Un chico que forjaba clavos de escalada en el patio de su casa y un adolescente que dejó el colegio se hicieron amigos en una pared de roca. Medio siglo después, uno había regalado su empresa y el otro había dejado la moda para comprar y proteger millones de hectáreas. Esta es la historia de los fundadores de Patagonia y The North Face.
Treinta minutos para sobrevivir
Eran las 11 de la mañana del 8 de diciembre de 2015. Seis kayakistas remaban por el lago General Carrera, en la Patagonia chilena. De pronto, el viento levantó olas de casi tres metros.
El agua estaba a menos de 4 °C. El kayak doble de Douglas Tompkins y Rick Ridgeway volcó. Según National Geographic, el viento huracanado y un timón roto los obligaron a nadar. Ridgeway contó después que calcularon que tenían unos 30 minutos para sobrevivir.
En otro kayak iba Yvon Chouinard. Bajó en una isla cercana, liberó su asiento para el rescate y se quedó en la orilla como vigía.
Entre ellos había dos amigos de casi 60 años. Uno había fundado The North Face. El otro, Patagonia. Según National Geographic, su amistad ayudó a moldear la cultura ambiental de la industria outdoor. Para entender cómo llegaron a ese lago, hay que volver al principio. Esta es la historia de los fundadores de Patagonia y The North Face.
El chico de los halcones y el muchacho que dejó el colegio
Yvon Chouinard nació el 9 de noviembre de 1938 en Lewiston, Maine, en una familia francocanadiense. Siendo niño, su familia se mudó a California. A los 14 años se unió a un club de cetrería. Para llegar a los nidos de los halcones, aprendió a escalar. Esa curiosidad iba a cambiarlo todo.
En 1957 compró una fragua usada y empezó a forjar clavos de escalada, los pitones. Los vendía a 1,50 dólares desde la maleta de su auto. Más tarde levantó un pequeño taller en el patio de la casa de sus padres, en Burbank. En 1964 participó en la primera ascensión de la ruta North America Wall, en El Capitán, junto a Tom Frost, Chuck Pratt y Royal Robbins.
Douglas Tompkins nació el 20 de marzo de 1943 en Conneaut, Ohio, y creció en el valle del Hudson, en Nueva York. Dejó el colegio siendo adolescente. Chouinard lo recordaría así en su obituario: «Si quieres entender al empresario, estudia al delincuente juvenil. Así era Doug.»
Se conocieron escalando en las Shawangunks, cuando Tompkins tenía unos 15 años, según Chouinard. Después, entre 1960 y 1962, Tompkins esquió y escaló en Colorado, Europa y Sudamérica. En 1964 se casó con Susie Russell y pidió un préstamo de 5.000 dólares para fundar The North Face.
Una decisión que costó 70% de los ingresos
En 1965, Chouinard se asoció con su amigo Tom Frost y creó Chouinard Equipment. Hacia 1970 era el mayor proveedor de material de escalada de Estados Unidos. Pero había un problema. Los pitones de acero, que se clavaban a martillazos, dejaban cicatrices en las grietas de Yosemite.
La solución llegó en el catálogo de 1972, con cuñas de aluminio que se colocaban y se retiraban sin marcar la roca. Eso significó dejar de fabricar pitones, que aportaban 70% de los ingresos de la empresa. Chouinard lo hizo igual. Así empezó a difundirse la escalada limpia.
Casi al mismo tiempo, la ropa apareció por casualidad. Chouinard trajo de Escocia una camisa de rugby resistente al roce y empezó a importar prendas. En 1973 abrió en Ventura, California, la tienda Great Pacific Iron Works, la primera de Patagonia. Según su fundador, la idea era hacer ropa para las duras condiciones del sur de los Andes. El logo de la marca es la silueta del macizo Fitz Roy.
En esa empresa trabajaba Kristine McDivitt, a quien Chouinard había contratado de adolescente. Llegaría a ser su primera directora ejecutiva.
La tienda donde tocó el Grateful Dead
Mientras Chouinard forjaba hierro, Tompkins armaba otra historia. The North Face abrió su primera tienda en 1966, en el barrio de North Beach, en San Francisco. En la inauguración tocó el Grateful Dead. En el primer catálogo, de 1968, Tompkins prometía artículos prácticos para quienes practican deportes de montaña, sin trucos ni artilugios.
Pero no se quedó. Ese mismo año se alejó de la empresa. National Geographic informa que la vendió por 50.000 dólares. Según Chouinard, Tompkins no podía quedarse quieto. Tenía muchas ideas y se atrevía a tomar riesgos, aunque Chouinard no sabía si era un gran empresario.
