Desde el 30 de diciembre de este año, la Unión Europea comenzará a aplicar una de las normativas comerciales más exigentes de su historia reciente para el sector agrícola: el Reglamento de Deforestación de la UE (EUDR), que prohíbe la venta o exportación hacia el bloque europeo de productos vinculados a la deforestación, exigiendo a cada operador demostrar, con coordenadas geográficas precisas, de qué parcela exacta salió cada lote de su producción.
Qué exige exactamente la normativa
El reglamento, formalmente Regulación (UE) 2023/1115, entró en vigor en junio de 2023 y cubre siete materias primas: ganado bovino, cacao, café, aceite de palma, caucho, soya y madera, además de una amplia gama de productos derivados de ellas, desde chocolate hasta cuero y muebles. Para poder ingresar al mercado europeo, cada empresa debe demostrar tres cosas: que el producto está libre de deforestación —basándose en el uso del suelo posterior al 31 de diciembre de 2020—, que fue producido legalmente según las leyes del país de origen, y que viene acompañado de una Declaración de Diligencia Debida (DDS), que debe incluir coordenadas de geolocalización verificables de cada parcela involucrada.
Un punto técnico relevante: la normativa no acepta sistemas de “balance de masa” o “libro y reclamo”, donde se mezcla producto certificado con no certificado dentro de la misma cadena de suministro. La UE exige segregación física real y trazabilidad de identidad preservada, un estándar mucho más estricto que el de otras certificaciones voluntarias de sostenibilidad que ya existen en el mercado.
Fechas, y una postergación que ya ocurrió una vez
La aplicación de la norma no ha sido lineal. Originalmente estaba prevista para diciembre de 2024, pero mediante la Regulación 2025/2650 la fecha se postergó al 30 de diciembre de 2026 para operadores grandes y medianos, y al 30 de junio de 2027 para microempresas y pequeñas empresas. En mayo de este año, además, la Comisión Europea aprobó un paquete de simplificación que —según estimaciones de la propia industria— redujo en cerca de un 75% los costos de cumplimiento para las empresas, al tiempo que ajustó el alcance de productos cubiertos, sumando café soluble y ciertos derivados del aceite de palma, mientras excluyó el cuero bovino y acotó la categoría de neumáticos recauchutados.
Cuánto cuesta cumplir, y qué pasa si no se cumple
Según estimaciones citadas por consultoras especializadas, la implementación del EUDR representa un costo cercano al 0,1% de los ingresos y 1,45% de la utilidad operacional para las grandes empresas, mientras que para las pequeñas y medianas empresas ese costo sube a 0,17% de los ingresos. El riesgo de incumplimiento, sin embargo, es severo: las autoridades pueden bloquear envíos completos en la frontera, y basta con que una sola parcela dentro de un lote resulte no conforme para que todo un contenedor sea rechazado. Según hallazgos citados por la industria, cerca del 2% de las parcelas agrícolas analizadas muestra señales de deforestación, y un 1% presenta problemas de legalidad en su producción.
El impacto para los grandes exportadores de soya
La soya es, según especialistas del comercio agroalimentario, la materia prima donde el EUDR tendrá el mayor impacto en los flujos comerciales. La UE importa cerca de 33 millones de toneladas de soya al año, principalmente destinada a alimentación animal, con Brasil, Estados Unidos y Argentina como sus principales proveedores. La soya brasileña enfrenta especial escrutinio por la deforestación en biomas como el Cerrado y la Amazonía. Para los grandes productores del estado brasileño de Mato Grosso, donde los campos promedian miles de hectáreas y el mapeo satelital ya es una práctica estándar, el requisito de geolocalización resulta manejable; el verdadero desafío está en el requisito de “producción legal”, ya que el Código Forestal brasileño permite distintos niveles de deforestación según el bioma, lo que exige un análisis legal caso a caso para determinar el cumplimiento.
Herramientas gratuitas para no quedar fuera
Consciente de que buena parte de los productores más pequeños del mundo no cuenta con recursos técnicos para geolocalizar sus predios, la organización Plant-for-the-Planet desarrolló EUDR Tracer, una aplicación móvil gratuita pensada para que pequeños agricultores y cooperativas mapeen sus propios campos y aseguren el cumplimiento de la normativa, permitiéndoles recolectar y controlar directamente sus propios datos de geolocalización antes de que esa información suba por la cadena de suministro hasta llegar al importador europeo.
Un desafío que exige actuar ahora, no en diciembre
Para los exportadores agrícolas de regiones como América Latina, el mensaje de fondo es claro: la ventana para adaptarse a este nuevo estándar de trazabilidad se está cerrando, y quienes no logren certificar el origen exacto de sus lotes con coordenadas verificables corren el riesgo real de perder acceso a uno de los mercados de importación de alimentos más grandes del mundo, independientemente de la calidad o el precio de su producto final.
Fuentes: Comisión Europea (Green Forum), Schoenherr, DAFF (Australia), PSQR, AGRINFO Platform, carbmee, Coolset, Plant-for-the-Planet, ECF (European Coffee Federation), FoodExpoConnect.
por José Rios
