La fruticultura chilena superó los US$ 8.600 millones en exportaciones, pero enfrenta nuevas exigencias de sostenibilidad desde Europa.

El sector superó por primera vez los US$ 8.600 millones en exportaciones y consolidó su posición como el principal rubro exportador no minero de Chile. Sin embargo, los mercados europeos exigen cada vez más sostenibilidad, trazabilidad y eficiencia en el uso de recursos.

La fruticultura chilena atraviesa uno de los mejores momentos de su historia. Durante 2025, el sector alcanzó exportaciones por más de US$ 8.600 millones y superó por primera vez las tres millones de toneladas enviadas a distintos mercados internacionales, consolidándose como el principal sector exportador no ligado al cobre del país.

El crecimiento ha sido impulsado principalmente por productos como las cerezas, los frutos secos y los arándanos, que continúan ganando espacio en mercados estratégicos como China, Estados Unidos y Europa. Sin embargo, el éxito exportador viene acompañado de nuevos desafíos: los compradores internacionales están exigiendo estándares cada vez más altos en materia de sostenibilidad y trazabilidad.

Las cerezas lideran el boom exportador

Las cerezas se mantienen como el principal motor de la fruticultura chilena. Durante la última temporada, Chile exportó cerca de 530 mil toneladas, con retornos superiores a los US$ 3.300 millones.

El mercado chino continúa siendo el principal destino, concentrando más del 90% de los envíos. Sin embargo, el fuerte aumento de la oferta también generó una caída en los precios, situación que ha llevado al sector a analizar estrategias de diversificación hacia otros mercados.

Junto a las cerezas, los frutos secos registraron uno de los mayores crecimientos del período. Las exportaciones de avellano europeo y nogal prácticamente se duplicaron respecto de la temporada anterior, reflejando el interés internacional por este tipo de productos.

Europa pone el foco en la sostenibilidad

Mientras las exportaciones siguen creciendo, Europa se ha transformado en uno de los mercados más exigentes para la fruta chilena.

Las autoridades y consumidores europeos demandan cada vez más información sobre el origen de los productos, el uso eficiente del agua, la reducción de emisiones y la protección de los ecosistemas asociados a la producción agrícola.

Esta tendencia se ha visto reforzada por nuevas regulaciones impulsadas por la Unión Europea, orientadas a garantizar cadenas de suministro más sostenibles y transparentes. Chile ya trabaja en iniciativas destinadas a fortalecer la trazabilidad y demostrar el cumplimiento de estos estándares para mantener su competitividad internacional.

El agua se convierte en un factor estratégico

Uno de los principales desafíos para la fruticultura chilena es la gestión eficiente del recurso hídrico.

La prolongada sequía que ha afectado a distintas zonas del país durante la última década ha obligado a productores y autoridades a implementar nuevas tecnologías para optimizar el uso del agua y mejorar la productividad.

Desde Europa destacan que el futuro de la agricultura no pasa únicamente por producir más, sino por hacerlo de manera más eficiente, utilizando menos recursos y reduciendo el impacto ambiental. Esta visión está impulsando inversiones en monitoreo, digitalización y agricultura de precisión dentro del sector frutícola chileno.

Un sector clave para la economía chilena

La importancia de la fruticultura va mucho más allá de las cifras de exportación.

Miles de empleos dependen directamente de esta actividad, especialmente en regiones agrícolas como O’Higgins, Maule, Ñuble y Biobío. Además, el sector se ha convertido en uno de los principales embajadores de la marca Chile en los mercados internacionales.

Los expertos coinciden en que el próximo desafío será mantener el crecimiento sin perder competitividad frente a nuevas exigencias regulatorias y ambientales. Para ello, la innovación tecnológica, la diversificación de mercados y la sostenibilidad serán factores determinantes durante los próximos años.

Con cifras récord y una demanda internacional que continúa creciendo, la fruticultura chilena enfrenta una nueva etapa. El desafío ya no es solo exportar más, sino demostrar que puede hacerlo bajo estándares cada vez más exigentes en materia ambiental y social.