Paralelamente, Tompkins y su esposa Susie fundaron, junto a Jane Tise, la marca de ropa Esprit. En los años 80 llegó a tener 690 tiendas propias y 14.500 puntos de venta en el mundo, según WWD. En 1989, Tompkins vendió su parte de la operación estadounidense a Susie, de quien ya estaba separado.
Seis meses en una furgoneta rumbo al fin del mundo
Si hay un año en que todo cambia, es 1968. Cinco amigos subieron a una furgoneta Ford Econoline de 1965 en Ventura. Eran Chouinard, Tompkins, el esquiador Dick Dorworth, el escalador Chris Jones y el cineasta Lito Tejada-Flores. Se apodaron los «Fun Hogs». El viaje fue idea de Tompkins.
El destino era el Fitz Roy, en la Patagonia argentina. Tompkins escribió después que bastaba ver una sola diapositiva, incluso mediocre, del macizo para querer ir. El camino, de unos 8.000 kilómetros (5.000 millas), duró cerca de seis meses. Hubo surf, esquí y aventuras de sobra, y todo quedó registrado en una cámara Bolex de 16 mm.
Al llegar a la montaña, empezó lo difícil. Los cinco pasaron cerca de 30 días en cuevas de hielo. El viento, a veces, impedía moverse. En diciembre salieron de madrugada y abrieron una vía nueva, hoy llamada Ruta Californiana. Era la tercera ascensión al Fitz Roy.
Tras la ascensión, Tompkins recordó a un grupo de «cinco californianos cansados» que cerraba «el viaje de los viajes». Lo filmado se convirtió en Mountain of Storms, una de las primeras películas de aventura de largo metraje. Recién se estrenó de forma masiva en 2018.
Según el Alpine Institute, el viaje marcó a ambos. Chouinard lo cita como el origen de su interés por la conservación, y Tompkins como la inspiración para mudarse a la Patagonia. Esa montaña terminó dando nombre y logo a la empresa de Chouinard.
El millonario que se mudó al fin del mundo
Veinte años después de esa expedición, Tompkins era rico y estaba desencantado con la industria de la moda y con su impacto ambiental. En 1989 dejó Esprit y se mudó al sur de Chile, donde había escalado, navegado en kayak y esquiado.
Allí fundó, en 1990, la Foundation for Deep Ecology y, en 1992, el Conservation Land Trust, hoy Tompkins Conservation. Kristine McDivitt, mientras tanto, tomaba una decisión enorme. Según Outside, hizo estallar su vida personal. En 1993 dejó Patagonia, se casó con Doug y se fue a vivir con él.
Juntos empezaron a comprar tierras. Su primer gran proyecto fue Pumalín: unas 275.000 hectáreas que Tompkins anunció como parque en 1994.
Entonces llegó la tormenta política. El Parlamento debatió si el proyecto amenazaba la soberanía, porque el terreno iba desde el Pacífico hasta la frontera con Argentina. El senador Antonio Horvath dijo que sus compras partían el país en dos. Eduardo Frei llegó a decir que Tompkins se creía dueño del país. Kris recordó que los enfrentaron durante cuatro años y que eran «la pareja que cortó Chile por la mitad». Hasta los acusaron de planear un vertedero nuclear. Pumalín fue declarado santuario de la naturaleza en 2005.
El valle de las 25.000 ovejas
En 2004, los Tompkins compraron la estancia Valle Chacabuco, de unas 70.000 hectáreas. Había sido una de las mayores ganaderías de ovejas de Chile. Allí pastaban unas 25.000 al año. Vendieron los animales, ofrecieron trabajo a los gauchos y quitaron cientos de kilómetros de cercos.
El cambio se notó. Según The Guardian, la población de guanacos pasó de unos cientos a cerca de 3.000. El proyecto sumó además una huerta orgánica para el restaurante del refugio y para los trabajadores del parque. La idea era mostrar que la agricultura orgánica es rentable.
Los dos amigos escalaron juntos en ese valle. En una expedición filmada para el documental 180° South, que recrea el viaje de 1968, subieron junto a Rick Ridgeway un cerro de 2.300 metros. Tompkins lo bautizó Cerro Kristine, en honor a su esposa.
El hombre que pidió que no le compraran su chaqueta
Mientras Tompkins compraba tierras, Chouinard cambiaba su empresa desde adentro. Desde 1985, Patagonia destina 1% de sus ventas a causas ambientales. En 1996 tomó una decisión radical: usar solo algodón orgánico y darse 18 meses para lograrlo. Para convencer a los primeros agricultores, Chouinard firmó como codeudor de sus préstamos bancarios, según Stanford. Él mismo ha dicho que nunca quiso ser empresario.
