El cultivo de té y yerba mate en Shizuoka (Japón) y en el estado de Paraná (Brasil) se apoya en pastizales seminaturales y en bosque de araucarias, dos sistemas tradicionales que la FAO reconoció como patrimonio agrícola mundial.

El cultivo de té y yerba mate tiene dos versiones tradicionales en las que la plantación no desplaza a la vegetación nativa, sino que depende de ella. En Shizuoka, en Japón, el té se cubre con pasto cortado de pastizales vecinos. En el estado de Paraná, en Brasil, la yerba mate crece bajo el dosel del bosque de araucarias. La FAO reconoció ambos como Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (GIAHS, por su sigla en inglés): el japonés en 2013 y el brasileño en mayo de 2025.

El pasto que cubre los campos de té en Shizuoka

El sistema japonés se llama Chagusaba, término que designa los pastizales seminaturales que rodean los campos de té. La hierba que se corta allí se conoce como chagusa. Los productores de las ciudades de Kakegawa, Kikugawa, Shimada y Makinohara, y de la localidad de Kawanehon, cortan entre otoño e invierno principalmente pasto plateado (Miscanthus sinensis) y bambú enano sasa. Después dejan secar el material cerca de un mes, lo trozan y lo extienden en los surcos entre las hileras de té, donde se convierte en compost.

La labor es intensa: cortar y esparcir el pasto concentra cerca del 60 % de las horas de trabajo del cultivo entre otoño y primavera, según una revista japonesa que cita al consejo que promueve el sistema. A cambio, el té producido con este método se transa a precios altos, de acuerdo con la FAO, y todavía se cosecha a mano en Shizuoka. Los pastizales se mantienen por la actividad humana desde hace más de 10.000 años, según el organismo, y el sistema convive con la mecanización de la cosecha y la modernización del procesamiento.

Los pastizales también cumplen una función ecológica. La FAO indica que su flora silvestre, que incluye especies raras, se conserva gracias al corte periódico del pasto y a la exclusión tanto del pastoreo como de las quemas controladas. Al cortar el pasto alto, además, la luz llega a plantas y animales pequeños. En Higashiyama, en la ciudad de Kakegawa, un análisis con fotografía aérea estimó que el 65 % de la superficie se mantiene como pastizal seminatural.

Existe además un sello que clasifica el té con una, dos o tres hojas según la proporción de pastizal que el productor mantiene respecto de su predio: de 5 % a 25 %, de 25 % a 50 % y más de 50 %, respectivamente. Las hojas del té chagusaba suelen someterse a vaporizado profundo, lo que da un té de infusión rápida, y comercializadores lo describen como más dulce y aromático; la FAO, en tanto, habla de té de alta calidad.

Yerba mate bajo el dosel de la selva de araucarias

En el centro-sur de Paraná, la yerba mate (Ilex paraguariensis) se cultiva dentro de bosques nativos y no en campos despejados. El sistema se ubica en la selva de araucarias, parte de la Mata Atlántica, uno de los ecosistemas más amenazados del planeta, según la FAO. Es la segunda práctica brasileña con ese título, junto al sistema de los recolectores de flores siempreviva de la Sierra del Espinhaço, en Minas Gerais.

Pueblos indígenas y comunidades tradicionales del sur de Brasil cultivan la yerba mate en sistemas sombreados desde hace siglos, según la FAO. Allí la planta crece junto a especies nativas como araucaria, imbuia y canela guaicá, que los propios productores propagan para mantener la estructura del bosque. Más de 100 especies de plantas coexisten con ella, y las familias cultivan además maíz, porotos, mandioca, hortalizas y frutas nativas. Las hojas se cosechan cada tres años para que la planta se regenere. Un pequeño productor citado por la FAO sostiene que es necesario preservar el bosque, proteger las fuentes de agua y evitar los agroquímicos.

Según el ingeniero forestal Avner Paes Gomes, del Instituto de Desarrollo Rural de Paraná (IDR-Paraná), el cultivo funciona como un consorcio forestal en que la yerba mate se produce entre otras especies nativas. Paraná es el mayor productor de yerba mate de Brasil, con una cadena que involucra a unas 30.000 familias y mueve 1.300 millones de reales al año, según datos del valor bruto de producción de 2023, y cerca del 70 % de su área de cultivo usa la técnica sombreada.

La modernización amenaza el cultivo de té y yerba mate

En Shizuoka, la modernización de la agricultura redujo la superficie de pastizales seminaturales, y esa pérdida deterioró de forma rápida su biodiversidad, según la FAO. Los productores que mantienen la práctica lo hacen porque, a su juicio, mejora la calidad del té, pese al trabajo que exige. En Brasil, un artículo científico de 2024 sobre la sustentabilidad de la yerba mate sombreada señala que las estrategias para maximizar la productividad suelen basarse en el cultivo a pleno sol.

Los dos casos muestran que el cultivo de té y yerba mate puede organizarse en torno a la vegetación nativa en vez de reemplazarla. En ambos, la conservación depende de que la práctica siga siendo viable para quienes la ejercen, algo que la FAO busca respaldar con su reconocimiento como patrimonio agrícola mundial.

Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, Consejo para la Promoción de Chagusaba en Shizuoka, Japan Journal, Centro de Tecnología de Alimentos y Fertilizantes de Asia y el Pacífico, CHAMART, Kokoro Cares, Canal Rural, Notícias Agrícolas, Gobierno de Paraná y Embrapa.

por Juan Lagos