Existe una creencia extendida de que caminar entre árboles “hace bien”, pero pocas veces esa intuición ha sido llevada al laboratorio con tanto rigor como lo hizo el inmunólogo japonés Dr. Qing Li. Durante más de dos décadas, este médico de la Escuela de Medicina Nippon, en Tokio, se dedicó a comprobar científicamente algo que la cultura japonesa practica desde los años ochenta bajo el nombre de shinrin-yoku, o “baño de bosque”.
De tradición cultural a ciencia medible
El shinrin-yoku nació en Japón en la década de 1980 como una práctica de bienestar promovida por el propio gobierno japonés, mucho antes de convertirse en tendencia global de wellness. El Dr. Li tomó esa tradición y la sometió a estudios clínicos rigurosos desde comienzos de los años 2000, buscando entender qué ocurre realmente en el cuerpo humano cuando pasa tiempo en un bosque.
Su hipótesis de partida fue relativamente simple: se sabe que el sistema inmune, incluyendo las llamadas células NK (“natural killer” o asesinas naturales), cumple un rol clave en la defensa contra virus, bacterias y tumores, y también se sabe que el estrés inhibe la función inmune. Si el bosque genera relajación, razonó Li, entonces podría tener un efecto positivo indirecto sobre el sistema inmunológico.
Los fitoncidas, la sustancia detrás del efecto
La explicación biológica que encontró Li está en los fitoncidas, compuestos orgánicos volátiles que los árboles liberan al aire como mecanismo de defensa natural contra insectos, hongos y bacterias. Al caminar por un bosque, las personas inhalan estos compuestos, que pasan a través de los pulmones directamente al torrente sanguíneo.
En uno de sus estudios más citados, publicado en 2007, un grupo de hombres de mediana edad pasó tres días y dos noches en un entorno boscoso. Los análisis de sangre tomados antes y después mostraron un aumento de hasta 50% en la actividad de las células NK, junto con un incremento en la producción de proteínas anticáncer como perforina, granzimas y granulisina. Lo más llamativo fue que ese aumento se mantuvo medible en la sangre de los participantes durante más de 30 días después del viaje.
En paralelo, la investigación de Li documentó que la exposición a estos compuestos también influye sobre el sistema nervioso simpático, asociado a la respuesta de “lucha o huida”: los niveles de cortisol y adrenalina —las principales hormonas del estrés— tienden a reducirse, junto con la frecuencia cardíaca y la presión arterial en reposo.
Ciencia sólida, con matices que vale la pena conocer
Es importante ser preciso sobre el alcance real de esta evidencia. Se trata de un cuerpo de investigación consistente, replicado en distintos estudios durante más de 20 años, pero concentrado mayoritariamente en un mismo grupo de investigadores liderado por Li, con muestras generalmente pequeñas y diseños en su mayoría observacionales o de tipo piloto, que miden marcadores inmunológicos más que resultados clínicos de enfermedad a largo plazo. Una revisión sistemática publicada en 2024, que agregó ocho estudios a lo largo de 16 años, confirmó la dirección del efecto de los fitoncidas sobre la activación de las células NK, consolidando esta línea de investigación como una de las más sólidas dentro de la llamada medicina forestal.
Hoy, el Dr. Li es profesor clínico en la Escuela de Medicina Nippon y presidente de la Sociedad Japonesa de Medicina Forestal, además de autor del libro Forest Bathing, traducido a múltiples idiomas. Su trabajo ayudó a transformar una práctica cultural japonesa en un campo de estudio médico reconocido internacionalmente, y sigue siendo hoy la referencia obligada para entender por qué, más allá de la intuición, un bosque realmente puede hacernos bien.
Fuentes: Nippon Medical School, UNature, The Forest Bathing Institute, Hiking Research, Ocarina Health, INT News, PMC (National Library of Medicine, EE.UU.).
por José Rios
