En el sur de Francia existe un pueblo que decidió, hace casi tres décadas, apostarlo todo por la agricultura orgánica. Se trata de Correns, en la región de Provenza, reconocido oficialmente en 1997 como el primer “Village Bio” de Francia, el primer pueblo del país en comprometer toda su producción agrícola local con métodos certificados orgánicos. Dentro de ese mismo territorio se encuentra uno de los viñedos más comentados del mundo, el Château Miraval, cuya historia agrícola conecta directamente con esa tradición.
Un legado agrícola de siglos
El Château Miraval tiene raíces que se remontan al siglo XIII, cuando la propiedad funcionó originalmente como monasterio y viñedo. A lo largo de los siglos pasó por distintas manos, incluyendo la del músico de jazz Jacques Loussier, quien instaló ahí un estudio de grabación donde llegaron a trabajar bandas como Pink Floyd, y la del enólogo estadounidense Tom Bove, quien en la década de 1990 restauró la propiedad e inició sus prácticas de agricultura orgánica.
La finca, de varios cientos de hectáreas, combina viñedos, olivares con miles de olivos y cientos de colmenas de abejas, además de bosques de roble y pino que forman parte del paisaje protegido de la zona. El manejo agrícola sigue principios de agricultura biodinámica, sin uso de herbicidas ni pesticidas químicos, con cosecha manual y selección de uva hecha a mano.
De la fama a la producción real
El predio saltó a la fama mundial en 2008, cuando se reveló que los actores Brad Pitt y Angelina Jolie habían arrendado la propiedad con opción de compra, que ejercieron poco después. La pareja se casó en la capilla del château en 2014. Desde 2011, la familia Perrin, un nombre histórico de la enología francesa y propietaria del Château de Beaucastel, asumió la gestión técnica del viñedo en una sociedad conjunta que consolidó la reputación internacional de los vinos rosé de Miraval.
Tras el divorcio de la pareja, Jolie vendió su participación en la propiedad en 2021 al grupo vitivinícola Tenute del Mondo, filial del grupo Stoli, conocido principalmente por el vodka Stolichnaya. Pitt mantiene su participación en la sociedad, que hoy continúa operando el predio junto a la familia Perrin.
Un negocio que va más allá del vino
Más allá de sus rosados, reconocidos en las denominaciones Côtes de Provence y Coteaux Varois, el château comercializa también aceite de oliva producido con sus propios olivos. La propiedad llegó a certificar oficialmente su producción como orgánica, aunque a partir de la cosecha 2012 la gestión optó por dejar de reclamar esa certificación específica, para tener mayor flexibilidad en mezclar uva del propio predio con uva de calidad proveniente de otros viñedos no necesariamente certificados. Pese a ese cambio administrativo, el manejo agrícola de la finca mantuvo sus prácticas libres de pesticidas y herbicidas químicos, en línea con la tradición agrícola del pueblo que la rodea.
El caso de Miraval y Correns muestra cómo la fama de una propiedad puede convivir con una tradición agrícola mucho más antigua y menos conocida, la de un pueblo entero que decidió, sin necesidad de celebridades, comprometerse por completo con la agricultura orgánica casi treinta años antes de que el tema se volviera una tendencia global.
Fuentes: Grokipedia, Infinivin, Provence WineZine, Breakthru Beyond, TripAdvisor.
por José Rios
