta en Perú, base de la producción mundial de harina de pescado —insumo clave para la alimentación animal— es descrita internacionalmente como una de las víctimas clásicas de los eventos de El Niño, lo que podría presionar al alza los costos de alimentación en la industria pecuaria y acuícola de toda la región. En Colombia, el riesgo se traslada además al sistema eléctrico, con la generación hidroeléctrica del país nuevamente expuesta a un evento de este tipo. El resultado combinado de estos factores, según el análisis de Bloomberg Línea, sería un mayor riesgo inflacionario en la región, impulsado principalmente por los precios de los alimentos y de la energía, en un contexto de impactos desiguales entre países según su exposición geográfica y su capacidad de respuesta.
Lo que le espera al agro chileno
Para Chile, el propio sistema frontal que ya golpeó al país durante julio se explica en parte por la mayor humedad que trae consigo un océano Pacífico más cálido, la misma dinámica de fondo que caracteriza a El Niño. Con el sur del país incluido entre las zonas de riesgo de déficit hídrico según el BID, y el norte del país —incluida la fruticultura de exportación de la franja costera— expuesto a lluvias intensas hacia fin de año, el sector agrícola nacional enfrenta un semestre que exigirá monitoreo constante, independientemente de si el fenómeno finalmente alcanza o no la categoría de “súper Niño”.
Lo que viene
Con el pico del fenómeno recién esperado para el último trimestre de 2026 y el primero de 2027, los organismos internacionales coinciden en que la ventana actual es clave para la preparación: sistemas de alerta temprana, agricultura de precisión, planificación sanitaria e inversión en infraestructura resiliente aparecen, según el propio BID, como las principales herramientas disponibles para reducir el impacto de un fenómeno cuya llegada ya es un hecho confirmado, aunque su intensidad final todavía esté por definirse.
por Juan Lagos
