Detrás de una puerta azul sellada, en un túnel que dejó de ver autos hace más de dos décadas, crecen hoy 60 tipos distintos de verduras y fresas bajo una luz rosada, con música de Beethoven de fondo. No es una excentricidad: es la respuesta de una startup surcoreana a dos problemas que se combinan de forma particularmente dura en su país —casi no hay tierra cultivable, y climatizar una granja vertical en superficie cuesta una fortuna en electricidad.
Corea del Sur tiene una topografía tan montañosa que buena parte de su territorio nunca fue apta para la agricultura tradicional. A eso se suma un problema más reciente y más caro: las granjas verticales convencionales —esas fábricas de alimentos en interiores, con luces LED e hidroponía— consumen cantidades enormes de electricidad para mantener el ambiente climatizado, sobre todo en un país con veranos húmedos y calurosos e inviernos que pueden ser extremadamente fríos. Al mismo tiempo, la construcción de nuevas autopistas y líneas ferroviarias de alta velocidad dejó decenas de túneles antiguos, perforados a través de montañas, completamente en desuso.
Convertir un pasivo de infraestructura en un activo agrícola
La startup NextOn, fundada en 2017 por tres exingenieros de Seoul Semiconductor especializados en tecnología LED, decidió unir ambos problemas para resolverlos al mismo tiempo. Su primer proyecto, y todavía el más conocido, ocupa un túnel de autopista abandonado en Okcheon, en la provincia de Chungcheong del Norte, a unos 200 kilómetros al sur de Seúl. Construido en 1970 como parte de una de las primeras autopistas del país, el túnel cerró en 2002 y permaneció vacío durante más de una década, hasta que NextOn llegó a un acuerdo con el gobierno para reconvertirlo en lo que la propia compañía describe como la primera granja vertical del mundo construida dentro de un túnel.
Por qué una montaña es mejor climatizador que un edificio
La clave del proyecto está en algo que no requiere ninguna tecnología sofisticada: la física básica de estar bajo tierra. Sepultado bajo metros de roca y tierra, el interior del túnel mantiene de forma natural y pasiva una temperatura estable durante todo el año, de entre 10°C y 22°C, sin necesidad de un sistema activo de calefacción o refrigeración que compense las temperaturas extremas del exterior. Ese aislamiento térmico natural —el mismo principio detrás de por qué una cueva se siente fresca en verano y templada en invierno— es lo que le permite a NextOn evitar buena parte del gasto energético que normalmente representa la partida más cara de operar una granja vertical en un edificio de superficie. El túnel además está completamente a oscuras de forma natural, lo que facilita controlar con precisión la única fuente de luz que reciben las plantas: la iluminación LED artificial.
Según explicó Choi Jae-bin, director de NextOn, esa temperatura naturalmente estable resulta prácticamente ideal para optimizar las condiciones de cultivo de la mayoría de las especies que produce la compañía.
Del suelo a la mesa, sin una gota de pesticida
Dentro del túnel, de 600 metros de longitud y una superficie interior de 2.300 metros cuadrados —lo que la convirtió, al momento de su apertura, en la granja vertical más grande de Corea del Sur y una de las más grandes del mundo en su tipo—, NextOn instaló torres de cultivo hidropónico en capas verticales, sin necesidad de suelo, donde las plantas reciben un flujo continuo de solución nutritiva. El sistema ya produce más de 60 tipos distintos de frutas, verduras y hierbas, incluyendo lechugas de especialidad, kale y fresas de alta calidad. Al estar completamente sellado del exterior, el túnel impide el ingreso de plagas, hongos o insectos que normalmente obligarían a usar pesticidas, lo que le permite a la compañía asegurar que sus productos se cultivan sin necesidad de químicos agresivos.
Un detalle curioso que la propia compañía reivindica como parte de su método: dentro del túnel se reproduce música clásica —piezas de Beethoven y Schubert, entre otros compositores—, que según Choi ayuda a estimular el crecimiento de las plantas.
Un modelo que ya se replicó más allá del primer túnel
NextOn no se quedó en Okcheon. La compañía ya expandió su modelo de reutilización de espacios en desuso a otros formatos: instaló una granja adicional en una estación de metro subterránea en desuso de la línea Nambu, y desarrolló además una instalación de producción de fresas de tipo “warehouse” en Taebaek. Según la propia empresa, aprovechar la infraestructura del túnel de Okcheon —en vez de construir un edificio nuevo desde cero— le permitió reducir a la mitad el costo total de construcción del proyecto original, además de recortar significativamente el consumo de agua y energía frente a una granja vertical convencional en superficie.
Qué significa esto para la agricultura urbana
El caso de NextOn plantea un modelo replicable para cualquier país que combine dos condiciones específicas: escasez de suelo cultivable y un inventario creciente de infraestructura subterránea abandonada —túneles ferroviarios o carreteros que quedaron obsoletos tras la construcción de rutas más modernas—. Más allá del ahorro energético que ofrece la estabilidad térmica natural de estar bajo tierra, la ubicación de muchos de estos túneles cerca de autopistas y centros urbanos abre además la posibilidad de acortar drásticamente la distancia entre la cosecha y el punto de venta, algo especialmente valioso para productos de hoja verde y frutillas, que pierden calidad rápidamente durante el transporte. Para países con topografía montañosa y escasez de tierra agrícola similar a la de Corea del Sur, la pregunta que deja este caso no es tanto si la tecnología funciona —ya lleva más de siete años operando de forma continua—, sino cuántos túneles y espacios subterráneos abandonados existen, en cualquier otra parte del mundo, esperando el mismo tipo de segunda vida agrícola.
Fuentes: Associated Press (vía iGrow News / VOA / Agritecture), LEDinside, KoreaTechDesk, Boomers Daily, Seoulz (The Future of Farming).
por José Rios
