Después de una década marcada por la optimización constante —contar pasos, medir el sueño, cuantificar cada minuto del día— el consumidor mundial está girando hacia la dirección opuesta: comer alimentos menos procesados, pasar más tiempo al aire libre y reducir deliberadamente las horas frente a una pantalla. Los principales informes de tendencias de consumo para 2026 coinciden en que este giro hacia lo simple ya dejó de ser un nicho y se instaló como una de las corrientes de fondo más relevantes del año.
El estrés como punto de partida
El informe Tendencias Globales de Consumo 2026 de Euromonitor International, publicado en noviembre de 2025, identificó cuatro grandes corrientes de comportamiento para este año: Modo Confort, Autenticidad sin Filtros, Bienestar Reprogramado y la Nueva Ola Asiática. La primera de ellas es la que mejor explica el fenómeno: según la propia Euromonitor, entre 58% de los consumidores experimenta niveles de estrés moderados a extremos de forma diaria, y dos tercios buscan activamente formas de simplificar sus vidas. La directora de innovación de la consultora, Alison Angus, resumió el espíritu del momento: el consumidor de hoy busca “confort, libertad para expresar su individualidad y soluciones de bienestar innovadoras, impulsado por un creciente interés en autenticidad y simplicidad en un mundo cada vez más complejo”.
Menos procesados, más ingredientes reconocibles
El rechazo a los alimentos ultraprocesados es una de las expresiones más concretas de esta tendencia. Según un informe de NielsenIQ (NIQ) de 2025 sobre salud y bienestar a nivel mundial, el 39% de los consumidores globales percibe negativamente a los alimentos ultraprocesados, una cifra que sube a 48% entre los consumidores norteamericanos. El mismo estudio encontró que 62% de los consumidores desconfía de las afirmaciones de salud que hacen las propias empresas de alimentos, mientras 82% exige mayor transparencia en el etiquetado de los productos que compra. Euromonitor documentó, además, un dato concreto de este giro hacia lo natural: entre septiembre de 2024 y agosto de 2025, se lanzaron en línea más de 8.000 nuevos productos con alguna afirmación de “natural” en su empaque o descripción.
Desconectar de la pantalla, la nueva forma de descansar
El segundo eje de esta tendencia tiene que ver con el tiempo frente a las pantallas. El informe Future of Wellness Trends 2026 del Global Wellness Summit identificó un cambio de paradigma dentro de la propia industria del bienestar: tras una década obsesionada con medir cada parámetro corporal —variabilidad de la frecuencia cardíaca, minutos de sueño profundo, edad biológica calculada por relojes inteligentes— la conclusión del sector es que cuidarse mejor ya no significa medir más, sino sentir mejor, un giro que el propio informe asocia a la regulación del sistema nervioso antes que a la acumulación de datos personales.
Esa misma lógica explica el auge de lo que distintos medios europeos ya bautizaron como el “hogar analógico” o el “bienestar analógico”: espacios domésticos diseñados deliberadamente para minimizar la presencia digital, con rincones de lectura y un resurgimiento de aficiones sin pantalla como tejer, pintar o hacer ganchillo. Según describió el arquitecto Yan M. Wang en una entrevista reciente, los hogares donde la tecnología permanece constantemente en segundo plano —escuchando al usuario— tienden a generar ansiedad en lugar de relajación, razón por la cual diseñar espacios que reduzcan esa presencia digital se volvió, en sus palabras, un elemento esencial del bienestar contemporáneo.
El aire libre como refugio
El tercer componente de esta tendencia es el regreso a los espacios exteriores. Ya desde 2021, Euromonitor había identificado el fenómeno del “oasis al aire libre”, describiendo cómo los consumidores volvían a conectarse con la naturaleza y recurrían a espacios exteriores tanto para el ocio como para socializar. Ese impulso se mantiene y se profundiza en 2026: el informe del Global Wellness Summit destaca el auge de instancias de socialización colectiva al aire libre —desde retiros familiares hasta encuentros comunitarios— frente al modelo de bienestar solitario y encerrado que dominó buena parte de la última década, entendiendo el propósito y la conexión humana como factores de protección biológica, y no solo como un añadido emocional.
Un movimiento de consumo con raíz en el propio cuerpo
Lo que distingue a esta ola de tendencias anteriores es que no se trata de una moda estética, sino de una respuesta directa al agotamiento que generó la década de la hiperoptimización digital. El consumidor de 2026, según describen de forma coincidente Euromonitor, NIQ y el Global Wellness Summit, ya no busca acumular más datos sobre sí mismo, sino recuperar sensaciones simples: comer algo reconocible, desconectar la pantalla y salir a caminar, en lo que varios análisis del sector describen como una respuesta colectiva al estrés crónico que caracterizó a la vida digital de la última década.
por José Rios