En 2002 fundó, junto a Craig Mathews, la red 1% for the Planet, que invita a otras empresas a donar 1% de sus ventas. Y en el Black Friday de 2011 hizo algo que ninguna marca esperaba. Patagonia publicó en The New York Times un aviso que decía «Don’t Buy This Jacket» (No compres esta chaqueta). Pedía comprar menos. Las ventas siguieron creciendo.
En 2018, la empresa anunció que destinaría 10 millones de dólares, provenientes del recorte de impuestos en Estados Unidos, a grupos de base y al movimiento de agricultura orgánica regenerativa.
De vuelta al lago
De vuelta al lago. Ridgeway fue rescatado y remolcado a la orilla. Weston Boyles alcanzó a Tompkins en un kayak individual e intentó llevarlo a tierra. Después llegó un helicóptero. La Armada de Chile había enviado botes y helicópteros. Tompkins fue trasladado al hospital de Coyhaique. Murió allí, por hipotermia severa. Tenía 72 años.
Chouinard, que se había quedado como vigía, contó después que ambos eran demasiado temerarios ante el peligro, como si buscaran una catástrofe para intentar salir de ella. También escribió que, con sus actos, su amigo se convirtió en el maestro que todos necesitaban.
Kris siempre había imaginado que Doug moriría en un accidente de avioneta, según Outside. No fue así. Tompkins fue enterrado en un pequeño cementerio del valle Chacabuco, el mismo valle donde antes pastaban 25.000 ovejas y donde está el cerro que bautizó con el nombre de su esposa.
Los parques que quedaron
Tras la muerte de Tompkins, según Chouinard, los presidentes de Chile y Argentina llamaron para pedir que se terminaran los parques. Kris tomó la posta. En marzo de 2017, junto a la presidenta Michelle Bachelet, anunció una donación de unas 407.000 hectáreas (cerca de un millón de acres), que la fundación describe como la mayor donación privada de tierras a un país. Había una condición: por cada hectárea recibida, el Estado debía comprometer el doble.
Chile respondió reclasificando más de 2 millones de hectáreas como parques nacionales. Hoy forman la Ruta de los Parques de la Patagonia, con 17 parques y 11,5 millones de hectáreas, según Fortune. En 2019 se firmó el traspaso formal de los parques Pumalín Douglas Tompkins y Patagonia. Kris dijo que, después de años de trabajo junto a Doug, el sueño de que Pumalín y Patagonia fueran parques nacionales se había cumplido.
Antes, en 2013, los Tompkins habían hecho su primera donación: unas 15.000 hectáreas (37.000 acres) para ampliar el Parque Nacional Perito Moreno, en Argentina. Con ese gesto, la desconfianza empezó a ceder.
En Argentina, el Congreso creó en 2018 el Parque Nacional Iberá, de casi 160.000 hectáreas, con tierras donadas por los Tompkins. En junio de 2018 nacieron allí los primeros jaguares en décadas, parte de un programa para reintroducir la especie. Según el Decenio de la ONU para la Restauración de Ecosistemas, Tompkins Conservation impulsó la creación de 13 parques nacionales que protegen casi 5,9 millones de hectáreas.
La Tierra, única accionista
Siete años después de la muerte de Tompkins, Chouinard, ya con 83 años, tomó otra decisión radical. El 14 de septiembre de 2022 transfirió la propiedad de Patagonia a dos entidades. El Patagonia Purpose Trust controla todas las acciones con voto, que equivalen a 2% del total. El Holdfast Collective, una organización sin fines de lucro, tiene el 98% restante. La empresa proyecta destinar unos 100 millones de dólares al año a combatir la crisis ambiental.
«La Tierra es ahora nuestra única accionista», escribió Chouinard. Medios estimaron la compañía en unos 3.000 millones de dólares.
La marca de Tompkins siguió otro camino. The North Face pertenece desde 2000 a VF Corporation. En el año fiscal 2026, terminado el 28 de marzo, VF registró ingresos por 9.600 millones de dólares y The North Face creció 8,2%, según Retail Gazette.
Los fundadores de Patagonia y The North Face, medio siglo después
Todo empezó con dos jóvenes que dormían en cuevas de hielo para subir una montaña. Medio siglo después, uno regaló su empresa y el otro, junto a su esposa, destinó su fortuna a proteger millones de hectáreas en Chile y Argentina. Los fundadores de Patagonia y The North Face tomaron caminos distintos. Pero ambos partieron del mismo lugar: una pared de roca, una furgoneta y las ganas de cuidar lo que los había maravillado.
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por Juan Lagos
