En el corazón del Bosque Valdiviano, donde Pablo Neruda alguna vez escribió sobre la inmensidad que sentía al recorrerlo, nació en 2008 una marca de cosmética que decidió apostar por algo poco común en su industria: en vez de importar fórmulas o principios activos sintéticos, ir a buscar sus ingredientes al patio trasero. Esa marca es Majen, y hoy es uno de los casos más consolidados de cosmética natural hecha en Chile.

Un laboratorio con el bosque como materia prima

La propuesta de Majen parte de una premisa simple: el sur de Chile tiene una de las biodiversidades más ricas del planeta, y esa riqueza puede traducirse en cuidado de la piel. La marca elabora sus productos con hierbas, hojas, cortezas y flores nativas, muchas de ellas usadas durante siglos por los pueblos originarios del sur por sus propiedades medicinales. En sus formulaciones aparecen ingredientes tan chilenos como el boldo, el laurel, el romero y la lavanda, además de un activo propio y patentado, Mediacalm, desarrollado específicamente para tratar la sensibilidad cutánea y la respuesta de la piel al estrés.

Esa apuesta por lo local no es solo narrativa de marketing: la región de Los Ríos, donde está instalado el laboratorio de Majen, concentra la mayor producción de berries nativos de Chile —maqui, murta, murtilla, sauco y calafate—, reconocidos internacionalmente por tener algunos de los niveles de antioxidantes más altos del mundo. Son justamente ese tipo de “superfrutos” del bosque los que inspiran buena parte del catálogo de la marca.

De un taller en Valdivia a las vitrinas de los grandes malls

Majen partió como un proyecto pequeño y hoy tiene presencia consolidada a nivel nacional, con locales propios en centros comerciales como Parque Arauco y Alto Las Condes, sumados a su red de tiendas en el sur del país. Detrás de ese crecimiento está Consuelo Soto, fundadora de la marca, quien ha sido clara respecto a su estrategia: expandirse sin perder el control de la experiencia de marca ni los estándares que definieron a Majen desde su origen.

La compañía mantiene su laboratorio propio en Valdivia y trabaja con alianzas de producción tanto en Chile como en Europa y Corea, certificadas bajo normas internacionales de calidad (ISO 9001 GMP). En paralelo, ha ido incorporando principios de neurocosmética a su desarrollo de productos, combinando el conocimiento ancestral sobre las plantas del bosque con investigación científica más reciente.

Una filosofía calcada de la naturaleza que la rodea

Majen no se limita a usar plantas nativas como insumo: construyó toda su forma de trabajar a partir de la lógica del propio bosque. La marca describe su proceso de formulación como “holístico”, buscando fusionar de manera armónica los beneficios de los fitoactivos, las texturas y la química avanzada, en lugar de simplemente insertar un extracto natural dentro de una fórmula genérica. Sus técnicas de extracción, que en algunos casos se aplican durante varias semanas, están pensadas para maximizar la concentración de fitonutrientes y potenciar así el efecto regenerativo de cada producto, en una suerte de traducción directa del tiempo lento del bosque al tiempo de fabricación.

Esa misma lógica se refleja en su filosofía de marca, que declara un compromiso permanente con el bienestar integral de la piel, el cuerpo y el espíritu, junto con un respeto constante por “nuestra tierra y nuestro origen, el sur de Chile”. Para Majen, el conocimiento ancestral de los pueblos originarios sobre estas mismas plantas no es un dato decorativo, sino parte activa de cómo diseñan sus fórmulas, combinando esa herencia con investigación científica y tecnología de formulación más moderna.

Un compromiso que va más allá del ingrediente

Majen ha construido su identidad también en torno al cuidado del propio bosque que le da nombre y materia prima. La marca ha sido explícita en describir al Bosque Valdiviano como “un espacio sagrado” que hay que proteger, y ha incorporado prácticas como la cosmética waterless (formulaciones que reducen o eliminan el uso de agua) dentro de su estrategia de sostenibilidad, buscando que su impacto sobre el ecosistema que la inspira sea el menor posible.

Es, en el fondo, una historia de ida y vuelta: una marca que le debe su identidad completa a la naturaleza del sur de Chile, y que ha construido su negocio sobre el compromiso de devolverle algo de cuidado a cambio.

por Juan Lagos